El prefecto para la Iglesias Orientales impulsa a través de una carta la colecta pascual para ayudar a los cristianos de la región
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“Se sigue disparando, las personas continúan muriendo, las tierras siguen siendo disputadas y los cristianos siguen emigrando para salvar sus vidas”. Es la denuncia que lanza el cardenal Claudio Gugerotti, prefecto para las Iglesias Orientales en la carta con la que busca reforzar la campaña de solidaridad con Tierra Santa que la Iglesia universal activa durante la Cuaresma y la Pascua, y que tiene en el Viernes Santo su colecta principal.
Con los franciscanos al frente, la Custodia de Tierra Santa recibe el 65 % de los ingresos de la colecta, mientras que el 35 % restante se destina al Dicasterio para las Iglesias Orientales, que se encarga de distribuirlo según las necesidades de las Iglesias del territorio.
El purpurado italiano cuestiona de manera implícita que se haya logrado la paz, en tanto que “los así llamados diálogos y acuerdos se han multiplicado, pero al mismo tiempo las armas no han callado”.
El prefecto se lamenta de que “es más arduo pensar en desinfectar y vendar, mientras sea posible, las heridas de este mundo tan atrozmente desgarrado”. Aun así, hace un llamamiento a los cristianos para cambiar “de mentalidad, de sensibilidad, de prioridades en la vida cotidiana, porque este mundo nos deshumaniza progresivamente sin que nos demos cuenta”.
Con la oración como punto de partida, Gugerotti reclama además “un poco de nuestro dinero para ayudar a nuestros hermanos y hermanas que se encuentran en peligro extremo a vivir un día más, a encontrar la esperanza y la posibilidad de volver a empezar”. “Sin un sacrificio, sin un cambio real en nuestra existencia, permanecemos inertes en este mundo en llamas y, por tanto, nos volvemos cómplices de quienes lo incendian”, apunta después.
“Muchísimos cristianos de Tierra Santa lo han perdido todo, incluso el trabajo que provenía del servicio a los peregrinos”, relata sobre las consecuencias de la invasión de Palestina por parte de Israel, que ha frenado en seco el turismo. El prefecto confía en que la ayuda enviada pueda permitir reabrir escuelas o construir viviendas “allí donde la destrucción es total”.
Lo cierto es que gracias a esta colecta, es posible financiar también seminarios, casas de formación religiosa e instituciones culturales en los territorios de competencia, apoyando de diversas formas (becas de estudio, tasas universitarias y otras necesidades), también en Roma, a jóvenes seminaristas y sacerdotes, religiosos y religiosas y, en la medida en que los fondos lo permitan, a algunos laicos, todos provenientes de las zonas mencionadas.
“El papa León XIV no cesa de recordar a nuestra mente y a nuestro corazón este compromiso de ser uno para que haya paz; no una tregua provisional, no un odio perpetuo, no un gasto inmenso en armamentos, sino una contribución a nuestro renacimiento común”, añade en su escrito.