Tribuna

¡Somos catequesis con Espíritu… somos santos! (II)

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1. ¡Gratuidad!

La primera resonancia que llega a nuestro corazón es que ser y hacer catequesis es un don, un regalo… ¡una inspiración! Continuando desde lo contemplado la semana anterior (Curia, Christian – Somos catequesis – I, 2026) en cómo la iglesia considera a la catequesis en el magisterio, nos parece pertinente, en esta columna, detenernos en la vocación catequística…



Con respecto a ella, hay algunas miradas que la consideran una delegación de la jerarquía, otras la contemplamos como una consecuencia del sacerdocio bautismal (De Vos, Frans, 2019), y varias como una mera acción… Nosotros ya lo hemos expresado ampliamente, nos ubicamos en la corriente de gracia que es el movimiento catequético y el Concilio Vaticano II como espacios comunitarios-eclesiales, desde donde seguimos haciendo resonar la voz del único maestro (Juan Pablo II – CT, 1979) (#5-6). Y si eso provoca algunas discrepancias, como diría Gandalf a Bilbo Bolson en la película “El Hobbit, una viaje inesperado”, cuando afirma que él se alegra que haya un mago diferente (Jackson, 2012).

Ser y hacer catequesis… es una acción teándrica, es decir, divino – humana. En donde la iniciativa de la Trinidad nos precede y nosotros, a nuestro ritmo, vamos respondiendo y trabajando juntos en la propuesta.

Hablar de gratuidad, es decir, de Don, nos hace revivir a la espiritualidad catequística, como esa experiencia de fe que hace resonar que el Espíritu está implicado con la historia siendo vigor del misterio divino. El Doctor en Humanidad, en el siglo XIII, nos invita a meditar que en:

“Dios, don, es tomado en sentido personal, es el nombre propio del Espíritu Santo… Don es propiamente entrega sin deber de devolución, esto es que no se entrega con intención de recibir algo a cambio, esto implica donación gratuita” (de Aquino, Tomás – STh I, 1998) (I, q. 38. a. 2. Ad).

Por ello, la espiritualidad es gratuidad… no es algo que implica repetir ritos para satisfacer a Dios. ¡Es un testimonio de amor!, porque la Trinidad no es comerciante ni mercantilista, no pide nada a cambio, sino que el don es por y para nuestra transfiguración. Ella no contabiliza nuestras faltas ni nuestros incumplimientos al don recibido, si lo hiciera no sería el Misterio de amor revelado por Jesús.

Vivir así la espiritualidad cristiana, ¡hace catequesis!, porque nos lleva a vivir cada recurso y medio religioso desde la gratitud por lo recibido y no como medios para obtener un premio. Las prácticas de piedad, tales como novenas, rosarios, viacrucis, indulgencias, ritos, etc., no son pagos que cancelan una deuda. Los creyentes impulsados por la vitalidad divina, creemos que Dios es “amor derramado en nuestros corazones, por el Espíritu Santo que nos ha sido dado” (Rom. 5, 5). La dimensión transformadora de un don expresa el sentido comunitario de la fe, porque tiene como beneficiarios a otras personas, no es una autoayuda. Ahora bien, ser interlocutores de este obsequio, implica que quien lo otorga cree en nosotros, y es respuesta de aprecio continuar el crecimiento de lo recibido. Por medio del Paráclito, somos transfigurados en testigos del actuar de Dios.

2. ¡Balbuceo!

El misterio de la Trinidad nos desborda y nos rodea. A menudo solemos separar la acción de cada una de ellas. Sin embargo, son una unidad vital. Por lo tanto, también el Espíritu Santo tiene una importancia fundamental en la obra de la Redención. En el Primer Testamento suscita a los Jueces, consagra a los Reyes, su efusión llega a toda persona incluso a los que no son parte del grupo, actúa en los profetas, anuncia al Siervo de Yahvé (Jc. 14, 6; 1 Sam. 11, 6; 10, 1; 16, 13; Ez. 3, 14; 9, 29. Is. 42, 1; 61; 1 ss; 63, 9 – 14; 8, 11; Jer. 1, 9; 15, 17). En el Segundo Testamento, encontramos que unge, envía, engendra al Mesías y se derrama en él (Lc. 4, 16 – 21; 3, 16; 4, 14; Mc. 1, 10. Is. 48, 16. Lc. 1, 31-35; Mt. 1, 20. 3, 11), que lo posee, se estremece de gozo y lo brinda (Lc. 10, 21; Mt. 11, 25. Jn. 20, 19-20). Impulsa e instaura el tiempo eclesiológico, nos recuerda el Concilio Vaticano II (Concilio Vaticano II – LG, 1965) (# 4). Es considerado el corazón que mantiene vivos a todos: “porque vivifica y une visiblemente a la Iglesia” (de Aquino, Tomás – STh III, 1998) (q. 8 a. 1 ad. 3). El Paráclito anima el curso de los tiempos y renueva la faz de la tierra (GS #26), plenifica a la comunidad de hermanos y nos exhorta a ser mensajeros (Concilio Vaticano II – UR, 1964)(#3; 22, Gál. 4, 4; Rom. 8, 15).

En la acción litúrgica, es a quien se invoca para la transubstanciación o consagración, introduciéndonos en la Eucaristía como un sólo cuerpo y pueblo, revelándonos la intimidad de Dios (1ª Cor. 2, 11.  Jn. 6). Es el que reaviva y fortalece nuestra vocación, que está fundamentada en el Bautismo y la Confirmación, pero también se nutre de las diferentes semillas de Dios que existen en el mundo y de la manera en que derrama su gracia, “solo por él conocida” (Concilio Vaticano II – GS, 1965) (#22).

El Espíritu es el dador de vida, que transforma:

  • las situaciones de la vetustez de la letra, en la novedad,
  • de la obsecuencia a la autoridad a la libertad de los hijos de Dios,
  • de un destino manifiesto a un discernimiento comunitario,
  • de una centralidad casi autoritaria a una vivencia eclesial de la ministerialidad de todos.

Catequesis Con Espiritu

3. ¡Integral!

La vida en el espíritu nutre toda la existencia de las personas que, movidas por él, dan un paso de fe. Por este motivo, esa vivencia es una acción pastoral que afecta a todas sus dimensiones que “da sentido a la vida” (CEA – JEP, 1988) (#50-51). Tal es así que donde el Paráclito actúa, ahí los creyentes siguiendo a Jesús, somos catequesis certificando la vitalidad en abundancia que hemos recibido de él. Es decir, que ningún aspecto queda exento de la espiritualidad, porque en él nos movemos y existimos (Hchs. 17, 28).

Desde ese misterio de amor que nos rebosa, y teniendo en cuenta que la catequesis es la forma de ser cristiano adaptada a cada época y lugar, nos parece oportuno recuperar algunos principios orientadores para una existencia en el espíritu en este tiempo eclesial y para vivir nuestro ministerio catequístico. Además de la experiencia pascual y la Sagrada Escritura, existen acontecimientos medulares que guían su puesta en práctica. Una de ellas es el Concilio Vaticano II que pone el acento en estas dimensiones para la identidad cristiana:

  • Más evangélica, pascual y trinitaria.
  • Atenta a los acontecimientos históricos y comprometida con la liberación de todo tipo de esclavitudes.
  • En diálogo con las diferentes culturas y abierta a las diversas antropologías y experiencias de Dios.
  • Contextualizando y favoreciendo las numerosas eclesiologías.
  • Aggiornada, Colegiada o sinodal.
  • Con fidelidad a Dios y al ser humano.
  • Con Alegría de la fe.

La espiritualidad es acción del Espíritu, es nuestra identidad, pasión, participación, filiación, fraternidad, gracia, gozo, adhesión, anhelo, amante, acompañamiento, testigo, memoria, aggiornamento, revelación, fiesta, humanización, profecía, libertad, santidad, oración, contagio, etc. … dejando el corazón y la puerta abierta para seguir sorprendiéndonos con el misterio de la Trinidad que se hace encontradizo.

Es decir: ¡para, durante y en toda la vida! Por eso, somos “catequesis con espíritu, somos santos”. La foto que encabeza la columna, es Frans De Vos ya padeciendo el mal del Parkinson disfrazado de payaso para un día del niño en la parroquia San Pío X de Temperley, Argentina, y quiere testimoniar la manera de vivir y hacer catequesis que él nos compartió.

4. Plegaria

Durante este mes de agosto, elevaremos juntos esta plegaria para seguir haciendo catequesis, especialmente, con la vida de un santo catequista: Frans De Vos, padre de la Catequesis renovada en Argentina.

Bendita seas, Trinidad, fiel y llena de ternura, es bello y necesario alabarte siempre y en todo lugar, porque sos presencia tierna, bondadosa y cercana.

Te damos gracias, por nuestro amado, admirado y venerado Frans, cuando él hablaba de Instituto Superior de Catequesis de Argentina, le llegaba al corazón, así nos encontramos hoy al balbucear sobre tu presencia en su vida.

Te damos gracias, porque su santidad, es catequesis de tu amor.

Te damos gracias por cada experiencia, reflexión, celebración, risa, lágrima, etc., pero muy especialmente el tiempo compartido con Frans, porque con él vivimos y aprendimos a gustar que bueno es el Señor, que el Evangelio es memoria, identidad, celebración y el sentido de nuestra misión como catequistas. Junto con tantos catequistas, renovando nuestra fe y misión expresamos: Aquí estamos, envíanos.

Gracias Frans, padre de la catequesis renovada, por encontrar y suscitar la alegría de la fe en un mundo en cambio, por ser padre, amigo, maestro y testigo de Dios… y, utilizando las palabras de Pedro a Jesús, lo demás “tú lo sabes todo”, reza por nosotros para que, como catequistas, continuemos haciendo eco del Dios revelado por Jesús, que vive, reina y nos ama por los siglos de los siglos. Amén.

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Bibliografía

CEA – JEP. (1988). Juntos para una evangelización permanente. CABA: Oficina del Libro.
Concilio Vaticano II – Gaudium et Spes (1965). Obtenido de https://www.vatican.va/
Concilio Vaticano II – Lumen Gentium (1965). Obtenido de https://www.vatican.va/
Concilio Vaticano II – Unitatis Redintegratio (1964). Obtenido de https://www.vatican.va/
Curia, Christian – Somos catequesis – I (2026). Obtenido de https://www.vidanuevadigital.com/
de Aquino, Tomás – STh I. (1998). Suma Teológica. CABA: BAC.
de Aquino, Tomás – STh III. (1998). Suma Teológica. Buenos Aires: BAC (Biblioteca de Autores Cristianos).
De Vos, Frans. (2019). Metodología Catequística. CABA: Claretiana.
Jackson, P. (Dirección). (2012). El Hobbit. Un viaje inesperado [Película]
Juan Pablo II – Catechesi Tradendae (1979). Obtenido de https://www.vatican.va/