.


Asell Sánchez, de ‘Misioneros por el Mundo’: “Ver la realidad de estas personas quita muchos prejuicios sobre la Iglesia”

  • El programa de TRECE recibió el pasado sábado el premio ‘Antena de Oro’ por su labor
  • “Salimos a buscar el rostro de Jesucristo entre los más pobres”, apunta

misioneros

El programa ‘Misioneros por el Mundo’, que desde hace ocho años se adentra en el día a día de los misioneros españoles en distintas partes del mundo -de la mano de Obras Misionales Pontificias-, acaba de recibir un premio ‘Antena de Oro’ por su labor. Asell Sánchez, reportero del programa, ha explicado a Vida Nueva cómo este espacio de TRECE es capaz de “derribar los prejuicios que, normalmente, se tiene de estas personas y de la Iglesia”.

Y es que este programa, que ha recorrido ya en 40 viajes más de 300.000 kilómetros, está dedicado a acercar estas realidades “tanto a las personas creyentes como no creyentes”, dice Sánchez. “Salen a buscar el rostro de Jesucristo entre los más pobres, y es importante dar testimonio de ello, sobre todo porque hay mucha gente que todavía piensa que los misioneros trabajan con una biblia en la mano, pero no es así”. De hecho, “solo con su presencia evangelizan”.

Ahora mismo, hay más de 11.000 misioneros españoles repartidos por el mundo, “haciendo una labor muy importante y en las que normalmente no se pone el foco”. “Ver como viven en primera persona te abre la mente”, apunta. “Cuando hacemos el programa no vamos a un hotel ni nada parecido, sino que vivimos con los misioneros, comemos lo que tienen, dormimos en las camas de las que disponen. Te expones a vivir fuera de tu zona de confort”.

Vivir con alegría

“Ver algo así te ayuda no solo a ponerte en el lugar del otro, sino a valorar lo que tienes”, subraya, ya que “hasta que no sales fuera no eres consciente de ello”. Sin embargo, “ves que hay personas que pueden vivir sin agua, sin electricidad, que llegan a casa y no tienen la nevera llena”, cosas que normalmente, desde España, “no se valoran”.

“Es vocación pura y dura”, afirma Sánchez, porque si no “no se entiende que estas personas puedan vivir en las realidades en las que lo hacen”. Sobre todo porque “siempre lo hacen con una sonrisa, que es lo que más llama la atención”. “Donde nosotros veríamos tristeza ellos ven alegría”, asevera.

Ejemplo de ello fue una hermana del Cottolengo del padre Alegre, en Buenaventura (Colombia), un lugar donde hay 80 niñas con discapacidad muy severa. “Lo primero que nos dijo fue que allí no íbamos a encontrar pena, sino alegría. Pero, claro, cuando te están diciendo eso en un sitio en el que a tu alrededor lo que ves es a niñas con discapacidades severas, a las que habían abandonado o venían de situaciones familiares terribles… que una religiosa te diga que vas a encontrar alegría hace que se te erice la piel”.

Noticias relacionadas
Compartir