Al dar a conocer un mensaje pastoral, en el que pide “respeto por la vida humana”, Mark J. Seitz convoca a los feligreses a unirse a una marcha para el 24 de marzo en la Plaza de los Lagartos, en el centro histórico de la ciudad de El Paso
Obispo Mark J. Seitz. Foto: Diocese of El Paso
El obispo de El Paso, Mark J. Seitz, llamó a su diócesis a marchar “por el fin de las detenciones masivas y deportaciones”; el punto de reunión para los feligreses es la Plaza de los Lagartos en el centro histórico de la ciudad de El Paso, Texas, el 24 de marzo a las 6 de la tarde.
Al dar a conocer su ‘Mensaje pastoral sobre las detenciones y deportaciones masivas en el Paso’, el obispo Seitz pidió al clero, religiosos, religiosas, estudiantes y profesores católicos, así como a todos los católicos y “personas de conciencia y buena voluntad, que se unan a mí y al obispo auxiliar, Anthony C. Celino, mientras oramos y marchamos por el fin de las detenciones masivas y deportaciones y pedir respeto por la vida humana. Pido a todos los que gozan de los privilegios de ciudadanía estadounidense para participar, como un acto de solidaridad cuaresmal con aquellos que no pueden marchar y rezar con nosotros, porque tienen miedo”.
Seitz se dirigió también a las familias inmigrantes a quienes dijo: “en los últimos meses he escuchado sus miedos, sufrimientos y preocupaciones sobre la deportación. He escuchado historias de familias separadas y de miembros que han sido separados de nuestra comunidad. Secuestran a personas al salir de los tribunales de inmigración en el centro y a trabajadores de obras de construcción por toda la ciudad”.
En ese sentido, sostuvo que ya ni los padres, ni las madres “pueden trabajar porque el gobierno les ha retirado sus permisos de trabajo legal. Mujeres jóvenes se consumen en tortura mental durante meses en centros de detención privados, incluso cuando, coaccionadas por las condiciones de su encarcelamiento, ruegan ser deportadas. Muchas personas se ven obligadas, una vez más, a sentirse menos que estadounidenses. La gente está muriendo en el centro de detención de inmigrantes Camp East Montana”.
A quienes sufren el odio y la discriminación “y temen lo que pueda suceder”, el obispo Seitz les dijo: “sepan que la Iglesia los apoya. Como su obispo llevo su dolor a diario en mi corazón y en mis oraciones. Estoy con ustedes. Nuestro Santo Padre, el papa León XIV, me pidió personalmente estar en solidaridad con las familias migrantes que sufren, y que no permaneciera callado. Haré todo lo posible por defender la dignidad que Dios les dio a cada persona en nuestra comunidad fronteriza”.
Asimismo, anunció que la Iglesia Católica de El Paso redoblará sus ministerios con quienes trabajan en el juzgado del centro, en los centros de detención, en Ciudad Juárez y con las familias de las parroquias; “seguiremos celebrando sus contribuciones a nuestra comunidad, defendiendo su dignidad humana y trabajando para erradicar el racismo y hacer realidad la reforma migratoria“.
Manifestó que tiene “la suerte de tener muchas amistades con nuestros agentes locales de policía y de inmigración. Su trabajo de mantener a nuestra comunidad segura es vital. Pero la muerte de quienes se encuentran en centros de detención migratoria es inaceptable. Un sistema migratorio injusto que conduce a consecuencias mortales destruye nuestra humanidad compartida. Nadie tiene que obedecer una orden inmoral. Imploro a todos los involucrados que disciernan cuidadosamente los requisitos morales del Evangelio en este momento con integridad y honestidad”.
Las deportaciones masivas -insistió- “no harán que nuestras comunidades sean más seguras. Separan a las familias, dividen a los vecinos y amenazan nuestro bienestar económico. Si bien necesitamos reformas migratorias significativas, es una injusticia que las familias, los niños y las personas vulnerables paguen el precio de nuestra inacción. Las políticas, las leyes y las fronteras deben estar siempre al servicio de la dignidad humana, la auténtica seguridad comunitaria y el desarrollo humano”.
Por todo lo anterior, aseguró el obispo, “la actual campaña nacional de detenciones masivas y las deportaciones son un grave mal moral, una situación a la que hay que oponerse con oración, acciones pacíficas y actos de solidaridad con los afectados. En estos actos, tocamos las heridas de Jesucristo, y en esta solidaridad, llevamos adelante la esperanza de la Resurrección. Dios está del lado de la justicia, y al caminar hacia la Pascua, sabemos que Dios está forjando una nueva humanidad que refleja sus bendiciones para todos… Que María de Guadalupe, que nos interpela a construir una casa común de ternura y de amor, ruegue por nosotros”.