La Iglesia reactiva su tradicional gesto de comunión con los cristianos de Tierra Santa, mientras el custodio Francesco Ielpo advierte que “la esperanza misma aparece herida” en Belén, Jerusalén y toda la región
Justo al comienzo de la Cuaresma, la Iglesia universal vuelve a activar uno de sus gestos solidarios más antiguos: la colecta Pro Terra Sancta. La cual, un año más, no es solo una campaña económica, sino “un acto concreto de comunión con los cristianos que viven en los lugares donde el Evangelio tomó carne”.
Bajo el lema ‘Dona esperanza, siembra paz’, la iniciativa quiere sostener a unas comunidades duramente golpeadas por la guerra, la violencia y el colapso económico. Así, tal como recoge Vatican News, lo explica en un videomensaje el custodio franciscano de Tierra Santa, Francesco Ielpo: “Con la cercanía de la Semana Santa, nuestro corazón y nuestra mirada vuelven aquí, a la tierra en la que el Hijo de Dios dio la vida ‘hasta el extremo’ y de la cual nació la Iglesia”.
Desde esos mismos lugares, añade, sigue brotando el sentido pascual del servicio cristiano. Pero el momento es crítico. “No podemos ocultar que el tiempo que vivimos es difícil”, reconoce. El religioso enumera sin rodeos el alcance del drama: “La guerra, la violencia y la inseguridad han golpeado duramente Gaza, Palestina, Israel, Líbano y Siria”.
A esta tragedia se suma un factor silencioso pero con graves consecuencias: la ausencia prolongada de peregrinos. “Muchas familias cristianas, que vivían gracias a las peregrinaciones, hoy luchan por sostenerse”, advierte Ielpo. Y el impacto es especialmente duro entre los más jóvenes: “Cada vez les cuesta más imaginar un futuro aquí, en su propia tierra”.
“La esperanza misma aparece herida, en Belén, en Jerusalén, en el norte de Israel, así como en Líbano y Siria”, señala Ielpo. En este contexto, recuerda el custodio, “resuenan con fuerza las palabras del Santo Padre”, que ha llamado con insistencia “a la oración y al ayuno por la paz, pidiendo con determinación que se ponga fin al conflicto en Tierra Santa”.
Más allá del gesto puntual, la colecta tiene un alcance estructural. “La Colecta Pontificia Pro Terra Sancta no es solo un gesto de solidaridad: es un signo concreto de comunión con la Iglesia de Jerusalén”, subraya Ielpo. Gracias a ella se sostienen escuelas, parroquias, obras caritativas, proyectos sociales y ayudas de emergencia, manteniendo viva la presencia cristiana en los lugares de la Redención.
El reto, insiste, va mucho más allá de reconstruir muros: “Hoy más que nunca estamos llamados a reconstruir: no solo edificios, sino relaciones, confianza y esperanza”. En este sentido, señala que el camino es la educación, acompañamiento a jóvenes y familias, y crear espacios donde pueda crecer “una cultura del encuentro y de la paz”.
Por eso, el custodio lanza una llamada directa a las comunidades cristianas de todo el mundo: “Recuérdennos en la oración y sosténgannos con su generosidad. Su cercanía es para nosotros un signo precioso de fraternidad y esperanza”.