Vaticano

Cardenal Barreto: “Los abusos, la crisis vocacional y la secularización son nuestras tormentas”

| 16/01/2026 - 07:12





El cardenal arzobispo emérito de Huancayo (Perú), Pedro Barreto, SJ, responde a las preguntas de Vida Nueva tras el primer consistorio del pontificado de León XIV, celebrado entre el 7 y 8 de enero.



PREGUNTA.- El Papa formuló una pregunta base al arrancar el consistorio: De frente al camino de los próximos uno o dos años, ¿qué aspectos y prioridades podrían orientar la acción del Santo Padre y de la Curia?

RESPUESTA.- Debo indicar que no participé en el Consistorio. Sin embargo, he seguido muy de cerca su desarrollo. Puedo afirmar que ha quedado, muy en claro, la esencia misma de la misión de la Iglesia: el anuncio del Evangelio en el mundo actual. Precisamente la exhortación apostólica Evangelii gaudium (24 de noviembre de 2013), del papa Francisco, marcó el inicio de su servicio como Obispo de Roma y fue propuesta por León XIV como una especial ayuda en las deliberaciones. Y así lo hizo al finalizar su primer consistorio: la Iglesia es esencialmente misionera para anunciar el Evangelio y atraer a las personas al amor de Cristo por el testimonio de la vida. Uno de los aspectos necesarios para ello es la espiritualidad sinodal de escucha, discernimiento para una acción evangelizadora llevada a cabo de manera conjunta.

P.- León XIV compartió en su reflexión improvisada dos interrogantes: “¿Hay vida en nuestra Iglesia? ¿Hay espacio para aquello que nace?”. Con este punto de partida, ¿cuáles son esas realidades que están naciendo en la Iglesia y que hay que acoger con la “novedad” que pide el Papa?

R.- Un fruto evidente del discernimiento espiritual que sustenta la sinodalidad es la convicción de la acción del Espíritu Santo en la vida de la Iglesia. No se repiten fórmulas de acción pastoral, el “así se hizo siempre”, sino que todos, absolutamente todos, por nuestro bautismo, somos miembros de la Iglesia fundada por Jesucristo. Y la vida del Espíritu asegura la novedad en la continuidad de la vida y misión de la Iglesia en el mundo actúa. El despertar de la corresponsabilidad eclesial desde las comunidades parroquiales es, sin duda, algo nuevo que estamos empezando a vivir como Iglesia católica. Sigamos por este camino de búsqueda conjunta de la voluntad de Dios en nuestras vidas para que juntos podamos, como dice Ignacio de Loyola, “en todo amar y servir”. La creación de la Red Eclesial Panamazónica –REPAM (13.09.2014)- y de la Conferencia Eclesial de la Amazonía –CEAMA (29.06.2020)- son dos signos del proceso sinodal de la vida y misión de la Iglesia en la región amazónica.

Comunión y participación

P.- El cardenal Timothy Radcliffe dijo en su meditación inicial: “El Señor nos llama a navegar en las tormentas y a afrontarlas con verdad y valentía, sin quedarnos tímidamente esperando en la orilla”. ¿Cuál es la tormenta que cree urge afrontar?

R.- Es muy sugerente lo que indicó el cardenal Radcliffe. Es verdad, los cardenales reunidos en el consistorio, unidos a León XIV, vivieron una experiencia de comunión y participación colectiva, de unidad desde la realidad que viven en los países de donde procedían. Las “tormentas” producen miedo y paralizan a las personas. Eso lo vivió Jesús con sus discípulos en la pequeña barca (símbolo de la Iglesia) cuando se desencadenó una gran tempestad que hacía peligrar sus vidas, incluyendo la de Jesús. Pero lo que molestó más es que Jesús “dormía” (Marcos 4, 35-41). Que es lo que nos pasa ahora, porque las “tormentas” continúan hoy en la humanidad como la violencia y los conflictos armados; la brecha, cada vez más creciente, entre ricos y pobres; la crisis climática; la desconfianza y la polarización. Más allá de los importantes logros que la inteligencia del hombre haya podido lograr de los adelantos científicos no ha avanzado en la cultura de paz y de la solidaridad entre los pueblos. Nuestra esperanza está puesta en el Señor. No en la fuerza de las armas o en la prepotencia humana. Dentro de la Iglesia también hay “tormentas”: los escándalos de los abusos, crisis de vocaciones a la vida sacerdotal y religiosa, y la secularización. Nuestra confianza está puesta en el Señor. Sí, en la colaboración para buscar juntos el bien común.

P.- En la tarde del 7 de enero, abordaron la cuestión de la liturgia. ¿Cómo se pueden reavivar las celebraciones? ¿Recuperar propuestas nostálgicas es la solución?

R.- La liturgia es “cumbre y fuente de la vida eclesial”. El Pueblo de Dios participa en la obra de la salvación, actualizando el Misterio Pascual de Cristo, mediante signos sensibles, palabras y ritos. Así nos lo plantea la constitución Sacrosantum Concilium y nos ofrece unos principios generales para la reforma y fomento de la liturgia. Es muy importante tener en cuenta que “la liturgia consta de una parte que es inmutable por ser la institución divina y de otras partes sujetas a cambio que en el decurso del tiempo pueden y aún deben variar, si es que en ellas se han introducido elementos que no responden bien a la naturaleza íntima de la misma liturgia o han llegado a ser menos apropiados” (SC, 21). Por tanto, en la reforma de la liturgia, el Concilio Vaticano II desea reafirmar lo inmutable que es la actualización del Misterio Pascual de Cristo y, por otro lado, la necesidad de adecuar las normas de la liturgia para una mayor participación de los fieles. Es así como las preguntas del Papa quieren motivarnos a vivir hoy la renovación de la Iglesia que planteaba Francisco al inicio de su pontificado: “La Alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría. En esta exhortación quiero dirigirme a los fieles cristianos para invitarlos a una nueva etapa evangelizadora marcada por esa alegría, e indicar caminos para la marcha de la Iglesia en los próximos años” (Evangelii gaudium, 1). Estas palabras de Francisco son la mejor expresión de lo inmutable de la Sagrada Liturgia y los nuevos caminos para la Iglesia que estamos viviendo con León XIV: el anuncio de la alegría del Evangelio, en el encuentro personal con Jesús, que nos hace caminar juntos, como Iglesia, en espíritu sinodal.

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