El cantante y actor Pablo Carbonell
Con más de 60 años y mil vidas en una sola, Pablo Carbonell ha sido casi de todo: actor, humorista, escritor, director, presentador, reportero y cantante. Su última aventura sobre las tablas, ‘Género de dudas’, confirma que sigue tan inquieto como siempre. Saltó a la fama en los años 80 junto a su gran amigo Pedro Reyes, desafiando a todo y a todos, y en 1984, con la creación de Los Toreros Muertos, revolucionó la música con un estilo irreverente que mezclaba humor, sátira y crítica social “sin pedir permiso”.
PREGUNTA.- Acaba de terminar, junto a Pastora Vega, ‘Género de dudas’. ¿Girará la obra por España?
RESPUESTA.- Llevaremos nuestro mensaje de tolerancia por Sevilla, Valencia… El boca a oreja es espléndido y la gente se parte de risa, así que volveremos en abril a Madrid.
P.- ¿Y ahora qué proyectos tiene: música, escribir, no hacer nada…?
R.- Me voy a la sierra a escribir y caminar. Llevo dos años leyendo unas cinco horas diarias o más, y ya es hora de volcar lo leído. El teatro sigue; el grupo, también; y es posible que dirija una nueva película. No hacer nada es mi última opción.
P.- Pasados los 60, suele decir que sigue “haciendo el payaso, pero mejor”…
R.- Jugar es la única posibilidad que tengo de hacer bien mi trabajo. Carezco de disciplina para hacer algo en lo que no me divierta.
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P.- ¿Sigue siendo el humor un arma política de destrucción masiva contra la estupidez?
R.- El humor es lo único que puede salvar al mundo. A los líderes mundiales habría que elegirlos en un campeonato de ‘El Club de la Comedia’.
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P.- ¿Quién es Pablo Carbonell cuando nadie le ve?
R.- Un tipo en pantuflas, lejos del ruido, leyendo en la cama y al que hay que sacar de casa con una grúa para quedar a echar unas risas. Hace años me horrorizaba ir a un restaurante o al cine solo. Ahora es al revés. Además, cuando estoy solo, la gente me molesta menos.
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P.- Ha mostrado interés por la figura de Jesucristo. ¿Qué le atrae de él: su mensaje, su “revolución espiritual”, su “autenticidad”…?
R.- Me gustaría conocer al Jesús histórico, saber qué pensaba el Imperio romano de aquel profeta con fama de milagrero. El papa Francisco lo puso en el centro de la Iglesia, intentó unificar todos los credos bajo un mismo Dios. Ya nos hemos matado bastante por los dioses de cada cual.