1. Escenarios disruptivos
En estos días las noticias en los medios suelen estar impregnadas de escenarios violentos: marchas, saqueos, guerras, invasiones, genocidio en Palestina, complicidad de líderes hacía estados terroristas como Israel o Irán, etc.
- Síguenos en Google y añádenos como fuente preferida
- Regístrate en el boletín gratuito y recibe un avance de los contenidos
Varias imágenes muestran manifestaciones que rompen la “habitual rutina”.
En estos escenarios violentos, hay personas que proponen escenarios disruptivos: porque no buscan la guerra, sino la paz; no alientan la violencia, sino que instan al diálogo y buscan soluciones.
2. Fe disruptiva
Con la revelación de Jesús, mesías nacido en Palestina, la fe cristiana es una propuesta transformadora. Anteriormente hemos hecho una reflexión sobre esta dimensión, en especial porque la gracia, es decir, el amor de Dios, es así porque:
- se ofrece gratuitamente y, de manera particular, en la debilidad,
- nos pone de pie para emprender el camino,
- transforma la situación en presencia que fortalece, porque ahí donde falta vigor (debilidad), la acción gratuita de Dios irrumpe de manera sinodal, porque está “junto con”,
- no favorece estoicos ni la mentalidad de súper humanos que “todo lo pueden”, sino que asume y convive con las personas en sus situaciones vitales, incluso en rebeldía y debilidad(Curia, Christian – Está y es disruptivo, 2024).
Y, sin embargo, pareciera que nos hemos adormecidos o pusimos tantos “peros” que se llega a afirmar lo contario y no se nos mueve ni un músculo de la cara. Hoy, pareciera, que ser cristiano es un placebo psico – espiritualista, donde se predica una fe de autoayuda y evasiva de la realidad, buscando escondernos en llagas, en que misionar es solo “decir una frase políticamente correcta”, en donde decir “muchos” nos parece bien cuando en el evangelio se habla de todos. Y lo más asombroso es que hasta un ex papa recordó como jaculatoria esta convicción: “todos, todos, todos” (Francisco – JMJ, 2023) y seguimos con la rúbrica cambiada por un teólogo bávaro de “muchos”… y todo como si nada. Algunos piensan que es algo menor, sin embargo, las palabras tienen más peso que un simple vocablo. Jesús nos reveló y enseñó una manera de orar (Padre Nuestro), y nosotros seguimos haciendo fórmulas “informativas” (por los enfermos, te lo pedimos señor; por los que sufren, escúchanos Señor, etc.), o con influencias dualistas, pecadocentristas, egocéntricas, etc., porque pareciera que da pereza orar al estilo del Nazareno. Como hemos referido la semana pasada, a veces, se da la sensación que se entendiera a la oración como una manera de sacarnos responsabilidades para que “Dios actúe” en nuestro lugar.
3. La Oración es revolucionaria
La propuesta cristiana de oración, desde el Evangelio, pasando por varios momentos de la historia hasta el presente, es una manera de ser, vivir y convivir de manera disruptiva, porque la experimentamos como:
a. Encuentro connatural
Mientras los fariseos de ayer y de hoy, predican una oración intimista, Jesús la presenta como algo habitual, que surge de la misma cultura: revela a Dios como “Abba”. Para los cristianos la cultura es otro espacio connatural, mientras que para los fanáticos la fe se impone sin respetar la idiosincrasia de los pueblos. Sin embargo, es el modo de vida en el cual se comunica la manera de vincularse y enriquecer todas las características vitales (De Vos, Frans, 2002, pág. 53). Así comprendida, las comunidades expresan allí sus dones más preciados y, a la vez, son capaces de transformación desde distintas experiencias epocales y generacionales. Los que manifestamos nuestra adhesión al Nazareno, la misma se constituye en talante existencial en el diálogo cultural, porque el Mesías nació en Palestina y vivió inmerso en aquella cultura.
Para los cristianos, el diálogo entre cultura, interioridad y divinidad se manifiesta también en la oración. Creemos que la Trinidad, por su unidad y diversidad de personas, está junto a la idiosincrasia de los pueblos, y por la Encarnación la cultura constituye otro ámbito natural de la experiencia cristiana. Es por esto que el religioso no debe rezar, sino que es orante por naturaleza. La vida en el Paráclito constituye una forma de ser, no tanto la repetición de actos piadosos. Quizás en siglos anteriores, embebidos de un clima productivista, la plegaria se transformó en un recurso más de las numerosas actividades que se debían hacer. Tal vez por un mercantilismo espiritual, se convirtió en una herramienta de trueque para conseguir un beneficio de parte de Dios. Incluso, algunas veces, se la consideró como un escudo protector contra el mal o las tentaciones. En algún período de la historia eclesiástica fue considerada el arma para vencer a los supuestos enemigos o para que pérfidos y paganos se conviertan.
b. Encuentro escandaloso
Continuadores del proyecto liberador de Jesús, nuestra oración adquiere un estilo semejante al suyo, que lo hizo patente en el Padre Nuestro. Es una oración unida a la caridad, al partir el pan, al lavar los pies, al acompañar al ser humano en su realidad, etc. Allí, más allá de su estructura y de ser un texto, es una invitación a una configuración existencial. Ante el pedido de los discípulos “Señor enséñanos a orar” (Lc. 11, 1), el Nazareno nos propone una dinámica dialogal. Podemos interpretar que lo primero que hace es mencionar a alguien (Padre). Luego dice cualidades de él (Nuestro, que estás en el cielo, Santificado sea tu nombre). Y, por último, realiza las peticiones (Venga a nosotros tu Reino, Hágase tu voluntad… Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas, No nos dejes caer en la tentación y libranos del mal). Esta identidad, la expresamos en la liturgia (Plegarias Eucarísticas) y varios textos de piedad que se basan en el Evangelio (Alégrate María, llena eres de gracia…).
Empezar la oración con una palabra tan contundente como “Abba”, además de implicar la connaturalidad y el vínculo con Dios, podríamos interpretar que es una vinculación con quien nos comunicamos y nos ha encontrado. El vocablo tan cercano y cotidiano se hace plegaria. ¡La oración es relación cotidiana y cercana con quien ha salido a buscarnos!
El talante de la oración parece sencillo y, sin embargo, no lo es. Por un lado, estimula a los creyentes a descentrarse de sí mismos para entrar en comunión con la cultura y lo divino. El misterio del Abba/Imma nos propone contemplarlo descubriendo sus cualidades y dejándonos fascinar por ellas en la realidad. Por otro, es una fuerte exhortación para constituirnos parte de una vivencia comunitario – eclesial en el que prevalece el nosotros al yo. Es por esta razón que, en un ambiente comerciante y egocéntrico, la oración es escándalo y locura, porque nos invita a contemplar la realidad y a la Trinidad para dejarnos trasformar por lo contemplado y desde allí, proponer la buena noticia del Reino a las personas, invitándolas a un gozo y a un proceso de liberación. Porque la plegaria vive a Dios como “nuestro” no de uno, como quien quiere que todos acepten la oferta libre de la salvación y del gozo, porque es quien llama a todos no a unos y ofrece una mesa amplia en donde todas las personas tienen su lugar.
La oración es escandalosa porque, además, estimula al reconocimiento de bondad, belleza y bien que hay en el mundo y en las personas (Concilio Vaticano II – GS, 1965) (#15-17, 57) y, a su vez, exige la acción para colaborar en la transformación. Estos momentos están unidos, son parte de un mismo proceso. Si alguno de ellos es aislado del otro, correríamos el riesgo de caer en varias tentaciones recurrentes: pietismo, alienación, activismo, ONG Piadosa, autoayuda espiritualista, etc. Es decir, seríamos una religión burguesa y de cristiandad que ha puesto en sus propios casilleros mentales a Dios.
c. Encuentro coloquial
La oración en la fe cristiana es fruto del encuentro y expresión de amor que une a las personas “encontradas”. Orar es en realidad una consecuencia: somos buscados y brindamos respuestas. Desde el testimonio en que el “soplo de Dios aleteaba sobre las aguas” (Gn. 1, 2) hasta nuestra experiencia pascual, la vida es un constante encuentro de las interioridades que se abren a los demás, favoreciendo el descubrimiento de la alteridad que saborea la existencia.
Posiblemente al principio de nuestra experiencia de fe necesitamos instrumentales que nos inicien en el encuentro, al pasar situaciones hierofánicas fuimos aprendiendo que la oración es como la brisa suave (1 Rey. 19, 12), como la respiración cotidiana, como el saborear la vida en cada bocado, como la contemplación (auditiva y visual), como la percepción de la suavidad, de la temperatura, la extensión, anchura, altura, profundidad de un amor que nos “rodea por detrás y por delante” (Sal. 139/138, 5). Desde esta perspectiva la oración se transforma “en vigor, origen, meta de los profundos ríos de la vida” (CEA – LdH III, 1981, pág. 909). Y muchas veces esos instrumentales tienen su utilidad en situaciones que nos mantienen en el rumbo cuando las tempestades llegan a la vida.
En la comunidad de fe disponemos de diversidad de recursos que nos pueden ayudar a ir creciendo en estos encuentros oracionales, pero no para aferrarnos como “lo único que sirve”, sino que necesitamos confiar en la asistencia del Paráclito, como lo hemos recordado, en la “inventiva y agilidad para buscar formas y ritmos nuevos de acuerdo con los tiempos que vivimos (…) No se trata simplemente de mantener o de revivir las costumbres de antes. Se trata de ser creativos: encontrar nuevas formas de hacer oración” (De Vos, Frans, 1984, pág. 27). Es decir, nuevos estilos de encuentros entre las personas y la Trinidad, entre las comunidades y las particularidades existenciales. Recordando siempre que todo recurso, antiguo o nuevo, es un elemento para crecer en comunión con el misterio de amor que puso su morada entre nosotros (Jn. 1, 14) y que por eso estamos desbordantes de alegría (Sal. 126/125, 3). Toda técnica vivida desde la presencia de Dios nos impulsará a exultar y cantar: “Bendeciré al Señor en todo tiempo, su alabanza estará siempre en mis labios. Mi alma se gloría en el Señor: que lo oigan los humildes y se alegren (…) ¡Gusten y vean que bueno es el Señor!” (Sal. 34/33, 2 – 3; 9).
4. Plegaria
Trinidad del amor que oras en y con nosotros, te damos gracias por tu cercanía y presencia siempre. Te solicitamos que tengamos “conmoción que nos haga salir del letargo letal. Conmoción para tu pueblo, Señor, que nos de libertad para andar y cambiar”.
Queremos que tu impulso nos estimule a movernos, para “¡que el miedo no pueda más! ¡para gritar a viva voz qué ganas de cambiar! ¡ya no podemos seguir así, como si nada!”
Te pedimos que creer en vos y rezar a tu modo, nos haga salir “¡de la inoperante tibieza, de cuevas y vergüenzas ya no más! (Martínez, Pablo, 2012).
#catequesisrenovada #pensarlacatequesis #fransdevos #christiancuria #leonxiv
Bibliografía
CEA – LdH III. (1981). Liturgia de las Horas. T. III. Barcelona: Regina.
Concilio Vaticano II – Gaudium Et Spes (1965). Obtenido de https://www.vatican.va
Curia, Christian – Está y es disruptivo. (2024). https://www.vidanuevadigital.com/tribuna/esta-y-es-disruptivo/.
De Vos, Frans. (1984). La oración en familia hoy. Didascalia, 27.
De Vos, Frans. (2002). Pensar la Catequesis. CABA: Claretiana.
Francisco – JMJ. (2023). Obtenido de https://www.vatican.va
Martínez, Pablo (2012). Conmoción. Rosario, Santa Fe, Argentina. Obtenido de https://youtube.com

