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Francisco en la Vigilia Pascual: a Jesús “no se le conoce en los libros de historia, se le encuentra en la vida”

  • El Papa preside la solemne liturgia en la Basílica Vaticana en una celebración en la que 8 fieles de diferente nacionalidad han recibido los sacramentos de la iniciación cristiana
  • El Pontífice pidió luchar contra la “psicología del sepulcro” de quien lleva una vida “esclava de las quejas y espiritualmente enferma”

Si las mujeres explotadas por la trata eran puestas de relieve en el Via Crucis del Viernes Santo en el Coliseo junto a la cruz de Jesús; en la noche de la Vigilia Pascual también ha sido rememorado el camino de aquellas que fueron las primeras en llegar al sepulcro y cuya senda se ha convertido, para el papa Francisco, en “nuestro propio camino”, “camino de salvación”. Así comenzaba su homilía el pontífice en la celebración que es “la madre de todas la vigilias”, según san Agustín.

Una liturgia que comenzó en el atrio de la basílica de San Pedro con el encendido del cirio en torno a una pequeña hoguera y que siguió ya en el interior donde brilló con todo su esplendor el templo gracias a la nueva iluminación, más ecológica, que funciona desde el pasado mes de enero. Siguiendo las meticulosas rúbricas de esta Noche Santa de la salvación, la celebración siguió, ya a plena luz con el canto del ‘Exsultet’, el pregón pascual.

Después se proclamaron algunas lecturas bíblicas, en las que se ha evidenciado el desarrollo de la historia de la salvación en torno al momento central de la Resurrección, narrado en el evangelio de Lucas y aclamado en el Gloria, a través de sonido de todas las campanas de la basílica.

Como viene siendo habitual, en la celebración han recibido los sacramentos de la iniciación cristiana –bautismo, confirmación y Primera Comunión– de las manos del papa Francisco 8 adultos, 5 mujeres y 3 varones, de entre 21 y 61 años y de diferente nacionalidad: 4 son italianos, una ecuatoriana, uno peruano, una albanesa y una de Indonesia.

La última parte de la Vigilia fue, siguiendo siempre la estructura del misal, la dedicada a la liturgia eucarística hecha en latín. En esta ocasión, acompañaron al Papa en el altar los cardenales Giovanni Battista Re y Tarcisio Bertone.

Desconfianza y pecado

Para el Papa, el camino de las mujeres al sepulcro es como “en la historia de la Iglesia y en la de cada uno de nosotros: parece que el camino que se recorre nunca llega a la meta”, cuando se impone “la idea de que la frustración de la esperanza es la oscura ley de la vida”. Sien embargo en el caso de la Pascua no sucede esto. “La Pascua es la fiesta de la remoción de las piedras. Dios quita las piedras más duras, contra las que se estrellan las esperanzas y las expectativas: la muerte, el pecado, el miedo, la mundanidad”.

“Cuando sentimos la tentación de juzgarlo todo en base a nuestros fracasos, Él viene para hacerlo todo nuevo, para remover nuestras decepciones”, señaló Francisco invitando a que cada uno piense las piedras que tiene que quitar en su vida. Frente a la desconfianza que produce “personas cínicas y burlonas, portadoras de un nocivo desaliento” y de “insatisfacción”, el pontífice pidió luchar contra la “psicología del sepulcro” de quien lleva una vida “esclava de las quejas y espiritualmente enferma”.

Frente a la “piedra del pecado” que “promete cosas fáciles e inmediatas” pero solo “deja dentro soledad y muerte”, Francisco invitó a buscar el sentido más allá de “las cosas que pasan”, dejando “entrar la luz divina”, al “Señor de la vida” por encima de “las vanidades mundanas”.

Transformar nuestras muertes en vida

El asombro y miedo de las mujeres ante el anuncio de la Resurrección, para Bergoglio, refleja cuando “preferimos permanecer encogidos en nuestros límites, encerrados en nuestros miedos” sin tener el “valor para levantar la mirada”. “Porque es más fácil quedarnos solos en las habitaciones oscuras del corazón que abrirnos al Señor”, justificó. “El Señor nos llama a alzarnos, a levantarnos de nuevo con su Palabra, a mirar hacia arriba y a creer que estamos hechos para el Cielo, no para la tierra; para las alturas de la vida, no para las bajezas de la muerte”, recalcó.

Con la Pascua, “Jesús es un especialista en transformar nuestras muertes en vida, nuestros lutos en danzas”, definió. “En Pascua te muestra cuánto te ama: hasta el punto de atravesarla toda, de experimentar la angustia, el abandono, la muerte y los infiernos para salir victorioso”, subrayó. Por eso recomendó: “No nos quedemos mirando el suelo con miedo, miremos a Jesús resucitado: su mirada nos infunde esperanza, porque nos dice que siempre somos amados y que, a pesar de todos los desastres que podemos hacer, su amor no cambia”.

Frente a la desmemoria

Como tercera idea, Francisco señaló que la fe necesita “reavivar el primer amor con Jesús, su llamada: recordarlo, es decir, literalmente volver a Él con el corazón”. “Es esencial volver a un amor vivo con el Señor, de lo contrario se tiene una fe de museo, no la fe de pascua”, porque Jesús vive hoy. “No se le conoce en los libros de historia, se le encuentra en la vida”, insistió. 

“Esta es la certeza no negociable de la vida: su amor no cambia”, recalcó. En este sentido, añadió, “la Pascua nos enseña que el creyente se detiene por poco tiempo en el cementerio, porque está llamado a caminar al encuentro del que Vive”.

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