Tribuna

¡Somos hijos libres… somos santos!, estimado León (segunda parte)

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Continuando con la reflexión de la semana pasada, queremos indagar propuestas en la acción evangelizadora, después de haber oteado en la vida y en la perspectiva cristiana la libertad.



1.     En la práctica pastoral

En estos días, durante el viaje realizado por el obispo de Roma a España, especialmente en Barcelona, ante la pregunta de Renzo si quería ser papa, le responde: “no quería ser Papa, ni como joven ni como viejo, pero cuando el Señor llama hay que decir sí” (León XIV – Viaje a España, 2026). Al escuchar esa frase un profundo estupor se apoderó… Porque esa afirmación es sumamente peligrosa y más proveniente de un líder religioso en donde algunas corrientes espiritualoides pueden tomarla para justificar su fundamentalismo. O incluso algunos extremistas políticos tendrán leña para decir: “la iglesia quiere que obedezcas”.

Los motivos del por qué se dijo tal respuesta, solo las conoce Prevost. Sin ánimo de confrontación, me parece que hay algunos indicios pastorales de la iglesia que contradicen dicha afirmación. Nos animamos a puntualizar los siguientes:

  • Los creyentes somos peritos de la fe en libertad, porque ella quiere suscitar discípulos autónomos en un proceso de rastreo del Maestro.
  • Dios quiere revelarse… no obliga a creerle (Concilio Vaticano II – DV, 1965) (#2).
  • Jesús, el mesías nacido en Palestina, es verdaderamente libre y quiere discípulos a su forma de ser: “El camino del cristiano es una senda de crecimiento en la libertad. Cuanto más nos acercamos a Cristo, más libres nos hacemos. Hemos sido rescatados de la esclavitud para vivir a la manera de hijos. Nuestra relación con Dios es garantía y expansión de libertad” (De Vos, Frans, 2002, pág. 66). Él vive y deja vivir en libertad. Sin ella la adhesión cristiana carece de sentido. Una persona libre es el deleite de Dios. Una libertad que deja a Dios ser Dios y que los seres humanos respondan de diferentes maneras, estilos y buscando el sentido de la vida. Es la libertad que ama al ser humano, ayudándolo mayéuticamente a responder.
  • Una libertad auténticamente cristiana, es decir, donde no reina la uniformidad, ni todos hacemos lo mismo, ni tenemos que decir ciegamente que si, porque:

“Tal es el misterio de la libertad del Hombre, dice Dios, y de mi compartimiento con él y con su libertad. Si lo sostengo demasiado, ya no es libre, si no lo sostengo bastante, cae. Si lo sostengo demasiado, expongo su libertad, si no lo sostengo bastante, expongo su salvación: dos bienes en cierto sentido casi igualmente preciosos (…) ¿Le gusta a alguien ser amado por esclavos? Cuando se ha conocido una vez lo que es ser amado libremente, las sumisiones carecen totalmente de gusto. Cuando se ha conocido lo que es ser amado, por hombres libres, los servilismos de los esclavos ya no nos dicen nada” (Torres Queiruga, Andrés, 1995, pág. 218).

  • Pablo nos recuerda que “esta es la libertad que nos ha dado Cristo. Manténganse firmes para no caer de nuevo bajo el yugo de la esclavitud” (Gal. 5, 2).
  • Todas las personas poseemos libertad de conciencia (Concilio Vaticano II – GS, 1965) (#16) y, por lo tanto, es un derecho incluso de los bautizados a actuar libremente en la vida pública sin imposiciones y ser respetados/valorados por optar caminos diferentes.
  • Los cristianos tenemos derecho a investigar en el fascinante mundo de la teología sin autores prohibidos ni con esquemas teológicos impuestos. Y, por ende, a ser valorados por las diferentes opciones teológicas realizadas sin que existan organismos ni jerarcas que prohíban o cercenen la libre expresión.
  • Los cristianos tenemos la libertad de autocriticarnos sabiendo que eso no daña la comunión ni la fraternidad, sino que son herramientas que ayudan al crecimiento comunitario, porque es un antídoto social ante el surgimiento de alguna postura o lineamiento que contradice el espíritu del evangelio.
  • La libertad cristiana nos exhorta a discernir, buscar y suscitar ministerios eclesiales que favorezcan la celebración comunitaria, sin por esto aferrarnos a modelos pretéritos.
  • La libertad en Cristo nos exige vivir, celebrar y anunciar con los matices propios de cada cultura.
  • Por la identidad con el Resucitado, todos los cristianos somos responsables y partícipes de la elección de las autoridades, tanto civiles como eclesiásticas, porque la libertad nos exige que lo que “atañe a todos debe ser resuelto por todos” dice Justino, Padre de la Iglesia(González Faus, José Ignacio, 1992).
  • Todos los cristianos, en la diversidad de funciones, tenemos derecho y el deber de respetar las diferentes elecciones de vida que las personas y sociedades eligen, proponiendo los lineamientos vitales de nuestra opción democrática y republicana, manifestando la oposición a todo movimiento totalitario, etc.

Si a Dios hay que decirle que si… ¿qué Dios es ese? Si a Dios hay que decirle que sí ¿qué religión es esa? Si el Dios todopoderoso, pone en riesgo su ser por un “no”, más que Dios, es una caricatura religiosa… Y en esto, querido León, espero que tu devoción a un santo que pasó por el maniqueísmo y pelagianismo, no te haya condicionado en responder de esa manera. Como hermano en la fe, me permito, proponerte que desde Jesús busquemos vivir y suscitar las iglesias que viven en la gozosa libertad de los hijos de Dios.

Somos Libres I

Cuando Jesús nos presenta la experiencia de Dios, es padre/madre, no deja de serlo por el no de uno de sus hijos…

Intentando responder con la pregunta que Andrés Torres Queiruga nos plantea en la cita mencionada: ¿Le gusta a alguien ser amado por esclavos?”, querido León, el mismo Jesús responde categóricamente con un “no”, porque nos llama amigos y los amigos no está obligados a decir que si, porque si lo hiciera ya no es un igual, sino un esclavo.

2.     Plegaria

Trinidad de la libertad, es justo y necesario darte gracias,
porque nos hiciste sacerdotes, profetas y animadores de la comunidad,
porque de ti emana el ser cristiano como estilo de vida,
porque nos recuerdas que nuestra existencia es desde quien nos convoca amándonos,
porque nos propones hacernos a nosotros mismos y construir nuestro destino,
porque nos impulsas a la autonomía creciendo en la filiación y fraternidad,
porque suscitas un proceso de liberación ayudándonos a aceptarnos, a discernir un proyecto de vida,
a buscar la verdad en diálogo, porque certificas tu deleite cuando somos libres.

Trinidad de la conmoción,
te damos gracias por Jesús, hombre libre y liberador, escándalo y locura,
porque él nos enseña a vivir la libertad de forma evangélica,
porque él es libre frente a su entorno social, político e institucional
cuestionando las jerarquías que se presentan como monopolio de la verdad y que oprimen,
porque él elige y convoca siendo libre en las relaciones sociales,
incluyendo en su seguimiento a las personas sin importar la condición sexual, económica, religiosa, etc.

Trinidad de la autonomía,
te pedimos que seamos comunidades abiertas y libres,
que evitemos la uniformidad, el adoctrinamiento militante, el ritualismo vacío,
que nuestra forma de ser favorezca el proyecto de liberación personal y comunitario en un ambiente de autorrealización,
que al asumir el estilo del Nazarenos rompamos todo ambiente subyugador.

#catequesisrenovada #pensarlacatequesis #fransdevos #christiancuria #ElGustoDeVivir #tecreo #unpocodeairefresco #entornoalamesa #lavidanosdaseñales #unaaventuramaravillosa

Trabajos citados

Concilio Vaticano II – Dei Verbum (18 de Noviembre de 1965). Obtenido de https://www.vatican.va
Concilio Vaticano II – Gaudium et Spes (1965). Obtenido de https://www.vatican.va
De Vos, Frans. (2002). Pensar la Catequesis. Buenos Aires: Claretiana.
González Faus, José Ignacio. (1992). Ningún obispo impuesto (San Celestino, papa). Las elecciones episcopales en la historia de la Iglesia. Madrid: Sal Terrae.
León XIV – Viaje a España (2026). Obtenido de https://www.vatican.va
Torres Queiruga, Andrés. (1995). Recuperar la Salvación. Para una interpretación liberadores de la experiencia cristiana. Madrid: Sal Terrae.