Tribuna

¡Somos amigos… somos santos!

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1.     En la vida cotidiana

Un abrazo, un oído, una charla sincera de amigos. Mano a mano y un buen vino. Y con tantos momentos vividos, si ya te lo dije, lo repito, que si se trata de un amigo no hay horario vos podés llamar. Y no te vayas a olvidar, si las cosas no están bien acá estoy yo, tenés mi hombro pa’ llorar y una banda que te aguanta el corazón. En casa tenés lugar, si no hay cama te tiramos un colchón” (Torres, Benja, 2026).



El 18 de junio de este año, día glorioso si los hay, este cantante dio a conocer una melodía que hace vibrar el corazón por la honda experiencia de amor que se da en la amistad. En la letra, breve, pero con una profundidad maravillosa, expresa que en la relación de amistad “no hay necesidad” ni superioridad de uno hacia otro. Los amigos, con la mano dan también el corazón (Moreno, Juan Carlos & Ruppel, Clemente), hacen un lugar en la casa y hasta ofrecen la posibilidad de ingresar a la intimidad de la existencia , compartir todo lo que sucede en el hogar…

En la canción de Benja, se hace referencia a una expresión muy argentina de “tirar un colchón” como manifestación que indica que hay lugar para todos, no importa las condiciones, porque lo importante es la presencia de la persona, del amigo…

En la amistad se dispone todo para las personas que se unen en el amor amical hasta el hombro para llorar “si estás bajón”.

2.     En la fe cristiana

Mientras muchas corrientes de pensamiento y pseudo espiritualidad predican una “indignidad humana” y que ésta es menesterosa, la fe cristiana rompe esa prédica testimoniando la hermosa vivencia de creer en un Dios que nos hace partícipes de su misterio y propuesta, comunicándose: “los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi padre” (Jn. 15, 15).

Toda una ruptura: ¡Dios nos llama amigos, nos hace lugar en su vida, en su casa, en su mesa! El Dios que predica Jesús, no es el que exige un “hombre digno” sino aquel que se vuelca hasta nuestra dignidad haciéndonos consortes de su naturaleza (Concilio Vaticano II – DV, 1965) (#2) e invitándonos a injertarnos y configurarnos con él.

El don de la amistad revela que las personas, humanas y divinas, no somos solitarias, porque la convivencia con los demás favorece el crecimiento mutuo. Siendo una dimensión medular en la espiritualidad del creyente, porque, así como vive esta familiaridad con Dios se compartirá con quienes convive y viceversa.

En la fe cristiana, la Trinidad y la humanidad están en armonía y sin reproches. Es decir, que ni Dios saca tiempo a los vínculos humanos, ni ellos rompen la afinidad con la divinidad. Si se llegara a vivir un quiebre en ellas ya estaríamos en un itinerario dañino en alguna de las partes.

La amistad es la comunión vital, que es unión en la diversidad, causada por el amor (de Aquino, Tomás – STh I – II, 1998) (I – II, q 27, a 3). Es el (o la) ágape, quien hace concordar las múltiples relaciones humanas entre sí y con el misterio de fe que la orienta, por este motivo coincidimos con este autor francés cuando afirma que la amistad es el encuentro entre apegos de benevolencia recíprocos (Philippe, Paul, 1938). Esta unión, es la que revela la espiritualidad vivida desde la ligazón existencial, porque es descentrada de sí misma y focalizada en la caridad, sin menoscabo del amor propio.

La espiritualidad amistosa es la que surge de la libre elección entre quienes se aman. Especie de enlace que nos hace estar atentos, sensibles y alegres con la existencia de los amigos. Esta acción deliberada motiva la búsqueda del bien de las personas amadas, por ello la realización del amigo termina siendo una prolongación de su alegría. La amistad es alegría, presencia y solidaridad que se amplía con otros seres, como lo afirmara el Doctor Angelicus: “Necesita el hombre para obrar virtuosamente el auxilio de los amigos, tanto en las obras de vida activa como en la de vida contemplativa” (de Aquino, Tomás – STh I – II, 1998) (q 4, a 8). La vida en el espíritu, desde la amistad, comparte públicamente uno de los vínculos con el que la Trinidad quiere manifestar su cariño y, a la vez, hace visible nuestra forma de creer.

En la experiencia cristiana de la fe, esta participación también la podríamos vislumbrar en la herencia, ministerialidad y redención.

Somos Amigos Somos Santos II

3.     En la práctica pastoral

Desde lo cotidiano y la fe cristiana, la amistad teándrica (divina – humana), requiere algunas reformas “pastorales”. Es decir, revisar las maneras y las formas en cómo presentamos la experiencia de un Dios que nos llama amigos, como otro igual. Para eso queremos recordar lo escrito en el libro “Te creo” (Curia, Christian, 2013), cuando expresamos que es imperioso:

  • Manifestar más la Buena Noticia. La pastoral de la conversión sin una propuesta a seguir cae en saco roto. Las personas nos convertimos cuando encontramos algo o alguien que vale la pena seguir.
  • Insistir más en la bondad del ser humano y en el Cristocentrismo, y no tanto en el “pecadocentrismo” y la Adanización del sujeto.
  • Que la terrible enseñanza del pecado original, no nos haga perder de vista la inocencia original dada por Dios, como le decía el obispo de Roma Inocencio III a Francisco de Asís en la película “Hermano Sol – Hermana Luna”.
  • Que Dios nos invita, nos crea libres para que podamos construir nuestro destino. ¡No nos obliga a decir que si!
  • Proponer estilos de vida de salvación. “No se puede salvar del pecado si no se cree en la redención (Sosa, Patricia, 1996). Sólo aquella persona que se encuentra con el bien, y se descubre amada, cambia, se transforma, se convierte y para eso requiere de personas y comunidades que manifiesten el amor que creen porque con ellos tenemos “una banda que te aguanta el corazón, porque somos familia” (Torres, Benja, 2026).
  • Desterrar de la vida comunitaria un estilo de autosuficiencia.
  • Anular la visión farisaica de la ley, de los mandamientos, de los sacramentos y de la voluntad de Dios.
  • No cosificar a la gracia. Muy a menudo pensamos y enseñamos que ella es sólo sacramental o institucional. Sin embargo, actúa más allá de los límites humanos e institucionales, sobrepasa nuestros criterios y lo hace en esos lugares o espacios “solo por Dios conocidos” (Concilio Vaticano II – GS, 1965) (#22). Se está en estado de gracia, incluso allá donde no hay presencia sacramental, porque es su amor: “la amistad con Dios es algo que no puede ser pagado, sino que ha de ser recibido con pura gratitud y ternura como don, como obsequio libre, generoso y desbordante. No hay gracia en lo necesario, exigido o debido, en lo que sólo puede ser comprado, cobrado o pagado” (Fernández, Víctor Manuel, 2011, págs. 16, 24).
  • Profundizar la catequesis y la vida eclesial como iniciación cristiana. El gran desafío de la pastoral catequística es des-temporalizar los sacramentos de Iniciación. Es decir, no preparar para un sacramento que se recibirá a un tiempo determinado, sino en el momento adecuado, no en el período establecido por los años sin proceso de fe, en la cual muchas veces exigimos una vida de creyentes, cuando no lo son, llevándolos a ponerlos “en ciertas situaciones de pecado”.
  • Ser cristianos alegres con caras de redimidos… porque solo quienes viven en la queja constante, llorisqueando lo vivido, que no se deleitan con la vida, son los que podrían vivir en solitariedad.

4.     Plegaria

Amados amigos que están el mundo, es bello y deleitable verlos compartir sus alegrías y tristezas, sus gozos y esperanzas, siempre y en todo lugar, porque, aunque no nos perciban, estamos.

Les queremos recordar que los llamamos y los amamos como amigos, porque en nuestra casa tienen un espacio, porque hasta les “ponemos un colchón”, porque en nuestra mesa todos tienen un lugar, porque el corazón de mi hijo está dispuesto a abrazarlos, a escucharlos, y por la fuerza del Espíritu, se los repetimos que podemos conversar “como una charla de amigos” y que no hay un horario para llamarnos.

Los amamos y orientamos todo nuestro amor para que sean felices y caminen por sus propios pies (De Vos, Frans, 1981).

Los miramos y recordamos tanta historia, tantos momentos compartidos, incluso cuando esos “bajones de la existencia” en los que parece que la noche los rodea… por eso, no se vayan a olvidar: ¡acá estamos!

Gracias porque a través de tus amigos, nos podemos seguir comunicando. Un abrazo desbordante de amor, de parte del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

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Bibliografía

Concilio Vaticano II – Dei Verbum (1965). Obtenido de https://www.vatican.va
Concilio Vaticano II – Gaudium et Spes (1965). Obtenido de https://www.vatican.va
Curia, Christian. (2013). Te creo. Una propuesta pastoral desde Jesús. CABA: Claretiana.
de Aquino, Tomás – STh I – II. (1998). Suma Teológica. CABA: BAC.
De Vos, Frans. (1981). Veinticinco años de sacerdote. La Semilla – Boletín Catequístico Diocesano(80), 1-3. Recuperado el 2025
Fernández, Víctor Manuel. (2011). Gracia. Nociones básicas para pensar la vida nueva. CABA: Ágape.
Moreno, Juan Carlos & Ruppel, Clemente (s.f.). La amistad si es verdadera. Recuperado el 2025
Philippe, Paul. (1938). Le rôle de l’amitié dans la vie chrétienne selon saint Thomas d´Aquin (El rol de la amistad en la vida cristiana según santo Tomas de Aquino). Roma: Angelicum.
Sosa, Patricia (1996). Pecados Capitales. doi:www.patriciasosa.com
Torres, Benja (2026). Himno de los amigos. Obtenido de https://youtube.com