Ya es tradición. Que crece. Cada enero la Pastoral de la Universidad Católica organiza misiones y trabajos de verano. Los párrocos y agentes pastorales se contactan durante el año para recibirlos porque conocen los buenos efectos que logran. Sea en misiones pastorales, sea en trabajos de construcción. Las iniciativas combinan evangelización, trabajo en terreno y formación, con el objetivo de acompañar a las comunidades y que los misioneros vivan una experiencia transformadora de fe y servicio.
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Soñar con los sueños de Dios
Este año han sido 1.450 jóvenes que el lunes 5 de enero salieron desde el Campus San Joaquín. Allí, en la Misa de envío, el Vice Gran Canciller UC, Osvaldo Fernández de Castro, les destacó que el llamado que los reúne nace del sueño de Dios y de la construcción de su Reino. “Sabemos que el mundo puede ser un lugar distinto, un espacio donde, en vez de competir, podemos caminar juntos”, les dijo durante la homilía.
Agregó que la oración cristiana no busca imponer los propios anhelos, sino aprender a soñar con los sueños de Dios, para mirar al otro y a la realidad con esa misma profundidad. De este modo, les explicó que el verdadero horizonte del compromiso cristiano es la construcción del Reino de Dios aquí y ahora, una obra que trasciende lo inmediato y proyecta una dimensión de esperanza y eternidad en la vida personal y en la humanidad.
De ahí, los jóvenes salieron hacia 53 localidades ubicadas desde Totoralillo, en la Región de Coquimbo, 450 kilómetros al norte de Santiago, hasta Villa Simpson en la Patagonia, Región de Aysén.
Compartir la fe
La mayoría van como misioneros coordinados por Misión País que busca llevar la fe a distintas comunidades a través del encuentro personal. Este año llegarán a 18 zonas con el lema “Ven Cristo vivo, Chile anhela tu esperanza”.
“Misión País es tener encuentros con Cristo, es ir a compartir la fe”, explican sus coordinadores nacionales, Jacinta Fernández e Ignacio Valdés. Agregan que el corazón de la misión no está en “ir a ayudar desde afuera”, sino en compartir la vida con las comunidades. “No es que los misioneros vayamos a ayudar a comunidades que están sin Dios, sino que es ir a compartir la fe y la alegría de ser misionero”.
Por su parte, el proyecto Capilla País construirá cinco capillas y cinco salones parroquiales en 10 parroquias de la zona central del país. También visitan los hogares del sector, escuchan y comparten con la población local dejando un testimonio de vida siempre estimulante.
Otro de los proyectos es Viviendas, que aborda la vulnerabilidad habitacional desde una mirada integral. Su coordinador, Diego García de la Huerta, explica que la iniciativa se sostiene en “los vínculos, la formación y la construcción como solución duradera”. “El objetivo es poner a Cristo en el centro de cada hogar”, señala, destacando que la construcción de viviendas va acompañada de un profundo trabajo de acompañamiento a las familias beneficiadas.
Para los voluntarios, la experiencia va mucho más allá del trabajo físico ya que incluye momentos de formación, oración y reflexión, pensados especialmente para jóvenes que muchas veces se acercan por primera vez a un proyecto pastoral. “Hay dos cosas que se construyen: la vivienda y la fe de los voluntarios”, distingue el coordinador, destacando que estas experiencias suelen marcar a quienes participan.
Rica y profunda experiencia, para los que van como para quienes los reciben, que este año, otra vez, deja huella en decenas de comunidades del país. Además, varios cientos de jóvenes universitarios tienen una vivencia única de comunidad, de servicio, de escucha.
