Francisco, el Papa que apadrinó Vida Nueva hace más de 10 años

  • El 24 de octubre de 2012, el cardenal Jorge Mario Bergoglio se convirtió en el primer suscriptor de la edición de la revista para el Cono Sur agradeciendo el “esfuerzo para que vaya entrando aire fresco”
  • ESPECIAL VIDA NUEVA: 10 años del papa Francisco

El papa Francisco apadrinó Vida Nueva en 2012

En la tarde-noche del 24 de octubre de 2012, la gran familia Vida Nueva estaba de fiesta: ese día celebraba en Buenos Aires el lanzamiento de la edición regional de la revista. El patio del claustro de Santa Catalina, un monasterio del siglo XVIII que –entre otros acontecimientos– albergó el nacimiento de la Mesa del Diálogo Argentino (2002), acogía la puesta de largo de Vida Nueva Cono Sur ante más de dos centenares de personas entre laicos y religiosos, políticos y periodistas, líderes de movimientos católicos y dignatarios de otras confesiones.



El acto contó con el padrinazgo, discreto pero significativo, de quien ahora ocupa todas las portadas del mundo entero: el cardenal primado de Argentina y arzobispo de Buenos Aires, el jesuita Jorge Mario Bergoglio, convertido solo cinco meses después de este evento en el nuevo papa Francisco.

Ya entonces, en su breve alocución, el hoy pastor de la Iglesia universal dejó para el recuerdo –y la reflexión– intuiciones que podrían ayudarnos a conocer un poco mejor a la persona y nos hacen entender estos diez años de pontificado. Recogemos aquí aquellas palabras:

“Les agradezco su esfuerzo para que vaya entrando aire fresco”

“Me gustó que se haya repetido esa frase tan bella de Pablo VI: ‘La Iglesia tiene que ir hacia el diálogo con el mundo en el cual vive’. En este claustro que tiene mucha aura de diálogo histórico, ¡qué feliz el acontecimiento de hoy!

Les agradezco que hagan este esfuerzo para que en la Iglesia que camina, en Argentina y el Cono Sur, vaya entrando este aire fresco que la libre del cansancio, esa tremenda tentación que Pablo VI mismo marcaba, el cansancio de los buenos. Y el cansancio que la lleva a esa trampa de quedar encerrada en las que son probablemente las dos más grandes tentaciones que padece la Iglesia: la mundanidad espiritual y el clericalismo.

Ambas la van enclaustrando a la Iglesia hacia adentro, convirtiéndola no en una Iglesia que camina y una Iglesia que dialoga, sino en una Iglesia autorreferencial. A ustedes les agradecemos que con esta publicación, y con este aire fresco, nos ayuden a no caer, por nuestro cansancio, en una Iglesia autorreferencial. Y una Iglesia autorreferencial se va esterilizando poco a poco, es fundamentalmente estéril, incapaz de ser fecunda, porque pierde dos cosas fundamentales que la hacen madre: la capacidad de sorpresa y la ternura.

Von Balthasar nos había advertido de que la Iglesia estaba perdiendo la ternura. Deseo que la lectura de Vida Nueva Cono Sur nos mantenga siempre en esa tensión de sorpresa, de sorprendernos con ese Dios que no solo vino y va venir, sino que está viniendo continuamente. Sorprendernos y, con esa sorpresa, seguir caminando. Y que nos mantenga en la ternura, esa ternura de la Santa Madre Iglesia que sabe de besos, que sabe de caricias, que sabe de consolar, que sabe ayudar, que sabe de carne”.

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