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El Papa en Rumanía: “El Padrenuestro no es una oración que tranquiliza, es un grito ante las carestías de amor de nuestro tiempo”

papa rumania

“Cada vez que decimos ‘Padre nuestro’”, ha dicho el Papa durante el Rezo del Padrenuestro en la nueva Catedral ortodoxa de Rumanía, “unidos en la oración de Jesús, nos unimos también en su experiencia de amor y de intercesión”. Esta plegaria, enseñada por Jesús a los apóstoles, “es la invitación a que lo mío se transforme en nuestro y lo nuestro se haga oración”. Como ha dicho Francisco, es la forma de decirle al Padre “ayúdanos, a tomar en serio la vida del hermano, a hacer nuestra su historia” y a no juzgarle “por sus acciones y sus límites, sino a acogerlo sobre todo como hijo tuyo”.



“A ti, que estás en el cielo, un cielo que abraza a todos y en el que haces salir el sol sobre buenos y malos, justos e injustos, te pedimos aquella concordia que en la tierra no hemos sabido custodiar”, ha continuado el Papa y, recordando a los santos, ha señalado que “como ellos, nosotros queremos santificar tu nombre”. Un nombre que “debe ser el que nos mueva y despierte a vivir la caridad” y el que “debemos buscar en medio de tantas cosas que pasan”.

“Cuando nos encontramos sumergidos en un consumismo cada vez más desenfrenado, que cautiva con resplandores deslumbrantes pero efímeros, ayúdanos, Padre, a creer en lo que imploramos”, ha dicho. Y esto es la espera del reino, renunciando “a las cómodas seguridades del poder, a las engañosas seducciones de la mundanidad, a las vanas presunciones de creernos autosuficientes, a la hipocresía de guardar las apariencias”.

“Dios quiere que todos se salven”

Francisco ha recordado también que “la voluntad de Dios es que todos se salven”. Por eso, en el Padrenuestro también se pide al Padre que amplíe “nuestros horizontes para no reducir a nuestros límites tu misericordiosa voluntad de salvación, que quiere abrazar a todos”. Pidiendo el pan de cada día se implora, además, “el pan de la memoria, la gracia de que fortalezcas las raíces comunes de nuestra identidad cristiana, indispensables en este tiempo en el que la humanidad, y las jóvenes generaciones en particular, corren el riesgo de sentirse desarraigadas en medio de tantas situaciones líquidas, incapaces de cimentar la existencia”.

Pero el pan que se pide en la oración es, sobre todo, “pan del que muchos carecen cada día, mientras que unos pocos poseen lo superfluo” y, precisamente por eso, el Padrenuestro “no es una oración que tranquiliza, sino un grito ante las carestías de amor de nuestro tiempo, ante el individualismo y la indiferencia que profanan” el nombre del Padre, a quien Francisco a pedido su ayuda para “ tener hambre de darnos”, de no tener la “necesidad de conservarnos, sino de partirnos, de compartir en vez de atesorar, de sustentar a los demás en lugar de saciarnos a nosotros mismos, porque el bienestar es tal si pertenece únicamente a todos”.

Por último, el Papa ha señalado que al rezar esta oración se pide el perdón por las ofensas. Algo para lo que “se necesita valor, porque al mismo tiempo nos comprometemos a perdonar a los que nos han ofendido”. Y cuando “el mal, agazapado ante la puerta del corazón, nos induzca a encerrarnos en nosotros mismos; cuando la tentación de aislarnos se haga más fuerte, ocultando la sustancia del pecado, que es alejamiento de ti y de nuestro prójimo, ayúdanos nuevamente, Padre”.

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