El obispo de Limburgo se despide del liderazgo de la Conferencia Episcopal Alemana tras seis años marcados por el Camino Sinodal y tensiones con Roma
El presidente de los obispos en la última Asamblea del Camino Sinodal Alemán celebrada en Stuttgart del 29 al 31 de enero de 2026
El obispo de Limburgo, Georg Bätzing, presidente saliente de la Conferencia Episcopal Alemana, ha roto su silencio con una entrevista de balance en la que describe el Camino Sinodal como un auténtico “esfuerzo titánico” y revela hasta qué punto las relaciones con Roma estuvieron al borde del colapso.
En declaraciones al diario Die Zeit, Bätzing reconoce que el diálogo con el Vaticano fue, por momentos, especialmente duro. “Hubo obispos de Alemania y cardenales de la Curia que intentaron convencer al Papa de que queríamos un cisma. Eso fue y es un disparate”, afirma.
El proceso sinodal alemán, iniciado en 2019 como respuesta directa a la crisis de abusos, buscó abrir vías de reforma en la vida eclesial con la participación conjunta de obispos y laicos. Aunque Bätzing deja ahora la presidencia, el camino continúa: a partir de este otoño, las deliberaciones se trasladarán a un nuevo organismo, la Conferencia Sinodal.
Los obispos alemanes elegirán el próximo martes a su sucesor en la asamblea plenaria de primavera que se celebra en Würzburgo. El propio Bätzing ya había anunciado que no optaría a un segundo mandato. Y, a sus 64 años, el obispo de Limburgo asegura estar en paz con su decisión. “No me arrepiento”, confiesa, aunque admite que le habría gustado permanecer dos años más “para ultimar algunos asuntos”.
“Después de otro mandato tendría 70 o 71 años. ¡No es lo ideal!”, añade. Y es que la presión del cargo es constante: la sociedad cambia a gran velocidad, los problemas se acumulan y eso exige “una enorme energía”. Llega un momento, dice, en el que “alguien tiene que aportar un soplo de aire fresco”. Preguntado por a quién votaría como nuevo presidente, responde con ironía: “Por el mejor. Eso es obvio”. Y añade que no echará de menos estar permanentemente localizable, incluso durante vacaciones o domingos.
Uno de los frutos concretos del Camino Sinodal, según Bätzing, ha sido la aprobación de un nuevo marco laboral para la Iglesia. “Hemos adoptado un nuevo orden fundamental para la legislación laboral eclesiástica; esto fue una medida liberadora”, explica. Gracias a ello, afirma, la Iglesia alemana empieza a “reconocer condiciones de vida reales, y no solo ideales”: católicos solteros, divorciados o padres y madres solos. En muchas diócesis, además, ya se celebran bendiciones para personas que “no pueden o no quieren casarse por la Iglesia”.
Su objetivo, insiste, era claro: que “las personas que antes se sentían marginadas, marginadas, condenadas por la Iglesia, sintieran un sentido de pertenencia”. Otro de sus grandes retos fue crear un clima de debate sincero entre los cerca de 230 miembros iniciales del sínodo. “Tuve que moderarlo de tal manera que pudiéramos identificar los problemas, pero también alcanzar resultados”.
Sin embargo, lo que más le dolió fue la desconfianza llegada desde Roma. “Que nos trataran como si quisiéramos causar división”, lamenta. “Fuimos simplemente honestos y expresamos nuestros deseos de cambios en cuanto al diaconado femenino, el celibato y el sacerdocio”. “Ninguno de nosotros esperaba que el Papa nos escribiera una carta después de cuatro semanas diciendo: ‘De acuerdo, haremos todo como ustedes, los alemanes, quieren’”, añade. Además, Bätzing reconoce abiertamente que, a su juicio, la moral sexual de la Iglesia necesita cambios, aunque matiza: “Yo no escribo el catecismo solo”.
Con el paso del tiempo, asegura, la relación con el Vaticano ha mejorado. “La confianza entre los responsables de la Iglesia en Roma y los representantes de la Iglesia alemana ha aumentado”, afirma, y observa además que “el ambiente en la Curia ha mejorado con el pontificado de León”. Eso sí, llama a la paciencia. Las reformas profundas no se improvisan. “Las cuestiones de reforma son cuestiones culturales. Tenemos diferentes culturas en la Iglesia universal. Cambiarlas juntos lleva tiempo”.