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“¡Basta de violencia!”, clama el arzobispo de Santiago de Chile

El aniversario de las manifestaciones convocó nuevamente a una gigantesca multitud durante el día, que expresó así la permanencia de sus demandas. El ministro del Interior, Víctor Pérez, al atardecer reconoció que “hoy ha habido manifestaciones y quienes las realizaron de manera pacífica, lo hicieron sin ninguna dificultad. No podemos desconocer que lamentablemente grupos minoritarios realizaron hechos de violencia”. Luego se refirió a los incendios provocados que destruyeron totalmente los templos de la parroquia La Asunción y la iglesia institucional de Carabineros de Chile. “Quemar recintos religiosos es expresión de una brutalidad”, dijo el ministro.



También el arzobispo de Santiago, Celestino Aós, se refirió a la destrucción de los templos: “Sentimos la destrucción de nuestros templos y otros bienes públicos; pero sentimos sobre todo el dolor de tantas personas chilenas de paz y generosidad”, dijo. Luego llamó “a todos ustedes, queridos feligreses de Santiago, a todos ustedes queridos chilenos y gente de buena voluntad y amante de la paz, les suplico: ¡basta, basta de violencia! No justifiquemos lo injustificable. Dios no quiere la violencia. Nos encontraremos para hacer como comunidad creyente actos de desagravio y de reparación”.

“Estos grupos violentistas contrastan con muchos otros que se han manifestado pacíficamente”, afirman el presidente y secretario general de la Conferencia Episcopal de Chile, Santiago Silva y Fernando Ramos, en declaración entregada al final del día en que decenas de miles de manifestantes se reunieron en la ahora llamada Plaza de la Dignidad.

“La inmensa mayoría de Chile –agregan– anhela justicia y medidas eficaces que contribuyan a superar las brechas de desigualdad; no quiere más corrupción ni abusos, espera un trato digno, respetuoso y justo. Creemos que esa mayoría no apoya ni justifica las acciones violentas que causan dolor a personas y familias, dañando a comunidades que no pueden vivir tranquilas en sus hogares ni trabajar, atemorizados por quienes no buscan construir nada, sino más bien destruirlo todo”.

Fecha marcada

El 18 de octubre era una fecha marcada: un año del inicio del estallido social, ocurrido el año pasado, que duró más de un mes con multitudinarias manifestaciones callejeras semanales. Contrastaron con la violencia provocada por grupos que destruyeron estaciones del tren subterráneo y mobiliario urbano, saquearon locales comerciales, provocaron incendios y sostuvieron duros enfrentamientos con carabineros que dejaron miles de heridos, decenas de muertos y denuncias por graves violaciones a derechos humanos de más de 5 mil personas, según la Fiscalía Nacional y reportadas por el informe entregado la semana pasada por Amnesty International.

Esta grave crisis social pudo amortiguarse con el Acuerdo por la Paz y Nueva Constitución firmado, el 15 de noviembre, por la mayoría de los dirigentes políticos, y que acordó la realización del plebiscito que tendrá lugar el próximo domingo 25. Allí se consultará si se aprueba o rechaza la elaboración de una nueva Constitución y el mecanismo para hacerlo, en caso de aprobarse.

La ciudadanía quiere justicia

En su declaración, los obispos Silva y Ramos se refieren a este plebiscito en su declaración: “Este domingo 25 de octubre, la ciudadanía que quiere justicia, probidad, superación de las desigualdades y oportunidades para poder levantarnos como país, no se dejará intimidar por las amenazas de violencia, y concurrirá a cumplir con su responsabilidad cívica.

En las democracias nos expresamos con el voto libre en conciencia, no bajo las presiones del terror y la fuerza. Llamamos a todos a contribuir, desde sus propios espacios familiares, laborales y sociales, con una reflexión que nos permita tomar suficiente distancia de la irracional violencia y nos acerque a la amistad cívica. Como nos ha recordado el papa Francisco en su carta encíclica ‘Fratelli Tutti’, solo en el cultivo del amor como forma de relacionarnos “haremos posibles la amistad social que no excluye a nadie y la fraternidad abierta a todos”. Desde esta actitud de fraternidad podremos expresarnos con respeto, participar sin temor en democracia y concurrir a la búsqueda del bien común”, expresa el comunicado del Episcopado.

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