.


Clamores de la naturaleza en la primera estación del Papa en Colombia

Bogotá recibe a Francisco en medio de llamados de atención sobre problemáticas ambientales en el territorio

Hoy Francisco aterrizará sobre una meseta: la sabana de Bogotá, situada a 2.600 metros sobre el nivel del mar, donde el grito de la naturaleza se une al de los pobres, como ocurre en tantas partes del planeta. Más que oportuno, el mensaje sobre la vida que el Papa trasmitirá durante su paso por la capital del país resulta urgente si consideramos, entre otras cosas, las problemáticas ambientales que por estos días se multiplican en la principal ciudad de Colombia.

Panorámica de la mina de Tunjuelito

Antes de tocar tierra, el avión de Alitalia sobrevolará las cadenas montañosas que albergan en el sur-oriente de la región la mayor fábrica de agua del mundo: el páramo de Sumapaz, amenazado por la ampliación de la frontera agrícola y por proyectos de infraestructura y de minería. “La república de las aguas”, como llamó al ecosistema Mario Calderón, ambientalista asesinado en 1997, da vida al río Tunjuelo, que atraviesa en Bogotá las localidades de Sumapaz, Usme, Ciudad Bolívar, Tunjuelito, Kennedy y Bosa. Históricamente, el principal daño sobre su cuenca se debe a la explotación de su lecho a la altura de Tunjuelito para la extracción de arena y grava por parte de Cemex, Holcim y la Fundación San Antonio, esta última empresa propiedad de la Arquidiócesis de Bogotá.

El Tunjuelo desemboca en el principal río de la ciudad, que lleva su nombre y atraviesa la capital de norte a sur, pasando, incluso, cerca del aeropuerto donde pisará suelo colombiano Francisco. Al llegar al vecino municipio de Soacha, el río Bogotá conduce oscuro las excretas de los capitalinos y los desechos industriales que luego irán a dar al río grande de La Magdalena, con desembocadura en el mar Atlántico.

Relleno sanitario de Doña Juana

El pasado sábado un grupo de personas llevaron a cabo una peregrinación ambiental por distintos lugares de la sabana donde el clamor de la naturaleza resulta particularmente doloroso. La primera estación fue la hacienda Canoas, en Soacha, desde donde se atisba el impacto de la minería sobre las montañas que abrazan la sabana, heridas sobre la capa vegetal que por los tajos desnudan el suelo, erosionándolo, y que seguramente verá el Papa por la ventanilla del Airbus. Otra estación fue el municipio de Sibaté, afectado por la contaminación del embalse del Muña, en el cual se vierten aguas sucias del río Bogotá para la generación y venta de energía eléctrica con fines particulares, por parte de extranjeros. Una estación más fue el basurero de Doña Juana, que en las últimas semanas estuvo en los titulares de prensa debido a las protestas de los habitantes del sector de Mochuelo, que exigen a la administración distrital poner fin a la crisis ambiental y de salud pública que está causando el manejo ineficaz de los residuos.

Daño ambiental sobre el río Bogotá

“Con motivo de la visita del Papa estamos llamando la atención sobre las tragedias consentidas que tiene nuestra cuenca del río Bogotá, especialmente con participación de los sectores privados”, manifestó en conversión con Vida Nueva Javier Reyes, de Asamblea Sur, colectivo promotor de la iniciativa de peregrinar teniendo muy presente el magisterio ecológico del obispo de Roma sobre el cuidado de la Casa Común.

Francisco llega a un país que quiere superar el conflicto, pero que todavía tiene que asumir tanto en ciudades como Bogotá como en zonas rurales una de las dimensiones de la violencia que se está viviendo: la que conlleva este tipo de relación con el territorio.

Compartir