España

Belorado: el desahucio de los mil flecos

| 20/03/2026 - 04:34





Es mediodía. Las doce y media pasadas. La Guardia Civil pone rumbo al cuartel. Se desactiva la comisión judicial. Ha culminado el desahucio más mediático de los últimos años en España. Es jueves. San Inocencio. El monasterio de Nuestra Señora de Bretonera de Belorado vuelve a estar en manos de la Iglesia católica, apostólica y romana. En su literalidad, sin que suene a retranca dogmática, emperifollada o redundante. Han pasado dos años y diez meses desde que una decena de mujeres decidieran separarse de Roma para abrazar el sedevacantismo tridentino. En un instante dejaron de ser monjas clarisas de este convento de la Riojilla burgalesa. Se excomulgaron. Y pasaron de ser administradoras a inquilinas ilegales.



Esa fue la razón de ser del desahucio que el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción nº 1 de Briviesca fijó para el 12 de marzo de 2026. El grupo liderado por la que fuera abadesa del convento, sor Isabel de la Trinidad, había agotado todas las prórrogas solicitadas y los recursos interpuestos para invalidar las sentencias y a la propia jueza del caso. Así lo certificaba la furgoneta de alquiler que durante los días previos entró en clausura a través de la cancela del huerto para recoger los penúltimos enseres de las siete mujeres que han permanecido en sus trece preconciliares. De hecho, poco antes de las tres de la madrugada de la jornada del desalojo, las últimas habitantes del cenobio sellaban el abandono del lugar.

Hay quien fabuló con los GEO entrando en el convento para sacar a unas consagradas atrincheradas. La imaginación se disparaba con la posibilidad de verlas encadenadas a un prototípico ciprés en el claustro cual baronesa, con tal de no ser expulsadas. Ni lo uno ni lo otro. La salida fue más prosaica de lo esperada. Eso sí, la jornada no estuvo exenta de un sobresalto inesperado propio de la histriónica trama ligada a este entuerto. A las once se presentaba en el lugar una ambulancia. ¿El motivo? Al parecer, un ataque de ansiedad de uno de los trabajadores de las ex monjas, que ejercía de guardés. La incertidumbre por su futuro le pudo provocar esa desazón.

Ya de día, poco después de las nueve y media de la mañana, acompañando a la comisión judicial vinculada al tribunal de Briviesca y a la Guardia Civil, se presentaba en Belorado el equipo del comisario pontificio y arzobispo de Burgos, Mario Iceta. Entregaban las llaves a la comitiva y acto seguido se procedía al cambio de cerradura. A partir de ahí, el letrado de la Administración de Justicia acompañó a la procuradora de los monasterios, como representante legal en el acto, para inspeccionar el lugar y levantar la correspondiente acta.

Saqueo al convento

Todavía se desconoce si el equipo del comisario pontificio emprenderá acciones legales, sea por la vía civil o penal, frente al grupo cismático, después de evaluar los desperfectos en el convento y la falta de bienes eclesiásticos. Lo cierto es que, a pesar de la profunda limpieza que las ex monjas dicen haber realizado a las instalaciones, con material fotográfico como prueba, el abogado eclesial, Gerardo Sanz-Rubert, ha expuesto que el edificio se encuentra “muy deteriorado”.

Y no solo. Detallaba que faltaban muebles, documentación y parte del archivo del monasterio, además de retablos de la iglesia. “Se lo han llevado prácticamente todo”, aseguraba después de tres horas de inspección. Con todas estas incidencias por delante, el letrado apuntó que los bienes de mayor valor patrimonial ya fueron retirados por la Guardia Civil en noviembre, dentro de una operación por un supuesto tráfico ilegal de arte sacro.

“Los servicios jurídicos analizarán la situación y se procederá en consecuencia para recuperar aquellos elementos pertenecientes a la comunidad religiosa que no se encontraran en el monasterio”, señala en un comunicado el Arzobispado de Burgos. Horas después, trascendían unas imágenes en las que se pueden observar ratones, restos de comida en mal estado en la despensa, una nevera con una falta de higiene notable, inodoros con restos de heces, arañas, hormigas… A cambio, lo que sí que han limpiado han sido todos los armarios de la capilla, donde no queda una sola casulla ni un ornamento litúrgico. También se habrían llevado multitud de muebles así como electrodomésticos de hostelería. No han dejado ni la vajilla de diario ni la de las fiestas de guardar.

Tampoco se ha quedado en el convento el original del llamado ‘Manifiesto católico’, el documento de 70 páginas que la abadesa hoy defenestrada firmaba el 8 de mayo de 2024 y hacía público el día 13 en nombre de sus hermanas, a través del que renegaban del Concilio Vaticano II “modernista” y de los papas posteriores a Pío XII. Suscribían el escrito diez clarisas. Quedaban al margen del documento las cinco religiosas ancianas. Y también sor María Amparo, la que había sido la portera del convento, que se negó a someterse a la ‘jurisdicción’ de dos hombres que se presentaban como un obispo y un cura sedevacantistas, que resultaron ser tan falsos que en apenas un mes fueron expulsados del convento.

Números rojos

En pocos días, lo que parecía únicamente una insurgencia teológica o ideológica con una deriva nostálgica, dejaba al descubierto una jugada para salir al quite de los números rojos que arrastraba la lideresa del grupo y que la había llevado a programar una operación de compraventa en la que estaban involucrados otros dos conventos vinculados a la comunidad ubicados en Vizcaya: Orduña y Derio.

La Santa Sede reaccionó con rapidez y en apenas unos días Francisco designaba como comisario a Iceta, que ponía en marcha un equipo, no solo para administrar los bienes, sino para hacer frente al periplo en los juzgados y a los constantes envites que el grupo rebelde ha capitaneado. Iceta ha sido además el faro para la Federación de Clarisas de Arántzazu, la plataforma que aglutina a unas cuarenta comunidades de hermanas pobres de Santa Clara del norte de España, y que son las responsables últimas de Belorado. El 22 de junio de ese año, tras intentar por diversas vías y con diferentes mediadores hacer recapacitar al grupo de monjas, decretaba su excomunión tras confirmarse su separación voluntaria de la Iglesia.

Cambio de capellanes

Lejos de recapacitar, la abadesa defenestrada por Roma emprendió una huida hacia adelante poniendo a sus hermanas en manos de otro obispo cismático ‘fake’, esta vez brasileño, con una estructura algo más armada que los anteriores, encomendado su capellanía a un sacerdote argentino juez de boxeo y campeón de elaboración de mate.

Con este panorama, el histrionismo se apoderó de las clarisas cismáticas con tal de buscar ingresos y eco mediático a la par. Comenzaban a hilvanar una trama más propia de una serie de ‘Los Javis’, con venta de casullas a través de ‘Wallapop’, una campaña de apadrinamiento de gallinas, la adquisición de un carrito de golf para recoger las viandas del huerto o la apertura de un restaurante en un hostal rural de Arriondas, con la fabada cismática como plato estrella.

A esto se suma el intento frustrado de volver a convertirse en las estrellas de Madrid Fusion, el certamen gastronómico más importante de España, intentando emular el protagonismo que lograron en dos convocatorias previas gracias a las trufas de cava y al bombón de mojito. Su pretensión fue flor de un día porque la organización del festival decidió apearlas conscientes del riesgo que para su imagen podrían generar un chocolate embriagado de acidez. Dentro de ese intento por alcanzar minutos de televisión, también intentaron hacer creer que en el convento de Derio se daban sucesos paranormales, cuando años antes los auditores diocesanos de Bilbao descartaron cualquier presencia demoniaca.

De las diez firmantes iniciales de la escisión, ya solo quedan siete. Cuatro de las exmonjas se han mudado temporalmente a una casa en La Puebla de Montalbán (Toledo), que pertenece a los familiares de una de ellas. Mientras, las otras tres se moverán entre los dos conventos sobre los que también hay una demanda de desahucio.

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