En un subsidio pastoral elaborado por la Dimensión Episcopal del Cuidado Integral de la Creación, sugiere adoptar medidas encaminadas a proteger el uso el vital líquido, por ejemplo, insta a abandonar “por completo el uso de botellas de plástico y desechables”
Chorro de agua. Foto: EFE
La Dimensión Episcopal del Cuidado Integral de la Creación hizo un llamado a comprometerse al cuidado de la “hermana agua… uno de los regalos de Dios para la humanidad, con ella nutrimos nuestros cuerpos, nos permite la limpieza, produce vida en el mar para facilitar la nuestra, colabora en la producción de oxígeno mediante la vegetación acuática, regula el clima, produce energía, baña nuestros campos y tantos dones que nos regala”.
En un subsidio pastoral de 35 páginas -elaborado por esa dimensión perteneciente a la Comisión Episcopal para la Pastoral Social de la Conferencia del Episcopado Mexicano– se sugiere adoptar medidas encaminadas a proteger el uso del vital líquido, por ejemplo, insta a “promover que en las reuniones de grupos, catequesis y fiestas patronales se abandone por completo el uso de botellas de plástico y desechables. Un equipo que anime este aspecto sería lo ideal”.
El responsable de la Dimensión Episcopal del Cuidado Integral de la Creación, el obispo de Tarahumara, Juan Manuel González Sandoval, exhortó en el referido documento a “redescubrir nuestra responsabilidad por ser protectores de este vital líquido. No se trata de una acción de moda o espontánea, es sin duda, una emergencia socioambiental en la que podemos aportar la esperanza que ha comenzado a perderse en el mundo… Que san Francisco de Asís nos siga animando para mirar como hermana al agua, para que podamos devolverla a nuestro creador como Él la soñó para nosotros”.
Obispo de Tarahumara, responsable de la Dimensión Episcopal del Cuidado Integral de la Creación, Juan Manuel González Sandoval. Foto: Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe
Entre las reflexiones se encuentra la de fray Omar Campos, quien recordó que “cuidar el agua no solo es hacernos un bien a nosotros, también significa pensar en los demás. Este don no pertenece únicamente a quienes vivimos hoy, sino también a quienes vendrán después. Las decisiones que tomamos respecto a este don natural tendrán consecuencias para las generaciones futuras. De ahí que proteger el agua es, una forma concreta de solidaridad con toda creación y la humanidad”.
La Iglesia sugiere a los fieles que a nivel personal se comprometan a acciones como evitar “el chorro de agua al lavarme las manos, dientes o cara, así como los baños que superen los 5 minutos”; reparar “las fugas de agua por pequeñas que sean” y evitar “usar limpiadores químicos y aprender a producir limpiadores a base de bicarbonato, vinagre y limón”.
Asimismo, pide se lleve a cabo la captación del agua de lluvia “para usarla en otras áreas de la casa como limpieza y para las áreas verdes“; además, construir “filtros de aguas grises para recuperar el agua del lavabo y de la cocina para usarla en otras áreas de la casa” y recuperar “el agua de la lavadora para usarla en las descargas de nuestro sanitario”.
A nivel parroquial propone “realizar una revisión técnica de todas las instalaciones hidráulicas en el templo, oficinas y salones parroquiales para reparar fugas de inmediato”; “instalar sistemas sencillos para captar agua de lluvia en los techos de la parroquia”; asimismo, impulsar programas de ‘Educación en ecología integral’ en todas las escuelas católicas y seminarios; hacer vínculos con asociaciones y colectivos de ambientalistas, y con autoridades civiles en la materia y “que la Iglesia no solo hable del cuidado de la creación, sino que predique con el ejemplo en sus propias parroquias e instancias”.