Entre las vidas segadas por la tragedia se encontraban también personas que participaban activamente en su parroquia y formaban parte de alguna hermandad. Uno de ellos era José María Martín, de la localidad onubense de Gibraleón, que se ha visto golpeada con la muerte de dos vecinos. Este pertenecía a la Hermandad Servita del Santo Entierro, de la Parroquia Santiago Apóstol. Tenía 37 años. De él cuentan que era un joven de mucha fe y muy devoto, en especial de Nuestra Señora y Madre de los Dolores.



En su perfil oficial de Facebook, la misma noche del accidente, el domingo 18 de enero, la hermandad escribió el siguiente mensaje: “Rogamos una oración por el alma de los fallecidos en el trágico accidente entre los dos trenes que cubrían el trayecto Madrid-Huelva y Málaga-Madrid y le pedimos a nuestros sagrados titulares una pronta recuperación de todos los heridos”. En ese momento no conocían, ni se imaginaban, que uno de los suyos viajaba en uno de los trenes y era una de las víctimas mortales.

“Estamos todos, toda la hermandad, el cuerpo de capataces y los costaleros, en una especie de ‘shock’ mental y sentimental, como cuando tienes un día de sol extraordinario, eres súper feliz y, de un momento a otro, todo se vuelve gris, triste y apático”. Así, en conversación con ‘Vida Nueva’, se sincera José Manuel Álvarez Gómez, hermano mayor de la comunidad eclesial local. Y es que recuerda al fallecido como “un joven bastante cercano, creyente, que, además de ir a misa, pedía que abriera la iglesia porque quería estar un rato delante del sagrario y de nuestra imagen mariana, la Virgen de los Dolores, que, como él decía era su madre y su reina”. “Era bastante conocido porque es una familia muy grande. Estamos todos muy afectados; todavía no nos hacemos a la idea de que una persona con tanta alegría, que iba de viaje a Madrid a disfrutar, a pasarlo bien, pueda llegar a perder la vida así, de esa manera”, sostiene un abatido José Manuel,

Entierro multitudinario

Como apunta, tal era su devoción que “tenía tatuada la imagen de la Virgen en su cuerpo”. “Ha sido un palo muy fuerte y le hemos podido despedir en la Parroquia de San Juan Bautista, en un entierro multitudinario, como se merecía”, añade. Emocionado, el hermano mayor también reconoce que “es como si lo fuéramos a ver dentro de media hora por la calle”, y reitera que “era un chaval alegre, muy dado a estar con sus amigos, aficionado a las motos, al que le gustaba viajar y vivir la vida. Tenía su trabajo y una existencia estable”. “Cuesta hablar de él en pasado” porque, “para nosotros, sigue estando presente todavía”.

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