África

Severo Moto: “Sin la fe no soy nada”

| 27/02/2026 - 04:22





La de Teodoro Obiang en Guinea Ecuatorial es la segunda dictadura más longeva a nivel mundial. Y es que fue hace 47 años, en 1979, cuando el militar lideró un golpe de Estado contra el presidente Francisco Macías, su tío, que fue ejecutado poco después. Tales acontecimientos los vivió muy de cerca Severo Moto, quien con el tiempo lideraría una fuerte alternativa democrática, al frente del Partido del Progreso, con el que en 1996 llegó a concurrir a unas elecciones. Pero, tras denunciar que los comicios habían sido amañados por Obiang, se vio obligado a marcharse al exilio… Y ya no ha vuelto a casa.



En estas tres décadas, ha vivido con su mujer e hijos (y ya nietos, pues tiene 82 años) en España. Desde hace más de un año reside en Arganda del Rey, en Madrid. Allí, Vida Nueva se encuentra con él en la Parroquia de San Juan Bautista, donde, desde el primer día, está muy implicado en la vida comunitaria: canta en el coro, suele ejercer el lectorado en las eucaristías y participa en todo tipo de grupos e iniciativas.

Proceso de descolonización

En las más de dos horas de conversación, hablamos de todo. Por lo que conviene empezar por el principio: “El proceso de descolonización de Guinea Ecuatorial respecto a España estaba siendo modélico, un éxito rotundo. El régimen franquista concedió que pasáramos de ser provincias españolas a tener autonomía”. Lo cual era significativo, pues, en plena dictadura de Franco en la península, esa estructura era democrática en la colonia.

Así se llegó hasta 1968, cuando se celebró un referéndum de independencia y se impuso el “sí”. El franquismo lo aceptó y, ese 12 de octubre, Guinea Española pasó a ser Guinea Ecuatorial, con Macías como primer presidente constitucional. Moto, que se había formado como periodista en España, se convirtió en secretario de Información. Pero había una sombra que lo nublaba todo: “Un jurista español, Antonio García-Trevijano, era el hombre fuerte de Macías. Declarado antifranquista, tenía muchos intereses en nuestra madera y quería perjudicar a su país de origen tutelando a Macías, haciendo que este tuviera un discurso muy beligerante contra la colonia”.

Así, un proceso que era armonioso (“Franco, en su testamento al morir, legó una cantidad de dinero a mi país en agradecimiento a lo mucho que ayudaron a los españoles la madera, el café o el cacao guineano en los años del hambre, en la postguerra”) entró en una espiral “marcada por las amenazas, clamando Macías que ‘nos íbamos a quedar con las fincas, las tierras y las mujeres de los blancos’. Nuestro país era una joya en un continente convulso y muchos la llamaban ‘la Suiza de África’. Pero con esa ruptura brusca con España nos perdimos como país y empezó nuestra maldición, que se mantiene hoy”.

Tres años en la cárcel

Pese a los inicios democráticos de Macías, tras sufrir una intentona golpista, este acaparó todos los poderes e impuso una tiranía. El propio Moto acabó en la cárcel, donde pasó tres años: “El peor día fue el primero, en el que me pegaron una paliza que casi me mata. Aunque, de ese tiempo, si algo recuerdo es que el responsable de la cárcel era Teodoro Obiang, que venía a verme de vez en cuando”.

De hecho, el hoy líder opositor en el exilio achaca al actual dictador de su país “la principal responsabilidad en los crímenes cometidos durante el régimen de Macías. Hasta el punto de que, cuando este cayó y fue juzgado, Obiang fue a verle y le exigió que no hablara nada de él en público, pues ya era presidente. Pero su antecesor lo ignoró y dijo ante el juez que él no había sido el que había matado a tantas personas en la cárcel… Fue su perdición. Obiang cumplió su amenaza y lo mataron. De hecho, ni siquiera se ha sabido nunca dónde lo enterraron”.

Dos semanas antes del golpe de Obiang contra Macías, a Moto le liberaron. Quería venir a España, donde estaba su familia, “pero muy pronto me hicieron ver que, en el nuevo régimen, se me reclamaba también como secretario de Información. Aguanté un año, sufriendo el férreo control de Obiang, que miraba al detalle todo lo que publicaba. Macías también lo hacía y me abroncaba (si era en la radio, a veces hasta me interrumpía la lectura y me gritaba), pero con el nuevo presidente era distinto, mucho más violento y con la tensión yendo mucho más allá”.

Presión de Rusia

Sin olvidar otro factor clave, en el contexto de la Guerra Fría: “El vacío dejado por España lo llenaron, tristemente, países comunistas como Rusia, China, Corea del Norte y Cuba. Concretamente, los rusos me acusaban ante Obiang de dar una mala imagen de ellos. Me decían que les ‘odiaba’ y que beneficiaba a España, donde me había formado durante muchos años”. Hasta que un día, tras una poco velada amenaza del embajador soviético contra Moto y su familia, el dictador, en un arrebato de furia, le cesó. Fue así como pudo huir a nuestro país.

Aquí fundó el Partido del Progreso. Como incide el líder opositor, “de inspiración democristiana, no socialista”. Y hasta pudo viajar a Roma en 1988, donde tuvo una audiencia con Juan Pablo II para presentarle la iniciativa junto a otros políticos de esa tradición. Tras enseñarnos orgulloso la foto de ese encuentro con el Papa polaco, el veterano político nos cuenta cómo, “en los años siguientes, Obiang quiso promover algo de apertura. Yo viajé tres veces al país para tratar de conseguir nuestra legalización”.

Severo Moto, líder de la oposición guineana en el exilio

Entonces, llegó el momento más feliz de su vida: “Tras aprobarnos el régimen, ¡en solo cinco meses se afiliaron al partido 65.000 personas! Teniendo el país una población de 800.000 habitantes, era impresionante. Recuerdo que, esas semanas, iba a misa y el templo se llenaba de gente para estar conmigo. El cura se enfadaba y decía que la iglesia no era un sitio para hacer política, pero, simplemente, éramos un pueblo fiel y esperanzado compartiendo la fe. Ganamos las municipales de 1995 y, al año siguiente, eran las presidenciales…”.

Un falso multipartidismo

Pero pronto supo que ganar iba a ser un imposible: “Obiang quería imponer un falso multipartidismo, pues su interés oculto era tutelarnos a todas las formaciones. En primer lugar, me negué a ingresar en el partido oficialista y creé el mío propio, algo que nunca me perdonaron. Luego, antes de las elecciones, el Gobierno nos reunió a todos los candidatos y admitieron que todo era un montaje: se nos reconocía como líderes políticos, pero se dejaba claro que iba a ganar el partido del régimen. Para ‘compensarnos’, a la salida nos daban cinco millones a cada uno… Yo no cogí el sobre. Soy católico, tengo estudios (a diferencia de Obiang y muchos del Gobierno, que no han estudiado nada y quieren que todos sigamos sus ‘sabios consejos’)… y, por todo ello, tengo conciencia. Eso tampoco me lo perdonaron”.

Finalmente, una vez que “el régimen amañó esos comicios de 1996, nos volvió a ilegalizar y me vi obligado otra vez a marcharme al exilio”. Moto regresó a España ese año y, desde entonces, ya vive aquí.

En estas tres décadas, su posición también ha sido muy compleja en nuestro país. Denuncia haber sufrido intentos de asesinato, una fuerte hostilidad por parte de grandes intereses empresariales y políticos (carga las tintas contra los gobiernos “socialistas”, lamentando el papel clave en su contra de Miguel Ángel Moratinos, ministro de Exteriores con José Luis Rodríguez Zapatero, al que considera muy cercano a Obiang), la traición de algunos de sus colaboradores (sostiene que el que fuera el vicepresidente de su partido les robó mientras él luchaba por una transición a la democracia en suelo guineano) y, finalmente, en los últimos tiempos, el ostracismo: “Siento que ya nadie me recuerda, que estoy totalmente silenciado”. De hecho, en una cruel pirueta del destino, le viene a la mente algo que un día le dijo Obiang: “Algún día, tu querida España te va a abandonar”.

Agradecido a Florentino Pérez

También recalca que han sido muchos los que le han querido ayudar, “aunque algunos de ellos por interés, queriendo acercarse a mí por si llego a ser presidente y les ayudo en sus negocios en mi país”. No ha sido el caso, al contrario, de alguien a quien aprecia mucho: “Florentino Pérez, presidente del Real Madrid y ACS. Su mujer, Pitina Sandoval, tristemente fallecida, pertenecía a una familia de colonos muy importantes en Guinea. De hecho, ella nació allí, en mi aldea… Mi padre, que era enfermero, atendió el parto en el que ella vino al mundo. Con los años, Florentino, que quiere mucho al pueblo guineano, me ayudó mucho en todos los sentidos y hasta construyó la iglesia en mi pueblo”.

Siendo muchos más los sufrimientos que las ilusiones, se agarra a un pilar clave en su vida: “La fe, sin la cual no soy nada”. De hecho, “mi primera vocación, en los años 70, era la de haber sido cura. Me formé un año en mi país y luego seis en España, con los claretianos en Cervera y Barbastro, en cuyo monasterio del Pueyo hice el noviciado. Al final no me consagré sacerdote y mi superior tuvo que enviar una carta a mi padre para explicárselo… Tenía hasta miedo de volver a casa y decepcionarle. Soy tan católico por mi padre, que era muy devoto. Me recuerdo de niño, dirigiendo el rosario en mi familia, dos veces cada día”.

En esos primeros años en España también se formó en Magisterio y en Periodismo. Un tiempo en el que, incluso, “¡trabajé en Vida Nueva escribiendo diversas crónicas sobre la realidad de África!”. Eran “los tiempos de José Luis Martín Descalzo, que tenía una mente brillante y a quien admiraba hasta el punto de pensar que era una de esas personas que jamás se podían morir”.

“Lo perdono todo”

Octogenario y alejado desde hace décadas de su país, se siente “olvidado” en España. Ha sufrido mucho (“hasta que me metí en política, era muy feliz”), sí, pero todo se le olvida cuando entra a la parroquia a cantar en el coro, a proclamar alguna de las lecturas en la misa o a colaborar en lo que sea: “Sin fe no soy lo que soy ni habría hecho nada de lo que he hecho… Es más, si no creyera, ¿qué razón tendría para estar vivo? He pasado por muchas pruebas, pero no tengo odio hacia nadie y lo perdono todo. Lo único que temo es el enfado de Dos, pero tengo mi conciencia tranquila. Y, en los peores momentos, me agarro al salmo: ‘El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres’”.

Severo Moto, líder de la oposición guineana en el exilio

Renacido al hablar de su fe, aparece ante nosotros un hombre que desprende autoridad y que susurra que “no se puede prescindir de Dios. Y me alegra ver que, pese a todo, eso se sigue viviendo en España. Con autenticidad, sin exhibicionismos, aún veo aquí alegría en las misas. Todavía veo esa conexión con Dios en muchos españoles, y eso me llena el corazón”.

Al despedirnos, esa fe se eleva y abraza la utopía: “Cuando Obiang muera, aunque se cree que dejará el poder a su hijo Teodorín, que es cinco veces peor que él, me consta que hay mucha división interior, con varias facciones del régimen enfrentadas entre sí… Dicen que soy viejo, pero aún tengo la esperanza de volver a Guinea Ecuatorial y, por qué no, formar parte de una transición hacia una democracia ordenada y protegida por la comunidad internacional”.

Etiquetas: Guinea Ecuatorial
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