Vaticano

Anna Kassin, periodista que destapa los abusos ocultos por el Vaticano: “Antepuso el bien de la Iglesia al de los niños”

| 24/03/2026 - 07:31

  • Junto a Marcus Bensmann, publica en Correctiv una investigación en la que se documenta un sistema de ocultación durante al menos un siglo desde Roma
  • “Los obispos ya estaban obligados, al menos desde 1922 y luego ratificado en 1962, a guardar silencio sobre estos casos”
  • La Iglesia ha afrontado esta lacra “mediante una mezcla de secretismo y lamentaciones públicas, sin fomentar la transparencia”





Tras una investigación de dos años, los periodistas Anna Kassin y Marcus Bensmann han publicado en Correctiv (empresa alemana especializada en medios de comunicación de interés público) un amplio reportaje en el que se denuncia la existencia de “crimen organizado” en el Vaticano. Hasta el punto de que, como nos cuenta ella en esta entrevista con Vida Nueva, al menos desde hace un siglo, constatan todo un sistema de ocultación de abusos a nivel mundial cuyo epicentro era la propia Roma.



En siete países

PREGUNTA.- Han tenido acceso a 20 documentos ocultos en Doctrina de la Fe, con cartas archivadas (cada una señalada con un número) de obispos de Estados Unidos, Italia, Colombia, Portugal, Australia, Austria y Alemania. En una entidad tan jerarquizada como la Iglesia católica, imperando en muchos casos la ocultación de lo ocurrido (con el manoseado argumento de “no generar escándalo en los fieles”), el cambio de destino de los sacerdotes abusadores y no notificar nada a las autoridades locales, ¿se puede concluir que era el propio Vaticano era el que patrocinaba de un modo concreto un mismo patrón de respuesta cuya principal consecuencia fueron miles y miles de vidas destrozadas?

RESPUESTA.- Eso es lo que se deduce de las cartas. La curia va haciendo accesibles los archivos históricos poco a poco, pero los armarios donde se guardan estas cartas deben permanecer cerrados. Las misivas son secretas. Según el Derecho Canónico, los obispos ya estaban obligados, al menos desde 1922 y luego ratificado en 1962, a guardar silencio sobre estos casos. Tenían prohibido hablar de ello con personas ajenas a la Iglesia.

Esto también significaba que no se podía denunciar a los autores ante las autoridades estatales. Estas normas fueron dictadas por el Vaticano. A partir de 2001, la situación se agravó aún más: el cardenal Joseph Ratzinger, prefecto de Doctrina de la Fe, sometió estos casos al secreto papal. Según los especialistas, este secreto se extendía incluso a las víctimas cuando estas formaban parte de procedimientos canónicos. Gracias al secreto, los abusos pudieron, de facto, continuar sin cesar. Y esto fue impuesto desde las más altas instancias eclesiales.

Las decisiones se toman, como es lógico, en la sede central, y la responsabilidad recae claramente en el Vaticano. Allí también se tomaban las decisiones sobre los infractores a los que se denunciaban. Se les podría haber castigado con dureza, pero a menudo no se hacía. En muchas cartas se da a entender que había que evitar los escándalos públicos y que los fieles no debían enterarse de nada.

El Vaticano ordenó anteponer el bien de la Iglesia al de los niños. Los expedientes también se pierden o se destruyen. Esto fue especialmente grave en 1938, como nos han demostrado los documentos: los nazis acababan de invadir Austria y, a raíz de ello, el Vaticano ordenó a los obispos y superiores de las órdenes religiosas que quemaran todos los expedientes sobre abusos.

En 2019, el papa Francisco volvió a derogar el secreto pontificio sobre los abusos. Además, endureció las normas: ahora los obispos se enfrentan a sanciones si no denuncian los casos. Pero el silencio persiste; en el Vaticano lo vemos aún más que entre los obispos.

P.- ¿Cree que esta denuncia puede marcar un antes y un después en la Iglesia católica, como ocurrió en la Archidiócesis de Boston en 2002 con la denuncia de Boston Globe contra el cardenal Bernard Law? ¿O teme que ese mismo modelo de silencio se imponga una vez más y todo quede en el olvido?

R.- Por supuesto, esperamos que nuestras conclusiones lleguen a mucha gente y también a la Iglesia. Seguimos esperando una respuesta del papa León XIV, a quien hemos planteado el asunto personalmente. Por eso, con este artículo también hemos hecho pública nuestra petición, que la gente puede apoyar con su firma.

A nivel regional, ya se ha recibido un apoyo tímido con una revisión en el Vaticano. El periodista Walter Robinson, del Boston Globe, nos contó que el asesor del cardenal de Boston le dijo en aquel entonces que la Iglesia llevaba siglos lidiando con este tema y creía que podría superar esta tormenta. Hasta ahora, ha intentado hacerlo mediante una mezcla de secretismo y lamentaciones públicas, sin fomentar la transparencia. Los expertos piden ahora que se hagan accesibles no solo los archivos históricos, sino también los expedientes de los archivos secretos.

Impacto en los creyentes

P.- ¿Cómo cree que muchos creyentes pueden asimilar que, desde el corazón de la Iglesia, se haya permitido un sufrimiento evitable para tantas personas víctimas de la pederastia en entornos eclesiales?

R.- Sin duda, esto resulta doloroso, ya que la Iglesia sigue desempeñando un papel importante en sus comunidades. Ofrece un punto de apoyo a las personas que allí viven. Crea un sentido de comunidad. La reacción de los fieles ante estas revelaciones es muy variada, como hemos podido comprobar sobre el terreno: algunos siguen como hasta ahora y guardan silencio al respecto; al parecer, les cuesta mucho soportar esta terrible verdad. Hay quienes se comprometen y ponen en marcha iniciativas para apoyar a las víctimas y luchar por que se haga justicia. Quieren convertir la Iglesia, “desde dentro”, en un lugar mejor.

Pero, para muchos otros, este también parece ser un motivo para dejar la Iglesia: en 2024, en Alemania fueron 321.000 personas las que abandonaron oficialmente el catolicismo.

P.- Como papa, Benedicto XVI fue el primero en levantar la voz ante los abusos y exigir una “tolerancia cero” contra ellos. Después, siendo consciente de su falta de fuerzas para acometer una lucha firme ante un fenómeno tan grave, esa fue una de las causas de su histórica renuncia en 2013… Pero, en su investigación, sale muy señalado en sus años de prefecto de Doctrina de la Fe, retrasando casos y aprovechando ese tiempo algunos sacerdotes para abusar de más niños. En la situación más grave, Peter H., párroco de Essen condenado por pedofilia, fue finalmente dispensado por él y volvió a destrozar más vidas en su siguiente parroquia. ¿Cómo juzgará la Historia Joseph Ratzinger en su respuesta a la pederastia clerical?

R.- Eso deben juzgarlo los historiadores y los teólogos. De las conversaciones con expertos y compañeros de camino se desprende la imagen de un hombre que estaba consternado por estas historias. Si eso se debía realmente a la compasión por las víctimas o más bien a la “mala fama” del sacerdocio, probablemente, solo él mismo podría decirlo. Los expertos y periodistas nos dicen que Ratzinger actuaba con mucha dureza con los teólogos que no predicaban la “verdadera doctrina”, pero que trataba con bastante indulgencia a los autores de abusos.

Eso es lo que nos revelan también las cartas: en el caso de Peter H., cuyos actos conocía desde su época como arzobispo, le permitió seguir ejerciendo como sacerdote al autorizarle a beber vino de uva en la misa [había tenido problemas de alcholismo]. Sin embargo, el arzobispado de Múnich y Freising mencionó las fechorías del sacerdote en la consulta enviada a Roma. Los expertos en Derecho Canónico nos confirman que Ratzinger, perfectamente, podría haber solicitado información y ordenado una investigación por los abusos. No lo hizo.

En el caso de un agresor de Portugal, le retiró la pena tras unos 20 años. En otro en Oakland, esperó varios años porque el cura era aún muy joven; durante ese tiempo se volvieron a producir abusos a menores. No se quería expulsar del clero a los sacerdotes jóvenes menores de 40 años, al parecer independientemente de los delitos de que se tratara.

A menudo se hace referencia al caso de Marcial Maciel, el fundador de los Legionarios de Cristo. En el Vaticano se conocían sus delitos desde hacía décadas. Ratzinger inició una investigación en los 90, pero no pudo procesarlo porque gozaba de la protección de Juan Pablo II y de otros miembros de la curia. Lo condenó más tarde, ya como Papa.

Sus seguidores afirman que al principio no pudo tomar medidas, pero que lo hizo cuando llegó al poder. Puede que sea así, pero con todos los demás culpables que no tenían la misma influencia o los mismos protectores podría haber actuado con mucha más dureza. En la mayoría de los casos que conocemos, no fue así.

En espera de una respuesta de León XIV

P.- A Benedicto XVI le sucedió Francisco, que impulsó una histórica respuesta frente a esta lacra eclesial, con muchos gestos y, sobre todo, con decisiones de gobierno concretas. Sin embargo, parece que no fue suficiente y, ante la magnitud del problema, aún queda mucho trabajo por delante. Aunque, antes de publicar su investigación, contactaron con él para pedirle una valoración y no hubo respuesta a su petición, ¿qué espera en ese sentido de León XIV?

R.- Aún está por ver cómo abordará el papa León el abuso sexual en su Iglesia. Aún se encuentra al principio de su pontificado. Yo diría que, hasta ahora, está enviando señales contradictorias. Por un lado, a principios de año se reunió con representantes de organizaciones de víctimas. En una de sus primeras entrevistas, afirmó que se trataba de un tema importante. Sin embargo, ahí mismo señaló que no podía ser el tema más importante ni el único que la Iglesia católica debiera abordar.

Poco después de su toma de posesión, elogió la contribución de los periodistas de investigación sobre la revelación de estos abusos. Pero, a nuestra solicitud de declaraciones, él respondió de la siguiente manera: tras nuestra primera carta, envió primero la información a la Comisión Pontificia para la Protección de los Menores, creada por su predecesor, Francisco. Fue una señal importante.

Sin embargo, este departamento no tiene competencias para impulsar una verdadera investigación y tampoco puede consultar los expedientes. Ni aun dependiendo precisamente de la autoridad competente en materia de abusos, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, puede consultar esos expedientes.

Por eso, la comisión nos volvió a dar una respuesta negativa y no pudo responder a nuestras preguntas. Desde entonces, tampoco hemos recibido ninguna respuesta del Papa, a pesar de que le entregamos nuestras preguntas en persona.

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