Solemne Eucaristía por los 70 años de su misión y servicio
Al término de su Asamblea Plenaria, los obispos de Chile participaron en la solemne eucaristía con que la Iglesia celebró los 70 años de Cáritas Chile, en la Catedral de Santiago, reconociendo que ella ha sido pilar fundamental del despliegue social de la Iglesia en el país.
La misa fue presidida por el arzobispo de La Serena y presidente de la Conferencia Episcopal de Chile (CECh), René Rebolledo Salinas, concelebrada por el nuncio apostólico, Kurian Mathew Vayalunkal; el arzobispo de Santiago, cardenal Fernando Chomali Garib; el cardenal Celestino Aós Braco, y el obispo de Arica y presidente de Cáritas, Moisés Atisha Contreras, con los demás pastores del Episcopado.
En un ambiente de profunda gratitud y comunión eclesial, la liturgia contempló simbolismos que dieron cuenta de la presencia de la organización en los territorios. La procesión de entrada incluyó a voluntarios, representantes diocesanos, personas mayores y miembros de equipos de escucha, visibilizando a quienes dan vida a esta red solidaria.
Durante el ofertorio se presentaron signos como la luz de la reciente jornada nacional de Cáritas que encendió el cirio de los derechos humanos y una mochila de emergencia, representando la prevención y el cuidado de las comunidades ante crisis, reafirmando la identidad de una Iglesia que camina junto a los más vulnerables en sus realidades más urgentes.
En su homilía, Rebolledo reflexionó en el sentido teológico de estas siete décadas de servicio, destacando que la labor de Cáritas no se limita a una asistencia técnica, sino que es una proclamación viva del Evangelio. “Sin duda, desde el nacimiento, desarrollo y servicio a lo largo de estos 70 años, Cáritas es un verdadero signo profético en la vida de la Iglesia: un testimonio que proclama la fraternidad y la solidaridad, como el compartir; que denuncia silenciosamente a la vez las injusticias y recuerda cuánto queda aún por avanzar hacia una distribución más justa de los bienes entre los pueblos”, dijo el arzobispo.
“Agradecemos el inmenso bien realizado por esta institución, en silencio y generosidad, al servicio de los más pobres y necesitados”, expresó el presidente de la CECh y deseó que el ejemplo del joven del Evangelio que ofreció lo que tenía, inspire a las comunidades a entregar sus propios recursos, por limitados que parezcan, para transformarlos en bendición. En este sentido, instó a mantener una mirada atenta ante las nuevas pobrezas y los dolores que marcan el presente de la sociedad chilena.
“En la multiplicación de los cinco panes y dos pescados contemplamos no sólo el hecho milagroso de Dios, sino también la colaboración humana. El ser humano aporta lo que tiene, y el Señor realiza su obra. A partir del gesto generoso -aunque aparentemente modesto- “de los cinco panes y dos pescados”, el Señor lleva a cabo la obra de la multiplicación”, señaló.
Y continuó: “El gesto de Jesús posee un profundo significado: tomar, agradecer y repartir. Estos mismos verbos anticipan ya el misterio eucarístico que la Iglesia celebra sacramentalmente. El Señor se manifiesta como Aquel que bendice, multiplica y comparte, haciendo de la gratuidad el fundamento del don”.
“Aunque parezca insuficiente, la aportación humana es profundamente necesaria. El Señor la acoge con benevolencia y haciéndola fecunda mediante su gracia y bendición. ¿No es esta, acaso, la experiencia que la Iglesia vive cada día?”, preguntó el arzobispo.
Finalmente, llamó a que el gesto de ese muchacho que ofrece generosamente sus cinco panes y dos pescados, siga inspirando la vida de las comunidades cristianas, añadiendo que es fundamental cultivar un “corazón verdaderamente compasivo”, capaz de ver el sufrimiento de los hermanos, especialmente en realidades como la migración forzada y la falta de trabajo.
Hacia el final de la celebración, se elevaron plegarias por el fortalecimiento de los voluntarios y colaboradores, pidiendo al Señor que bendiga sus manos para trabajar y su mente para encontrar soluciones innovadoras a los desafíos actuales.
La Eucaristía concluyó con una oración especial por los voluntarios y colaboradores de Cáritas Chile, pidiendo que, al cumplir estos 70 años, sigan siendo “levadura en la masa” del país. Bajo la intercesión de la Virgen del Carmen, los obispos encomendaron el futuro de la institución, pidiendo fortaleza para que sus manos sigan trabajando como signos vivos de la caridad de Cristo.