España

Invierno en el monasterio: “Tenemos las manos heladas y no sentimos los pies”

| 17/01/2026 - 10:43





Según la Memoria de Actividades de la Conferencia Episcopal, la Iglesia cuenta con 690 monasterios. Al menos el 11% de ellos, uno de cada diez, tiene dificultades para pagar la factura de la calefacción. Así se deduce del recuento realizado por la Fundación DeClausura, que ha activado una campaña de donativos para ayudar a 80 conventos y espera recaudar solo en enero cerca de 100.000 euros. En 2024, cuando pusieron en marcha esta iniciativa, ayudaron a 64 comunidades gracias a los 68.500 euros recaudados, lo que supuso una ayuda media de 1.070 euros por convento.



Blanca de Ugarte, portavoz de DeClausura, detalla que las comunidades contemplativas suelen vivir en “edificios antiguos, con espacios muy amplios y techos altos que son difíciles de calentar”. “Pasillos, refectorios, salas de trabajo, capillas, celdas, salas de estudio permanecen durante meses a temperaturas muy bajas”, detallan. Los muros de piedra vista, las ventanas antiguas por las que entra el frío y las humedades hacen el resto. A esto hay que unir además el desembolso en mantenimiento, reparaciones… Para intentar contener los gastos, las religiosas suelen evitar la calefacción, lo que puede afectar “seriamente a su salud”, según la fundación. Así exponen cómo en los monasterios se multiplican en invierno las enfermedades respiratorias, como gripes, catarros, bronquitis o pulmonías, así como los problemas en huesos, articulaciones y piel, entre ellos artritis, osteoporosis o sabañones.

“Además, muchas comunidades cuentan con sistemas de calefacción precarios o inexistentes”, apunta De Ugarte, que suscribe cómo algunas disponen únicamente de estufas de propano o butano, mientras que otras utilizan gasóleo, almacenado en grandes depósitos que deben rellenarse varias veces al año.

Bolsas de agua caliente

“Anteayer nevó, la nieve se ha convertido en hielo y ha dejado en la casa un frío intenso. Aun así, no ponemos la calefacción en ningún sitio salvo la estufa que usamos un rato en el refectorio y, sobre todo, para la habitación de nuestra hermana más anciana, que tiene 99 años”, explica a ‘Vida Nueva’ sor Teresa, como superiora de las carmelitas descalzas de la zaragozana Maluenda, que cuenta con 15 religiosas. Y ofrece más datos sobre cómo sobreviven en un edificio del siglo XVII: “Incluso cuando estamos en el obrador, que andamos de aquí para allá, tenemos las manos heladas y no sentimos ni los dedos de los pies”. Como única alternativa para pasar las noches aragonesas en invierno cuenta con “unas bolsas para poner agua caliente que metemos en la cama”. El único lujo que se permiten es poner la calefacción los domingos en la capilla, solo por si vienen feligreses.

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