En la cosmología griega, el mito ocupa un lugar preponderante debido al paradigma imperante en la época. Los griegos tenían la intuición de que las fuerzas de la naturaleza podían ser nombradas y comprendidas por el logos.
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El logos es un término griego polisémico que designa el “discurso” en general. Se habla así de una realidad abstracta que da sentido a la naturaleza.
Un caos dominado por los cuatro elementos
En la cosmogonía de Tales de Mileto, esta realidad es originariamente un caos dominado por los cuatro elementos: el fuego, el agua, la tierra y el aire. Entre ellos, el más significativo es el fuego, simbolizado por el dios Hefesto.
Sócrates estaba en profundo desacuerdo con la sofística por una razón simple: este pensamiento no busca la verdad, sino que se contenta con lo verosímil. Este diagnóstico se basa en la eterna dialéctica entre el aprendizaje y el develamiento.
Esta tensión será más tarde reexaminada por Friedrich Nietzsche, quien plantea la pregunta en ‘El nacimiento de la tragedia’ (1872): “¿El malvado Sócrates corrompió [a Platón] después de todo? ¿Habría sido Sócrates el corruptor de la juventud después de todo? ¿Merecía su veneno?”.
Para nosotros, pasado el tiempo, la pregunta puede hoy reformularse así: ¿por qué Sócrates evita hacer una lectura alegórica de un mito o de un relato?
