Cardenal Jaime Spengler, presidente del Celam. Foto: Santuario de Ntra. Señora de Lourdes
El cardenal arzobispo de Porto Alegre, presidente de la Conferencia Episcopal de Brasil y del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), Jaime Spengler, OFM, responde a las preguntas de Vida Nueva tras asistir en Roma al primer consistorio del pontificado de León XIV, celebrado entre el 7 y 8 de enero.
PREGUNTA.- El Papa formuló una pregunta base al arrancar el consistorio: De frente al camino de los próximos uno o dos años, ¿qué aspectos y prioridades podrían orientar la acción del Santo Padre y de la Curia?
RESPUESTA.- Los cardenales presentes en el Consistorio evaluaron dos directrices que podrían iluminar la acción de la Iglesia en los próximos dos años: revisar las valiosas indicaciones de la Evangelii gaudium y profundizar en las reflexiones propuestas en el documento final del último Sínodo. Ambas indicaciones deben reflejarse en lo que se ha denominado la “reforma de la Curia”, como lo ilustra la constitución apostólica Praedicate evangelium. No se trata simplemente de adaptar las antiguas normas de la Curia Romana. Se trata, más bien, de una forma muy particular de entender el servicio que la Curia está llamada a prestar al Sucesor de Pedro y a los obispos. Las indicaciones del Sínodo de la Sinodalidad son cruciales para implementar lo que prescribe la mencionada constitución apostólica.
P.- León XIV compartió en su reflexión improvisada dos interrogantes: “¿Hay vida en nuestra Iglesia? ¿Hay espacio para aquello que nace?”. Con este punto de partida, ¿cuáles son esas realidades que están naciendo en la Iglesia y que hay que acoger con la “novedad” que pide el Papa?
R.- Ciertamente, hay mucha vida en la Iglesia. Es en las comunidades locales donde el Evangelio se vive y se testimonia de forma creíble y ejemplar. Existe una riqueza característica que no se rige por los criterios de “productividad” y “eficiencia”. ¡Estos son criterios del mundo! El Evangelio es como una semilla sembrada en la tierra; requiere tiempo y paciencia. Donde, por ejemplo, se abraza la vida evangélica con valentía y determinación, se ven frutos. Los procesos de iniciación a la vida cristiana, la dinámica de la lectura orante de la Palabra, las celebraciones litúrgicas llevadas a cabo con nobleza, piedad y dignidad, son lugares privilegiados para que se desarrolle lo “nuevo” de lo que habla el Papa. Para comprender mejor la dinámica de la fe y su anuncio, quizás deberíamos profundizar en el conocimiento de las primeras comunidades (siglos I-V). Los primeros siglos del cristianismo, a pesar de las dificultades inherentes a la época, fueron extremadamente fructíferos. ¡Es cierto que los tiempos han cambiado! Sin embargo, los desafíos son similares. Proponer la fe a las nuevas generaciones con un lenguaje apropiado, incorporando elementos de la cultura contemporánea capaces de colaborar en su promoción: ¡este es el gran desafío! Como ayer, hoy la cultura no es favorable. Ciertamente hay elementos positivos, pero existe una aversión subyacente en amplios sectores de la sociedad a lo que la Iglesia como institución propone.
Card. Jaime Spengler con el Papa. Foto: Vatican News
P.- El cardenal Timothy Radcliffe dijo en su meditación inicial: “El Señor nos llama a navegar en las tormentas y a afrontarlas con verdad y valentía, sin quedarnos tímidamente esperando en la orilla”. ¿Cuál es la tormenta que cree urge afrontar?
R.- ¡La ideología del “siempre se ha hecho así”! La esencia de la fe —lo que definimos como kerygma— no cambia. Sin embargo, los tiempos cambian, las culturas donde la fe cristiana está presente son diversas y los medios disponibles para su proclamación son numerosos. Estar abiertos a leer los signos de los tiempos, esforzarnos por encontrar respuestas adecuadas a las grandes preguntas existenciales en el patrimonio común de la Iglesia y recorrer el “camino” (¡no olvidemos que los primeros cristianos llevaban este término!) con quienes estén dispuestos a caminar juntos, es una indicación válida para nuestro tiempo, marcado por diversas complejidades. Hay un viejo dicho que dice: “¡Las palabras convencen, los ejemplos conmueven!”. Es necesario tener presente que el régimen de la cristiandad ya ha sido superado. Actualmente, la fe ya no es algo dado por sentado. Es necesario proponerla de nuevo con valentía.
P.- En la tarde del 7 de enero, abordaron la cuestión de la liturgia. ¿Cómo se pueden reavivar las celebraciones? ¿Recuperar propuestas nostálgicas es la solución?
R.- ¡El río no fluye hacia atrás! A lo largo de la historia, la liturgia ha experimentado diversas reformas. El Concilio Vaticano II representa un enorme esfuerzo por rescatar elementos fundamentales de la celebración litúrgica católica. Las propuestas nostálgicas no ayudan a promover lo que el Concilio señaló como fundamental para la liturgia. La liturgia no puede entenderse simplemente como una expresión de la práctica religiosa; es, sobre todo, una expresión vigorosa de una experiencia vivida de fe, tanto personal como comunitaria; una experiencia de encuentro con la persona de Jesucristo. La liturgia católica preserva un magnífico patrimonio. Darlo a conocer para que se viva en toda su riqueza requiere conciencia. Y la concienciación también se promueve mediante el estudio y la formación. Formar al clero y a los fieles para la comprensión de los misterios celebrados en la liturgia es, quizás, el gran reto de la Iglesia. Los papas posconciliares han insistido firmemente en la necesidad de formar a todos los bautizados en este ámbito.