El obispo, vicario general del Patriarcado Latino de Jerusalén, comparte con Vida Nueva su temor a que esta crisis tenga “graves repercusiones” para “la paz internacional”
La escalada bélica que se inició hace diez días, cuando Estados Unidos e Israel iniciaron el ataque a Irán para tratar de derribar al régimen de los ayatolás, está sembrando de muerte toda la región, afectando a más de una docena de países. Entre ellos, claro, el propio Israel, así como Palestina, reabriéndose con fuerza entre ambos una herida que ni mucho menos se ha cerrado tras dos años de guerra en Gaza y una paz más que frágil.
Ante la realidad enquistada de una Tierra Santa ensangrentada y donde la violencia afecta tanto a judíos como a musulmanes (y a los cristianos), el obispo William Shomali, vicario general del Patriarcado Latino de Jerusalén y mano derecha del cardenal Pierbattista Pizaballa, detalla a Vida Nueva que la situación, para ellos, “no representa una realidad completamente nueva”.
Y es que “el conflicto actual que involucra a Irán es parte de un contexto más amplio y continuo de inestabilidad que los israelíes y palestinos han estado experimentando durante más de dos años”. Así, “desde el estallido de las hostilidades más recientes, el país se encuentra en situación de emergencia”.
En los últimos días, “se han cerrado los aeropuertos, así como las escuelas y universidades, y se ha restringido el acceso a los principales lugares religiosos y festivos sagrados para cristianos, judíos y musulmanes. Se prevé que estas medidas tengan consecuencias a largo plazo para la economía nacional”.
En este contexto, Shomali también recalca que “la situación en Gaza ha pasado a un segundo plano, ya que los acontecimientos relacionados con Irán y el sur del Líbano han acaparado la atención pública e internacional”. Con todo, “existe una creciente preocupación, compartida por muchos, de que cualquier nueva escalada podría tener graves repercusiones, no solo a nivel regional, sino también para la economía mundial y la paz internacional”.
En una agitación constante, las consecuencias económicas también están siendo devastadoras a nivel global, con el estrecho de Ormuz cortado por Irán (un punto clave del comercio mundial al ser el punto de salida del Golfo Pérsico) y el petróleo alcanzando un precio histórico (más de 100 dólares por barril, con una subida de un 46%).
Por si fuera poco, la crisis puede extenderse más tiempo del inicialmente previsto por Donald Trump, presidente estadounidense, y Benjamin Netanyahu, primer ministro israelí, pues Irán, lejos de ceder, ha reforzado su estructura política sustituyendo al ayatolá Alí Jamenei, asesinado el primer día de los ataques, por su propio hijo, Moytaba Jamenei, que sede ahora es el nuevo líder supremo.
Además, tras escalar el conflicto y afectar a más de una docena de países, Líbano es el más golpeado por el enfrentamiento entre la milicia islamista Hezbolá y Tel Aviv, con más de 400 muertos libaneses. De hecho, tal y como ha lamentado UNICEF, “casi 700.000 personas, incluidos 200.000 niños, han tenido que huir como desplazadas en Líbano en solo diez días de guerra en Oriente Medio”.
Hace unas horas, una fuente local informaba a Vida Nueva de que “el párroco de Kleya, uno de los pueblos de la zona, acaba de ser asesinado”. Se trata del sacerdote Pierre El Rahi y pastoreaba la parroquia local de san Jorge. En pleno enfrentamiento entre Hezbolá e Israel, parece que se ha confirmado que el proyectil que acabó con la vida del sacerdote provenía de parte israelí.