La voz de la Iglesia en el Día Mundial de los Refugiados: “Vemos en ellos, los más vulnerables, las palabras de Jesús”

Refugiados en Hungría

“La Iglesia mira al refugiado”, afirma Juan Carlos Elizalde, obispo de Vitoria y presidente de la Subcomisión Episcopal de Migraciones y Movilidad Humana. “Lo hemos podido comprobar también ante la actual pandemia. La Iglesia trabaja por un mundo fraterno, en la máxima expresión de la palabra. Y esa fraternidad debería ser distinta a la que existía antes de la amenaza de este virus, pues no podemos dejar a nadie atrás”, continúa.



Por medio de una carta redactada con motivo de la celebración, mañana, 20 de junio, del Día Mundial de los Refugiados, Elizalde ha querido concienciar acerca de la realidad que viven 79,5 millones de personas, que se ven obligadas a dejar sus hogares para huir de la violencia, la persecución o el hambre. “Un récord según el informe anual publicado este jueves por la ONU”, subraya, en el que “el 40% son menores de edad”.

“Un migrante es una persona que abandona su país para ir a otro. Puede ser de forma voluntaria o se puede ver forzado a ello por una situación de violencia”, explica el prelado. “Un refugiado es una persona que abandona su país porque quedarse supone un peligro para su vida”, subraya. Por ello, “en este momento especial en la historia de la Humanidad, el Día Mundial del Refugiado tiene una importancia sobresaliente”.

Protección internacional

Asimismo, Elizalde recuerda la situación de los campos de refugiados, donde las condiciones de vida hacen que el coronavirus pueda propagarse con mucha facilidad. “En ellos viven muchísimas personas, amontonadas en muchas ocasiones, por lo que se hace imposible mantener la distancia de seguridad para evitar los contagios. A modo de ejemplo, el campo de refugiados de Moria, en Grecia pensado para 3.000 personas, viven a día de hoy más de 19.000 refugiados”, revela.

“La Iglesia ve en los más vulnerables las palabras de Jesús”, apunta. “Cuanto hicisteis a unos de estos hermanos, a mí me lo hicisteis. ¿Es posible ser seguidor de Cristo y a la vez mirar para otro lado ante el sufrimiento y la desesperación de quien se lanza a la mar o al desierto a buscar suelo seguro? ¿Tenemos miedo al desconocido o a quién no es como yo? Estas y otras preguntas nos pueden invadir ante el reto que supone acoger refugiados”, dice Elizalde.

“Estamos ante un gran reto pastoral de la Iglesia y de los creyentes en nuestro país y en todo el mundo”, continúa. “El Papa nos recuerda que cuando se habla de refugiados y migrantes, solo se menciona el número que ha intentado llegar a Europa”. Sin embargo, “de acuerdo con la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 y su Protocolo de 1967, en la que España es parte firmante, un refugiado que huye de una guerra o del hambre no debe ser devuelto a un país donde se enfrenta a graves amenazas a su vida o su libertad. Debemos garantizar esta protección así como nuestras instituciones y representantes políticos promoviendo medidas en este sentido”.

Noticias relacionadas
Compartir