El cardenal Robert Sarah, ex prefecto del Dicasterio para el Culto Divino, ha reivindicado el valor de la liturgia tradicional, asegurando que su celebración no solo enriquece la fe, sino que ayuda a los sacerdotes a “celebrar mejor”. En una reciente entrevista concedida al diario italiano Il Giornale, el purpurado guineano ha abordado el impacto del rito tradicional en la Iglesia contemporánea y ha criticado duramente las recientes restricciones impuestas a su celebración.
- Síguenos en Google y añádenos como fuente preferida
- Regístrate en el boletín gratuito y recibe un avance de los contenidos
Influencia positiva
En la entrevista, Sarah destacó que el contacto con la forma extraordinaria del rito romano, comúnmente llamada misa en latín, ha tenido un efecto sanador en la liturgia ordinaria. “Entre los efectos de la liberalización de la forma extraordinaria ha habido una influencia positiva, diría incluso corrección, de los posibles abusos en la celebración de la forma ordinaria”, explicó el cardenal.
Lejos de ver ambos ritos en contraposición, señaló que muchos presbíteros han atestiguado cómo el redescubrimiento de la liturgia antigua ha profundizado su reverencia y mejorado su manera de celebrar. El cardenal recordó la figura de Benedicto XVI, subrayando que su intención al liberalizar el uso del misal antiguo fue “profundamente humilde y democrática”: permitir al Pueblo de Dios elegir con el tiempo qué forma litúrgica se correspondía mejor con la vivencia de su fe.
Una humillación a Benedicto
Sin embargo, Sarah lamentó profundamente que este proceso fuera “truncado” por el motu proprio ‘Traditionis Custodes’, promulgado por Francisco mientras el Papa emérito aún vivía. Al ser preguntado por esta medida, el purpurado fue tajante: “No me pareció una elección sabia ni respetuosa”. Añadió que Benedicto XVI, “hombre manso como un cordero, se dejó humillar y, así, en el silencio y la oración, ofreció a Dios su sufrimiento” por la purificación de la Iglesia.
Ante las peticiones de algunos sectores de abrogar las restricciones al rito antiguo, el ex prefecto argumentó que la prohibición de una liturgia secular carece de sentido pastoral y teológico. “El acceso a las formas rituales reconocidas y existentes desde hace siglos nunca puede ser limitado artificialmente por decretos”, sentenció, recordando que si un rito no sirviera para nutrir la fe, “moriría autónomamente”.
El cardenal también dedicó unas palabras de admiración a los numerosos fieles que recorren decenas de kilómetros para poder asistir a una misa tradicional, describiendo este fenómeno –que considera en constante crecimiento– como una “gran expresión de amor a Dios”. En este sentido, Sarah hizo un llamamiento a la jerarquía católica para que sepa “leer los signos de los tiempos actuales, y no los del 68”. De hecho, achacó la actual aversión al latín y al canto gregoriano a un problema puramente “anagráfico” (generacional) propio de los hijos de mayo del 68, pronosticando que estos prejuicios desaparecerán con ellos.
Finalmente, concluyó con una dura advertencia sobre la actitud de confrontación dentro del catolicismo. “No podemos como Iglesia hacer la guerra a quien participa devotamente en la misa, solo porque prefiere una forma en lugar de otra”, afirmó el cardenal Sarah, concluyendo que marginar a estos fieles es “un comportamiento miope y del todo ideológico, por tanto no pastoral y no cristiano. Es dañino, destructivo para la Iglesia”.
Estas reflexiones se enmarcan en el lanzamiento de su último libro, ‘El Cántico del Cordero. Música sagrada y liturgia celestial’, coescrito con Peter Cater y publicado por la editorial Cantagalli, donde el cardenal vuelve a alertar sobre los excesos y abusos en el culto divino.


