Un testimonio cotidiano
El día 22 de agosto tuvimos el hermoso placer de ser invitados a charlar con un grupo de padres que están acompañando a sus hijos en el proceso de catequesis de iniciación para la comunión. Como ya es costumbre y principio pedagógico, según Frans De Vos (Padre de la catequesis renovada en Argentina), llegamos unos minutos antes para tener todo preparado y recibir a las personas que vendrían…
- Síguenos en Google y añádenos como fuente preferida
- Regístrate en el boletín gratuito y recibe un avance de los contenidos
La experiencia fue tan asombrosa que a medida que iban llegando uno se “sentía como en casa”, nos saludaban con mucha cordialidad y cercanía, se podía percibir una predisposición al momento que se iba a llevar a cabo. Luego se ubicaban con sus elementos para compartir una infusión (mate), algo dulce para merendar, y se iban acomodando “en torno a la mesa” como quien lo hace en su hogar…
1. En la fe cristiana
A medida que iba transitando el tiempo, conversando, dialogando, escuchando, contemplando, se notaba la familiaridad entre ellos y con quien estaba compartiendo ese momento catequístico donde todos estábamos re-descubriendo un Dios que nos trata como “amigos” (Jn. 15, 15), que toda su acción salvífica está “en torno a nuestra salvación y alegría”, que se pone junto a la mesa y comparte su vida en signos sencillos y cotidianos, que nos habla como aquellas personas allegadas a su corazón.
La mesa de la Eucaristía, no solo es un objeto litúrgico, es toda una expresión teológica que el mismo Jesús deja como un espacio memorioso y memorable. Allí nos dijo que nos llama “amigos” y no siervos o esclavos, penitentes, miserables, pecadores, indignos, etc. ¡Nos llama amigos!
El adjetivo philos significa amado, amigo y amando, amable, amigable y sustantivado: amigo, amiga. Según algunas traducciones esta palabra de origen griego es de φίλος (philos), que se puede referir a una persona, vecinos, parientes, alguien con se está asociado o con quien se comparte o se lo hace partícipe. Es decir, “una persona querida por Dios” y en quien este encuentra su “benevolencia”. Cuando este vocablo se aplica a objetos, podría indicar que alguien encuentra gozo, placer, deleite… (Biblia de estudioonline, 2026). Y como suele suceder la lógica del evangelio rompe el esquema humano, es que en la Última Cena se nos revela a un Dios que encuentra gozo, placer, deleite con la humanidad, porque él quiso hacerse humano, quiso manifestar su presencia y cercanía en signos sensibles de su ternura (sacramentos), quiere ubicarse en torno a la mesa de nuestra vida y compartir nuestros “gozos, esperanzas, alegrías, angustias, tristezas, sueños” (Concilio Vaticano II – GS, 1965) (#1).
Quizás desde esta experiencia tan humana y divina, es que vivimos a un Dios que camina “junto a…”, que se hace caminante al lado de nuestras vidas, que dialoga sobre lo que nos pasa, que escucha nuestro latido, que mira nuestros ojos que por momentos tienen lágrimas o que, cargados de tantas “culpabilidades” , nos hace perder el gusto de vivir… y ahí, en ese momento de nuestra existencia, en esos atardeceres donde todo parece oscuro, se deja invitar, se ubica “en torno a la mesa” y nos vuelve hacer “arder el corazón” (Lc. 24, 13 – 35).
2. La mesa de la sonrisa
Esa experiencia vivida con la comunidad de padres y madres del Colegio Sagrado Corazón de Lomas de Zamora, Argentina, nos hizo re vivir una iglesia cotidiana y sonriente… una iglesia cordial que recibe al que llega con cercanía y afecto… Una iglesia que, para nosotros, evoca la figura de Albino Luciani, el Papa de la Sonrisa.
El día 26 de agosto, la iglesia lo recuerda en el calendario litúrgico, porque su vida es un eco de que Dios está en el centro de la vida del creyente, pero no está de cualquier modo. Está provocando y haciendo el bien, sin anular la existencia, sin oprimir, sin imponer un plan sin escapatoria.
Albino Luciani pareciera recordarnos, con su rosto, el salmo 126/125: “Cuando el Señor cambió la suerte de Sion, nos parecía que soñábamos: nuestra boca se llenó de risas y nuestros labios, de canciones ¡Grandes cosas, hizo el Señor por nosotros y estamos rebosantes de alegría!” (1 – 3).
Desde el misterio pascual de Jesús, su propuesta y anuncio del Reino, comprendemos a Dios como Abba/Imma que está buscando el bien y generando bondad en todo lo que realiza. Experiencia que ya se insinúa en la creación cuando dice “Dios vio que era bueno”:
Esta presencia de Yahweh, es una cercanía que provoca bondad, porque él es bueno. En el Sal. 118/117 hay una aclamación que se itera al principio y al final; por la cual podríamos afirmar que el autor resalta la acción de Dios entre este epíteto: ¡Den gracias al Señor, porque es bueno! Es una exclamación que evoca la bondad de Dios en sí mismo y en la historia del pueblo (Ex. 18,9), reafirmando la perpetua alianza del creador en cada acontecimiento recordado: “porque es eterno su amor”. Esta bondad de Dios se comparte y expresa como inquebrantable y que permanece para siempre. El término bueno (tôb) en hebreo suele ser traducido por bello, hermoso, que ya está revelado en la creación agregando un plus en la totalidad de la obra creada (1,31). Bueno, bello, hermoso como características del Creador podrían ser sinónimos de su santidad (Curia, Christian, 2022, pág. 19).
Damos gracias a Dios porque Juan Pablo I, nos recuerda alegremente que la Trinidad es buena, bella y siempre quiere el bien de la humanidad… y que la alegría y la sonrisa son signos elocuentes de ella.
3. Con la mesa y sonrisa: apertura vital
“Es hermosa una Iglesia con el rostro alegre, el rostro sereno, el rostro sonriente, una Iglesia que nunca cierra las puertas, que no endurece los corazones, que no se queja ni alberga resentimientos, que no está enfadada, no es impaciente, que no se presenta de modo áspero ni sufre por la nostalgia del pasado cayendo en el involucionismo” (Francisco, Homilía beatificación Juan Pablo I, 2022)
Juan Pablo I, en un día dejó atrás el involucionismo de la coronación papal con la tiara. Si bien ya Pablo VI había dejado la tiara en un altar como signo, fue Albino quien la rechazó de manera definitiva y con él ya se habla de la “celebración de inicio del Pontificado” y no de toma de posesión ni coronación.
El Papa de la Sonrisa hizo homilías y catequesis partiendo de la vida y dialogando con personas en las audiencias, incluso con un niño como protagonista. Fue el primero en ponerse el nombre compuesto en honor a sus predecesores (Juan XXIII y Pablo VI). Es el cristiano que, desde sus orígenes alpinos al norte de la actual Italia, vivió con alegría y agradecimiento por lo recibido. Su actitud no era de resentimiento, porque no lo hace desde una ideologización ubicándose en un punto del pasado que reprocha al mundo actual “no ser como antes”. No poseía la soberbia de la exigencia de bienes y privilegios para sí mismo o la institución, ni se queja por el progreso de los demás, por lo general, una persona o institución resentida se caracteriza por reprochar que otros tienen algo que a ella le falta.
Albino Luciani, muy por el contrario, al ser humilde y agradecido, es capaz de reconocer que incluso en la sencillez del barro con Dios somos capaces de escribir un poema bello y maravilloso. Continuando con esa línea, una de las hipótesis de su muerte, es que quería anular los “privilegios” de algunos en la Santa Sede. Y lo más asombroso que muchos de esos privilegiados, luego fueron premiados… por otro obispo de Roma.
En la beatificación del Papa de la sonrisa, se nos recuerda que lo esencial para evitar el inmovilismo, es la apertura y asumir que Jesús de Nazareth, pastor bello y resucitado, busca y quiere que todas las personas compartan la vida con él.
4. Una iglesia sonriente
“Roguemos a este padre y hermano nuestro, pidámosle que nos obtenga la sonrisa del alma, que es transparente, que no engaña: la sonrisa del alma. Supliquemos, con sus palabras, aquello que él mismo solía pedir: Señor, tómame como soy, con mis defectos, con mis faltas, pero hazme como tú me deseas” (Francisco, Homilía beatificación Juan Pablo I, 2022)
¿De dónde proviene esa sonrisa del alma? En la misma homilía de aquel día podemos intuir de dónde proviene:
- del gozo del Evangelio, la bondad y del amor hasta el extremo de parte de Dios,
- de la sencillez y bondad del discípulo, con el rostro alegre, sereno, sonriente,
- de la apertura “de la alegría o llamada dilatatio cordis, corazón ensanchado, dilatación del corazón” (Curia, Christian, 2022, pág. 57),
- desde un Dios que hace nuevas todas las cosas (Apoc. 21, 5).
- desde el amor de Dios que nunca decae (Juan Pablo I – Angelus 10/09, 1978).
El querido beato Eduardo Pironio, así recordaba la presencia de Juan Pablo I:
“Todos hemos sentido la misma honda experiencia de un Dios que se nos revelaba y nos poseía. El Espíritu Santo jugaba con las previsiones y los cálculos de los hombres y nos daba un Papa que mostraría un rostro nuevo de la Iglesia. La presencia de Jesús en su Iglesia era la misma, pero ahora era un Cristo que sonreía y nos decía cosas muy simples y caseras: con la sencillez del Evangelio” (Pironio, Eduardo Francisco, 1981, pág. 9).
Nuestra gratitud a Dios Uno y Trino por su ternura, generosidad, cordialidad y alegría visibles en tantos rostros sonrientes, especialmente, en Juan Pablo I y en los docentes, padres, madres, hermanos con quienes compartimos un “tiempo en torno a la mesa”.
#catequesisrenovada #pensarlacatequesis #fransdevos #christiancuria #ElGustoDeVivir #tecreo #unpocodeairefresco #entornoalamesa #lavidanosdaseñales #unaaventuramaravillosa
Bibliografía
Biblia de estudioonline (2026): philos. Obtenido de https://online.bibliadeestudio.org/
Concilio Vaticano II – Gaudium Et Spes (1965). Obtenido de https://www.vatican.va/
Curia, Christian. (2022). Una aventura maravillosa. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: PPC – Bonum.
Francisco, Homilía beatificación Juan Pablo I (2022). Obtenido de https://www.vatican.va/
Juan Pablo I – Angelus del 10 de septiembre (1978). Obtenido de https://www.vatican.va/
Pironio, Eduardo Francisco. (1981). De Pablo VI a Juan Pablo II. Buenos Aires: Patria Grande.
