Francisco se despide de Japón: “No se olviden de los pobres”

El Papa Francisco, a su llegada a la Universidad de Sophia

El Papa dice adiós a Japón con una jornada de impronta jesuita. De hecho, sus últimas palabras en Tokio han tenido lugar en la Universidad Sophia, fundada en 1913 por la Compañía de Jesús, por indicación del Pío X. Primero tuvo la oportunidad de celebrar una misa privada con los jesuitas, así como encontrarse con los sacerdotes ancianos y enfermos de la comunidad.

Desde el ateneo, se dirigió a más de 700 estudiantes y sus maestros a quienes les encomendó que el centro educativo ser “un lugar donde pueda ir tomando forma una sociedad mejor y un futuro más lleno de esperanza”. Así, dejó tierras niponas con “un hondo anhelo por crear una sociedad cada vez más humana, compasiva y misericordiosa”.

Del discernimiento a la Casa común

Durante su discurso, el Papa fue desglosando una a una las llamadas cuatro preferencias apostólicas universales de la Compañía, haciendo especial hincapié en la necesidad de que los estudiantes ejerzan en discernimiento, se comprometan con el cuidado de la Casa común y no se olviden de los últimos.

“No se olviden de los pobres”, reclamó a la comunidad educativa, a quienes ofreció directrices directas: “Los marginados serán creativamente involucrados e incorporados en el currículo universitario, buscando posibilitar las condiciones para que esto se traduzca en la promoción de un estilo educativo capaz de achicar brechas y distancias”.

Servidores de la justicia

En esta misma línea, recordó que “el estudio universitario de calidad, más que considerarlo el privilegio de unos pocos, tiene que ir acompañado por la conciencia de saberse servidores de la justicia y del bien común; servicio a implementarse en el área que a cada uno le toque desarrollar”.

“Que en cada situación, incluso en las más complejas, se interesen por lo que en su conducta es justo y humano, cabal y responsable, decididos defensores de los vulnerables”, insistió en otro momento de su discurso.

Motor de cambio social

De esta manera, el Papa sueña con universidades que sean “cada vez más inclusivas y generadoras de promoción social”. Así, sugirió que “los grandes avances tecnológicos de hoy puedan ponerse al servicio de una educación más humana, justa y ecológicamente responsable”.

Especialmente significativo fue el regalo recibido por Francisco al final de la alocución: una imagen de una diosa budista con un niño en brazos que los cristianos japoneses utilizaban durante los tiempos de la persecución para rezar en la clandestinidad a la Virgen María.

El Papa dejó la universidad con una calurosa despedida poco habitual en el carácter nipón al grito de un grupo de estudiantes que en español le decían: “Esta es la juventud del Papa”.

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