Luis Meseguer Mira (Barcelona, 1995) es la música sacra que queda por escribir. “Todo esto comenzó cuando escuché una misa cantada a las monjas de Iesu Communio en Godella (Valencia), que ya no siguen ahí, y me di cuenta de que era una composición contemporánea, y que el autor se había enfrentado a un reto muy grande: componer para una congregación de monjas, que muy probablemente, la mayoría no tenía especialización musical. Y lo había hecho muy bien”, asegura el compositor, director de coro, organista y director de la revista ‘Transfiguración’.
“Era una música sencilla, pero con algo de misterio, de apelación a lo sagrado –prosigue–. Fue en 2019, y me di cuenta de que me gustaba ese reto. Quería enfrentarme también a hacer música accesible para muchas personas, pero que tuviera, a la vez, una mirada hacia lo trascendente, hacia la contemplación de lo sagrado. Eso ha motivado toda mi trayectoria de música sacra”.
Desde entonces, Meseguer, máster en Música Sacra por la Universidad de St. Andrews (Escocia), ha desplegado una pertinaz actividad, que le ha llevado a culminar más de una veintena de composiciones para coro y voz, fundamentalmente litúrgicas, entre ellas tres misas: ‘Mass of Divine Mercy’(2025), interpretada por la St. James’ Schola Cantorum; la ‘Missa Romànica’ (2024) para trío vocal femenino y cello, estrenada en la iglesia de Sant Pau del Camp (Barcelona), o la ‘Missa ‘Maria, Templum artis’ ‘(2023), que dio a conocer en el Real Monasterio de Guadalupe durante el III Observatorio de lo Imposible de Javier Viver.
“A nivel composición, mi estilo es contemplativo, me atrae el misterio, la trascendencia –manifiesta–. Quiero ayudar a la gente a tener una experiencia de conexión con la música, algo que hoy en día es muy necesario. Con tanto ruido de los medios de comunicación, las redes sociales, también de mucha música banal, hecha con algoritmos, con fórmulas para que la gente se enganche, se necesita un tipo de música que haga pedagogía de escuchar lo más esencial”.
Meseguer compone también para orquesta, como su ‘Lumen Christ’i (2022); para cámara –Trio Profhecty (2025)–, o incluso para solistas, especialmente para órgano, como ‘Radiant Prelude’ (2025). No se detiene. Busca, experimenta, explora. “Mis grandes referentes, los dos grandes compositores en que me inspiro y que me han guiado son Arvo Pärt, quien en los años 70 creó el minimalismo sacro, y Olivier Messiaen, anterior, que era todo lo contrario. Me parecen los dos compositores que más han marcado el siglo XX”, defiende.
A través de Pärt y Messiaen, se define a sí mismo: “Pärt componía, con muy pocas notas, música muy contemplativa, muy austera, como si fuera una iglesia románica sin pinturas. Muy limpia, muy pulcra. Y eso marcó toda una corriente a la que muchos compositores se sumaron. Y creó tendencia. A mí me ha marcado mucho, por eso soy muy depurado en las notas que escojo, porque quiero ir muy a la esencia”.
Prosigue con el francés: “La de Messiaen es una música muy colorida, pero tan saturada que incluso puede crear rechazo. Es el exceso. Y a mí me gusta también ese estilo. Porque creo contrastes, provoco preguntas. Quiero sorprender a la gente. Creo que Dios también se manifiesta en lo desconocido, en tanto que no te lo esperas. Y también juego con eso en mi música”. Música que crece a través de seis conceptos que él enumera: hibridación, interdisciplinariedad, investigación, exploración, contemplación y detallismo.