.


Joaquín José Martínez, excondenado a muerte: “Antes yo creía en la pena capital”

  • Acudió al encuentro Ciudades por la Vida, organizado por la Comunidad de Sant’Egidio en Madrid
  • “Hoy sé que esto representa la institucionalización del odio, falta de compasión, de humanidad y de perdón”

“Antes yo creía en la pena de muerte, pensaba que aliviaba el dolor de los familiares de las víctimas, porque la muerte es lo que se merecían las personas que cometen crímenes crueles. Hoy sé que la pena de muerte representa la institucionalización del odio, falta de compasión, de humanidad y de perdón”. Estas palabras fueron pronunciadas por Joaquín José Martínez, el primer español que ha salido del corredor de la muerte en Florida (Estados Unidos), al contar su experiencia en un encuentro celebrado en la parroquia madrileña de Nuestra Señora de las Maravillas y organizado por la Comunidad de Sant’Egidio en España.

El encuentro que llevó a Joaquín José Martínez a la iglesia de Nuestra Señora de las Maravillas estuvo enmarcado en la Jornada Internacional Ciudades por la Vida contra la Pena de Muerte, iniciativa que se lleva a cabo en más de 2,000 ciudades de 80 países que piden la abolición de la pena capital. Está impulsado por la comunidad de Sant’Egidio, el movimiento Jóvenes por la Paz y organizaciones de derechos humanos.

“Mientras exista la pena de muerte nadie está libre de estar directa o indirectamente afectado por ella”, subrayó Martínez, quien logró demostrar su inocencia ante la justicia. Durante su discurso, relató la realidad de lo que significa ser condenado a la pena capital, así como la “tortura física y psicológica” que sufren quienes están en el corredor de la muerte: desde la imposibilidad de dormir por la noche hasta las esposas que llevaba al salir de la celda. Incluso, el “desprecio” de los guardas y autoridades.

Personas sin recursos

Lejos de poner en marcha la presunción de inocencia, Martínez subrayó que, ante la justicia estadounidense, “uno es culpable hasta que pueda demostrar que es inocente”. Sin embargo, los costes de esta defensa suelen ser completamente inasumibles. “Mi familia y yo tuvimos que vender todo lo que teníamos para pagarla”, señaló.

“De las 13 personas que estaban en mi pabellón, soy el único que salí con vida”, apuntó Martinez, quien quiso dedicar su discurso también a sus compañeros. “Hoy no hablo solo en mi nombre, sino también en el de los que hoy no tienen voz y que entonces no tuvieron los medios ni el apoyo que yo tuve para demostrar mi inocencia, por ser minorías, por no tener los recursos económicos e incluso por no tener familiares y amigos que dieran la cara por ellos”, subrayó. Y es que, en la mayoría de los casos, “llegaban personas solas, a las que la familia había rechazado, que no tenían nada, algunos apenas sabían leer y escribir”.

Además, Martínez denunció durante su intervención que se aplica la pena capital a personas que, en ocasiones, son inocentes. Ejemplo de ello es el caso de “Frank, un convicto en su pabellón a quien los guardias maltrataban constantemente”. Este insistía en pedir la prueba de ADN para demostrar su inocencia, pero no podía costeársela. Finalmente, murió de cáncer en el corredor de la muerte. Durante la autopsia se le practicó la prueba y, efectivamente, el resultado era negativo. Frank era inocente del crimen que le había llevado a pasar los últimos diez años de su vida en prisión. 

Noticias relacionadas
Compartir