El Papa recordó a la población de Madagascar, afectada por el ciclón Gezani, con más de 40 muertos y miles de desplazados y felicitó el nuevo Año Lunar
León XIV, en Castel Gandolfo
El papa León XIV ha rezado el ángelus, como cada domingo, con los fieles, peregrinos y curiosos reunidos en la Plaza de San Pedro. En este último domingo de la primera parte del tiempo ordinario en el que el pontífice celebrará la misa en una parroquia de Ostia, recordó a la población de Madagascar, afectada por el ciclón Gezani, con más de 40 muertos y miles de desplazados que aún no pueden regresar a sus hogares.
También aprovechó para enviar sus mejores deseos para el Año Nuevo Lunar, que se celebrará el 17 de febrero por “miles de millones de personas” en Asia Oriental y otras partes del mundo. El Papa deseó que “esta alegre fiesta anime a vivir con más intensidad las relaciones familiares y la amistad; que traiga serenidad a los hogares y a la sociedad; que sea una ocasión para mirar juntos hacia el futuro, construyendo la paz y la prosperidad para todos los pueblos·.
Comentando el evangelio del día (cf. Mt 5,17- 37) en el que, “ Jesús nos invita a entrar en la novedad del Reino de Dios“ y, destacó el Papa, “revela el verdadero significado de los preceptos de la Ley de Moisés, que no sirven para satisfacer una necesidad religiosa exterior y sentirse bien ante Dios, sino para hacernos entrar en la relación de amor con Dios y con los hermanos”. Para el pontífice, “el cumplimiento de la Ley es precisamente el amor, que realiza su significado profundo y su fin último”.
Jesús, prosiguió el pontífice, “nos dice que la Ley ha sido dada a Moisés y a los profetas como un camino para empezar a conocer a Dios y su proyecto sobre nosotros y sobre la historia o, para usar una frase de san Pablo, como un preceptor que nos ha guiado hacia Él”. Tras esto, añadió, “Él mismo, en la persona de Jesús, ha venido entre nosotros llevando la Ley a cumplimiento, haciéndonos hijos del Padre y dándonos la gracia de entrar en relación con Él como hijos y hermanos entre nosotros”.
“Jesús nos enseña que la verdadera justicia es el amor y que, en cada precepto de la Ley, debemos percibir una exigencia de amor. No es suficiente con no matar físicamente a una persona, si después la mato con las palabras o no respeto su dignidad”, apuntó parafraseando el texto evangélico. “El Evangelio nos ofrece esta preciosa enseñanza: no se necesita una justicia mínima, se necesita un amor grande”, sentenció.