Cono Sur

El arzobispo de Buenos Aires pidió que la Argentina sea una casa de reconciliación, encuentro y fraternidad

| 08/08/2025 - 00:18

  • La Iglesia porteña congregó a los fieles bajo la consigna ‘Con San Cayetano, todos hermanos’
  • Jorge García Cuerva instó a desterrar la cultura de la indiferencia y vivir la fraternidad





Hoy, 7 de agosto, los peregrinos se acercaron al Santuario de San Cayetano para homenajear al Santo, con la intención de agradecer las gracias recibidas, y de pedir a paz, pan y trabajo.



Como es habitual, la misa central fue presidida por el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, acompañado por sus auxiliares, Sergio Iván Dornelles y Pedro Cannavó, entre otros y sacerdotes de la arquidiócesis porteña.

Durante la homilía se refirió al texto del hijo pródigo y, específicamente a la actitud de ese hijo. Consideró que al mencionar “Ahora mismo volveré a la casa de mi padre (Lc 15, 18)”, seguramente experimentó frustración y dolor por su pecado, la nostalgia de estar lejos y la vergüenza de su equivocación. Pero vuelve a la casa del padre porque debía extrañar los abrazos, la mesa, los diálogos, sin romper nunca la fraternidad y el cariño de hermanos.

Cree que debía también recordar que siempre en la casa de su padre había lugar para uno más, y también debía hacer memoria de cómo se trabaja allí, cómo los jornaleros se esforzaban y cómo el trabajo organizaba la vida de esa familia, una comunidad de hermanos.

Casa del padre

El arzobispo porteño afirmó que la casa del padre es casa de reconciliación: no pide explicaciones al hijo que vuelve, abraza, perdona, se alegra con su regreso, se emociona. “Hoy le pedimos hoy a san Cayetano que haga de nuestra Patria una casa de reconciliación; que podamos abrazarnos, que podamos pedirnos perdón”… como pedía San Juan Pablo II, en la Jornada Mundial de la Paz del 2002.

Pidió rogar al Santo patrono poder recapacitar como ese hijo; “salir del chiquero de las descalificaciones y del odio, ponernos de pie, y animarnos a dar el paso hacia la reconciliación entre los argentinos. Sólo desde allí podremos gestar una sociedad más humana”, sentenció.

La casa del padre también es casa de encuentro y de trabajo, que organiza una fiesta por el regreso del hijo, que todos festejen y se sienten a la mesa y forjar la cultura del encuentro. Recordó que el papa Francisco en Fratelli Tutti 30 decía que el aislamiento y la cerrazón en uno mismo o en los propios intereses jamás son el camino para devolver esperanza y obrar una renovación, sino que es la cercanía, la cultura del encuentro. El aislamiento, no; cercanía, sí. Cultura del enfrentamiento, no; cultura del encuentro, sí.

Sostuvo que eso es lo que le falta al país es encontrarse, que cada uno se sienta cerca del otro, pensar juntos, generar consensos, dialogar, llorar los fracasos, sin estar siempre buscando culpables; hacer fiesta con los pequeños o grandes logros, sin querer figurar u obtener reconocimientos personales por los esfuerzos de todos.

También aseveró es casa de trabajo, donde los jornaleros trabajan dignamente, y donde nadie se muere de hambre en la casa del Padre. El trabajo es un gran ordenador social, el trabajo dignifica a las personas. “Pedimos una vez más a San Cayetano por todos los trabajadores de nuestra Patria, por todos, porque como Iglesia, valoramos todas las formas de trabajo: el empleo formal, los emprendimientos familiares, la economía popular, el reciclado, las changas. Toda actividad que, con esfuerzo, lleva dignamente el pan a la mesa merece ser reconocida, acompañada y protegida, tal como destacó recientmente la comisión ejecutiva.

La casa del padre es casa de fraternidad: no quiere que nadie quede afuera, que sus  hijos reunidos no se distancien, que se reconozcan hermanos, responsables unos de otros. “Somos custodios y guardianes de la vida de los demás, de los más pobres, de los más débiles, de los ancianos que siguen esperando una jubilación digna, somos custodios de los discapacitados y los enfermos; no podemos desentendernos de los que sufren, de los que revuelven los tachos de basura buscando algo para comer, como el hijo menor de la parábola, que deseaba comer las bellotas que comían los cerdos. Y no lo hacen porque les gusta…”, aseveró García Cuerva.

Las peticiones al Santo

El arzobispo porteño le pidió al patrono de la paz, el pan y el trabajo que ayude a  hacer de la Argentina una casa de reconciliación, en la que dejemos de descalificarnos, de odiarnos, de tratarnos mal, y de usar palabras que lastiman mucho. Como expresó el papa León XIV a los comunicadores, reclamó “no” a la guerra de las palabras y de las imágenes.

Asimismo le pidió al Santo que haga de la Argentina, una casa de encuentro y de trabajo, para dialogar, encontrarse para buscar soluciones, revalorizar el trabajo porque en palabras de Francisco, lo que da dignidad es ganar el pan, y si no se le da a las personas la capacidad de ganar el pan, eso es injusticia social. Los gobernantes deben dar a todos la posibilidad de ganar el pan, porque esta ganancia les da dignidad.

García Cuerva exhortó a San Cayetano, a hacer de este país una casa de hermanos, donde todos se preocupen y duelan por los demás, por los desocupados, marginados, excluidos, porque “no nos salvamos solos”. Que San Cayetano anime a desterrar la cultura de la indiferencia y a vivir la fraternidad, y que interceda para bajar los niveles de agresión, de indiferencia, de individualismo, de crueldad.

Finalmente, se refirió a las palabras que el papa León XIV dirigió a los jóvenes del mundo: la plenitud de nuestra… está unida a aquello que sabemos acoger y compartir con alegría. Comprar, acumular, consumir no es suficiente. Necesitamos alzar los ojos, mirar a lo alto, a las cosas celestiales, para darnos cuenta de que todo tiene sentido, entre las realidades del mundo, sólo en la medida en que sirve para unirnos a Dios y a los hermanos en la caridad, haciendo crecer en nosotros sentimientos de profunda compasión, de benevolencia, de humildad, de dulzura, de paciencia, de perdón y de paz como los de Cristo”.

Noticias relacionadas