El levantamiento de las restricciones llega justo a tiempo para los cristianos ortodoxos, que celebran la Pascua el domingo
Santo Sepulcro de Jerusalén
Los lugares sagrados de Jerusalén, entre ellos la Iglesia del Santo Sepulcro, la Mezquita de Al Aqsa o el Muro de las Lamentaciones, recibieron nuevamente fieles este jueves tras 40 días clausurados por el Gobierno israelí, que hasta ahora había esgrimido motivos de seguridad derivados de la guerra con Irán para mantenerlos cerrados.
Tal como informa EFE, las autoridades de Israel anunciaron la pasada noche el levantamiento de las restricciones siguiendo “instrucciones actualizadas del Comando del Frente Interno” del Ejército, aunque esta decisión ha ido acompañada del despliegue de centenares de policías y guardias fronterizos en las callejuelas de la Ciudad Vieja de Jerusalén.
Este jueves, decenas de judíos acudieron al Muro de las Lamentaciones, así como otros fieles cristianos al Santo Sepulcro tras este impás de casi seis semanas, que ha llegado a ser criticado por algunos como una excusa de Israel para no permitir la celebración de la Cuaresma, la Semana Santa católica y protestante, ni tampoco los últimos días de Ramadán.
El levantamiento de las restricciones llega justo a tiempo para los cristianos ortodoxos, que celebran la Pascua el domingo, una semana después de las festividades católicas y protestantes, y antes de la ceremonia conocida como el Fuego Sagrado que se celebra este sábado en el Santo Sepulcro.
Sin embargo, en un suceso sin precedentes en siglos, la policía israelí bloqueaba el Domingo de Ramos el acceso a la Iglesia del Santo Sepulcro al Patriarca Latino de Jerusalén, el cardenal Pierbattista Pizzaballa, y al Custodio de Tierra Santa, el franciscano Francesco Ielpo.
Según detallaba entonces un comunicado oficial emitido hace apenas unos minutos por la Ciudad Santa de Jerusalén, ambos líderes religiosos se desplazaban hacia el lugar más sagrado de la cristiandad de manera privada, sin ninguna característica de procesión o acto ceremonial. A pesar de ello, fueron interceptados en el trayecto y obligados a retroceder, lo que provocó que, por primera vez en cientos de años, la misa de Domingo de Ramos no pudiera ser oficiada por las cabezas de la Iglesia en el Santo Sepulcro.
Las autoridades católicas han denunciado la gravedad de la situación en su declaración, calificando el incidente como un “grave precedente” que “no tiene en cuenta las sensibilidades de miles de millones de personas en todo el mundo que, durante esta semana, miran a Jerusalén”.
El Patriarcado Latino de Jerusalén y la Custodia de Tierra Santa concluía su mensaje expresando su “profundo dolor” a todos los fieles cristianos, tanto en Tierra Santa como en el resto del mundo, al ver cercenado el derecho a la oración en uno de los días más sagrados y significativos del calendario litúrgico.