Se escuchan tiros de fondo. No cesan. De repente, un petardazo. Uno no sabe distinguir si es una bomba o un misil. La categoría es lo de menos. El estruendo despierta al grupo. Aquello puede ser una nave semiabandonada. En Zaporiyia. En Homs. En cualquier lugar donde empuñar un arma es más el pan nuestro de cada día. O allí donde las palabras son balas que humillan y ensordecen. Arranca el diálogo sobre el escenario. “No creo en nada, no creo en bandos, no soy de ningún bando”. Segundos después, un silbido que suena familiar para quien ha crecido con ‘Preparad el camino al Señor’ como himno del adviento. Arranca Godspell.
Lo que nació como una tesis doctoral de dos estudiantes de Bellas Artes, como un experimento académico de teatro experimental, no solo sobrevive, sino que se rejuvenece casi cinco décadas después gracias a diez actores, seis músicos que tocan en directo y el resto del equipo que suman para hacer suyas las parábolas del Evangelio de Mateo, haciendo lo que Jesús resolvía con soltura, una adaptación curricular acorde con los signos de los tiempos. Durante las más de dos horas se enhebran los diálogos con la música, juegos, mimos, marionetas… Y, todo, con algo más que la dirección de Antonio Banderas bajo un libreto de Emilio Aragón.
Se percibe en cuanto avanzan los primeros minutos del montaje e irrumpe en escena un Jesús con camiseta de ‘Superman’ y tirantes, pantalones anchos y unas botas que podría enfundarse cualquier millennial. Salvo por el maquillaje, te lo podrías topar lo mismo en la Línea 6 de Metro que en la fila del Domino’s Pizza o como voluntario de Cáritas en Las Sabinas. Uno de tantos. Ese Jesús se llama Ferran Fabá, un barcelonés de 30 años que atesora una larga trayectoria en los musicales, con ‘Aladdin’ como su referente laboral más inmediato: “Aunque tenía conocimientos de la Biblia y aunque he hecho la comunión y la confirmación, nunca antes la figura de Jesús me había tocado tanto como hasta ahora, porque se muestra tan humano y cercano… alejado de toda pomposidad…”. “Es la sencillez y la naturalidad de sus palabras lo que más me interpela”, confiesa. Por eso desliza que “entiendo perfectamente que todos los actores que han interpretado a Jesús se enfrenten también a un crecimiento espiritual personal. Lo siento como un amigo que me está cambiando. Por eso quizá estoy intentando mostrar el Jesús que hay en mí, no representar una figura o un rol”.
Fabá mantiene un mano a mano durante todo el montaje con Hugo Ruiz, el Judas de ‘Godspell’. Ferran explica que “siempre hemos situado a Judas como el villano inamovible de la historia, sin que se plantee la necesidad de que Jesús necesita de Judas para ser Jesús, y Judas necesita de Jesús para ser Judas”. “Somos las dos caras de la misma moneda”, apostilla Hugo, que afronta su personaje desde esa relación complementaria. Y no se queda atrás en detallar lo que está aprendiendo de él: “Es duro tener que meterte en la piel de alguien que traiciona a un amigo y termina suicidándose. Gracias al trabajo con Antonio he podido profundizar en sentimientos como los problemas en la amistad, la envidia, el sentirse comprado… Ha sido y es un viaje muy interesante para mí”.
Aunque no se atreven a hablar de oleada religiosa a la luz de ‘Godspell’, Rosalía o ‘Los domingos’, ambos señalan cómo unas espectadoras jóvenes, nada más terminar la función, les dijeron hace unos días que “nunca habían escuchado hablar de Jesús de una manera tan comprensible”. “No sé por qué, pero ha conectado conmigo”, ponen en su boca. “Quizá todo esto es el reflejo de una generación en la que hay al menos una búsqueda del sentido de las cosas más allá de los reels de Instagram”, comenta el Judas de Godspell. Jesús, por su parte, aprecia que “hemos llegado a un tope en el que hemos tocado fondo de lo superficial y ahora nos toca hacernos las preguntas para volver a encontrar nuestro eje de equilibrio”.
Dos horas antes de que Judas y Jesús irrumpan ante el público en el Teatro Pavón de Madrid, ellos y los apóstoles de Godspell se reúnen con Banderas. Suena ‘Devórame otra vez’ de Azúcar Moreno. Y ‘Esa diva’, de Melody. Toca soltar tensión y estrés, a la vez que movilizar el cuerpo. Banderas se mimetiza. Bromea, intercambia pareceres, hace algo de terapia con su gente. Hasta que se despide para que sigan con los preparativos. Selfie y adelante. “Nos vemos en la escalera para el amén”, suelta el jefe. O lo que es lo mismo, el abrazo antes de que suba el telón. Después tocará poner a tono la voz. Eso es cosa del director musical, Dani Villarroya, que va a subiendo las escalas a medida que las cuerdas vocales se entonan.
Villarroya asumió desde un primer momento el montaje como “un reto absoluto, porque es una obra tremendamente coral, con muchos contrapuntos, lo que exige que la unión entre la música y los actores sea fundamental, lo que requirió un periodo de ensayos muy exigente”. “La música tiene un carácter espiritual absolutamente intrínseco, por lo que las palabras del Evangelio de Mateo acaban conectando con la partitura”, aprecia. Entre todos los temas, se queda con ‘Learn your lessons well’, por el hilado fino, “tanto por el mensaje como por la adaptación que hemos hecho para exprimirla al máximo y darle toda la riqueza que tiene dentro”.
“Godspell ya es un clásico universal para los que nos dedicamos al musical”, sentencia el director de Producción de Godspell, Marc Montserrat-Drukker. “Después de su puesta de largo con Chorus Line, con la que quería abrir el Soho de Málaga con mucho más que una declaración de intenciones, Antonio venía dándole vueltas desde hace tiempo a este musical por la historia que cuenta para traerlo y contextualizarlo a nuestra actualidad, dándole un giro muy potente, porque en cuestión de producción ha reinventado el espectáculo, no para dar más brillo sino para reforzar el mensaje”, apunta.
Montserrat-Drukker pone en valor además cómo el guión hace que no se traslade al espectador “una historia tan estrictamente religiosa, sino buscando en el mensaje de Jesús que toda persona está llamada a hacer el bien y está invitada a hacernos pensar en cómo cambiar el mundo frente a un estado de guerra constante”. “Esa es la actualización que nos regala Antonio sobre la versión de Emilio Aragón”, añade en su reflexión.