Tribuna

Un imperceptible pecado de la Iglesia

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Gracias al Espíritu Santo que no se cansa de empujar con su soplido, desde hace unos años tenemos mayor cercanía con los obispos, con sacerdotes y personas de poder dentro de la Iglesia.



Ese estilo que nos hace comunidad y que es un camino sinodal es el que vivieron los apóstoles con Jesús. Los Evangelios nos relatan que el Maestro les enseñaba a practicar la misericordia, la cercanía, la oración al Padre, la humildad y el poder como servicio entre tantas otras actitudes que eran la Buena Noticia.

A un par de ellos, muy cercanos a Jesús se les pasó de largo el tema del poder como servicio. Fueron Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, llamados Hijos del trueno por sus estilos evangelizadores un poco atropellados[1].

Un día Jesús caminaba con sus discípulos[2] y estos hermanos Santiago y Juan, acompañados por su mamá, fueron a hablar con Jesús. La señora de rodillas le pidió los mejores lugares para sus hijos en el Reino de los Cielos. Los otros diez discípulos se enojaron con estos dos, probablemente porque también esperaban este tipo de recompensa, y Jesús con mucha firmeza les hizo ver que el poder es para servir diciéndoles: “Ustedes saben que los que gobiernan a los pueblos se portan como sus amos, y que los grandes señores imponen su autoridad sobre esa gente. Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, si alguno de ustedes quiere ser importante, tendrá que servir a los demás. Si alguno quiere ser el primero, deberá ser el esclavo de todos.” Parece que a partir de allí todos siguieron en silencio, aún la mamá de los Zebedeo.

Discipulos De Jesus

Pecado estructural

En nuestra Iglesia, naturalmente se da que algunos tengan por sus misiones, más cercanía con un obispo, con un sacerdote o un cargo destacado y ahora también aparece el pecado de los hijos de Zebedeo de modo muy sutil.

Intentamos estar siempre cerca de los que mandan, de mostrar el puesto que tenemos, de que obedezcan lo que pensamos, de pedir lugares y privilegios especiales en nombre de la cercanía, el cargo o lo que fuere.

Este es un Pecado estructural de la Iglesia. Ponemos por encima del servicio, de la voluntad de Dios y del mismo Jesús, el cargo, los contactos cercanos y nos definimos a partir de allí. Ya no somos bautizados que estamos sirviendo de últimos, sino la familia Zebedeo que pide privilegios y también genera división al dejar afuera a otros que también son compañeros de camino.

Este es un pecado muy sutil que entra disfrazado en nuestros corazones cristianos y hace mucho daño, confunde, divide, manipula y entiende la importancia por el cargo que ocupamos, por donde estamos. Jesús lo dijo bien claro el importante es el que sirve a los demás.

Una pregunta que yo también me hago ¿por qué soy importante en la Iglesia?

[1] Lucas 9, 54-56
[2] Mateo 20, 20-27