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El Papa pone en valor en Macedonia los ritos latino y bizantino, “los dos pulmones” de la Iglesia

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Durante su encuentro con los sacerdotes, religiosos de Macedonia, así como con sus familiares, en la catedral del Sagrado Corazón de Jesús de Skopje, Francisco ha remarcado su “especial gratitud” al ver a la Iglesia “respirando plenamente con sus dos pulmones —rito latino y rito bizantino— para llenarse del aire siempre nuevo y renovador del Espíritu Santo”. Dos pulmones que, como ha señalado el Papa, son necesarios y complementarios, ya que “nos ayudan a gustar mejor la belleza del Señor”.

Sin embargo, Francisco ha querido señalar, basándose en los testimonios que se han pronunciado durante el encuentro, el hecho de que la Iglesia local denota que, al tener “pocos” fieles, corre “el riesgo de ceder a cierto complejo de inferioridad”.

“Mientras os escuchaba, me venía a la mente la imagen de María que, tomando una libra de nardo puro, ungió los pies de Jesús y los secó con sus cabellos”, ha dicho, recordando las palabras del evangelista, que describe la escena diciendo que “la casa se llenó de la fragancia del perfume”. De la misma manera, los cristianos deben ser capaces “de impregnarlo todo y dejar una huella inconfundible”.

Dejar atrás los números

“En muchas situaciones sentimos la necesidad de hacer números”, ha comentado Francisco, y esto hace que “muchas veces parezca que estamos el balance siempre está en números rojos para llevar a cabo la tarea misionera que se nos ha confiado”. De la misma manera, ha advertido del peligro de “hacer números”, que puede llevar a la tentación de “mirarnos demasiado a nosotros mismos, y encorvarnos sobre nuestra realidad y miserias”.

Por el contrario, “hacer números” es necesario, pero “siempre que nos ayude a descubrir y a ponernos en contacto con tantas vidas y situaciones que a diario tienen dificultad para hacer cuadrar los números”, como pueden ser las familias que no pueden salir adelante, los ancianos, los enfermos postrados, o los jóvenes entristecidos y sin futuro. “Ellos nos recuerdan que somos una Iglesia de mendicantes necesitados de la misericordia del Señor”, por lo que “sólo es lícito hacer números si esto nos permite ponernos en movimiento para volvernos solidarios, atentos, comprensivos y solícitos para abordar los cansancios y la precariedad”.

Como en otros momentos de su viaje, el Papa ha puesto de ejemplo de la Madre Teresa como “signo concreto de cómo la precariedad de una persona, ungida por el Señor”, y que fue capaz de “impregnarlo todo cuando el perfume de las bienaventuranzas se derramó sobre los pies cansados de nuestra humanidad”. Y es que, como ha remarcado Francisco, “la historia la escriben esas personas que no tienen miedo a gastar su vida por amor”.

La familia, testimonio de fe

Por todo ello, el Papa ha animado a los sacerdotes y religiosos de Macedonia a no cultivar “una imaginación sin límites” pensando en que las cosas serían diferentes “si fuéramos fuertes, potentes e influyentes”, ya que el “secreto” de la “fuerza, potencia, influencia y juventud” de la fe cristiana está “en otro lado, no en que cuadren los números”.

Por último, antes de poner rumbo al aeropuerto para coger el avión de vuelta a Roma, Francisco se ha dirigido a las familias. “El espacio vital de una familia se podía transformar en iglesia doméstica, en sede de la Eucaristía, de la presencia de Cristo sentado a la misma mesa”, ha subrayado, poniendo de manifiesto que es en el núcleo familiar donde se “testimonia la fe”.

Pero no de una forma perfecta, “no desde lo que nos gustaría que fuese, no como perfectos o inmaculados, sino en la precariedad de nuestras vidas, de nuestras familias ungidas todos los días en la confianza del amor incondicional que Dios nos tiene”, tal como lo hizo la familia de Nazaret, capaz de “transformar una cueva de animales en la casa de Jesús, con unos pobres pañales y una montaña de ternura”.

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