Tribuna

Servir en las piscinas de Lourdes

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Debido a la pandemia de Covid, en marzo de 2020, las piscinas de Lourdes cerraron al público por primera vez en sus cien años de historia. Hasta esa fecha, un promedio de unas 400.000 personas se bañaban en ellas cada año. Creo que reabrieron el verano pasado tras una importante renovación, no solo de la estructura, sino también de los aspectos de higiene y saneamiento.



Se han producido cambios profundos: primero, el número de piscinas se ha reducido; el toldo con sus bancos bajo los cuales antaño descansaban peregrinos y enfermos, en un constante murmullo de oraciones y jóvenes tocando la guitarra, ha sido renovado, con un estilo minimalista; el sistema de filtración y purificación del agua se ha adaptado a la normativa, lo cual me resulta curioso ya que la inmersión en Lourdes es un acto de fe y no un pasatiempo playero; y, el antiguo ‘peignoir’ –una toalla de lino– símbolo de la ablución que se usaba para cubrir la desnudez de los fieles, ha sido sustituido por una toalla desechable.

El ritual de inmersión en las piscinas de Lourdes –son habitaciones con bañeras– simboliza y renueva el Bautismo como signo de contrición y arrepentimiento, un gesto que abre los corazones a la gracia del Sacramento de la Reconciliación con el Señor y, sobre todo, con nosotros mismos.

Piscinas de Lourdes

Piscinas de Lourdes. Foto: Santuario de Lourdes

Las sencillas bañeras de piedra recuerdan las pilas bautismales del cristianismo primitivo. El protocolo sigue reglas esenciales que adquieren un significado profundo que va mucho más allá de nuestra percepción inmediata. Nadie puede bañarse solo, ni sanos ni enfermos, ni capaces ni incapaces. Los enfermos son sumergidos por necesidad objetiva.

Para que a los demás les quede claro el significado del rito, para descender los tres escalones de piedra, normalmente resbaladizos, son sostenidos por dos ‘piscineurs’ que los llevan en brazos con gestos prescritos e inmutables. Los ‘piscineurs’ simbolizan la necesidad de que cada uno reconozca sus propias debilidades, no solo físicas, sino sobre todo morales.

Alguien te sostiene

En las piscinas, el gesto es concreto; alguien te sostiene incluso cuando parece que puedes hacerlo solo. Así, comprendemos que debemos aceptar humildemente que aquellos que Dios pone a nuestro lado, ya sea por un corto tiempo o para toda la vida, pueden cuidarnos. Una vez que te hayan ayudado a desvestirte, se entra en la pequeña habitación de la bañera, donde te reciben tres ‘piscineurs’ del mismo sexo.

Cada persona está desnuda, pero, por pudor y respeto a la Virgen cuya imagen se encuentra en la pared del fondo de la bañera, te cubren con una toalla empapada en agua fría, que te ajustan bien al cuerpo. Está mojada porque, de lo contrario, podría levantarse al sumergirte en el agua, dejando al descubierto la desnudez.

El protocolo de los ‘piscineurs’ es riguroso: una hora antes de abrir, los voluntarios se reúnen en oración, recitando el Ave María en todos los idiomas mientras se arrodillan en el suelo. Se corren las cortinas de los vestuarios, la oración concluye con un Salve Regina en latín y, como acto de devoción y confianza en la Virgen María, besan el suelo.

Vestuario

Arriba se encuentra el vestuario donde se ponen sus uniformes, un delantal con el monograma NdL bordado en el pecho, un gesto que recuerda a Cristo que, al instituir la Eucaristía, se pone un delantal de siervo y, arrodillándose ante los apóstoles, les lava los pies.

Tuve el privilegio, de servir en las piscinas varios años. Fue la experiencia más conmovedora de mis peregrinaciones a Lourdes. Cada persona que sumergía en la piscina en ese preciso instante era la carne de Cristo en la cruz, sin importar si estaba sano o enfermo, era incrédulo, supersticioso, devoto, piadoso o curioso.

Cada vez, el milagro se renovaba, inundando mi corazón de una alegría inesperada e inmensa. He recibido muchas gracias por mi humilde labor como ‘piscineur’; y he sentido que el gran acto de amor de Jesús hacia quienes le sirven. Por esto y mucho más, gracias de todo corazón.


*Artículo original publicado en el número de septiembre de 2026 de Donne Chiesa Mondo. Traducción de Vida Nueva

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