Tengo en mis manos el libro de José Luís Martín Descalzo ‘María de Nazaret’, con sus bellos poemas que he utilizado muchas veces en la novena de la Virgen de las Cruces, la Patrona de Don Benito, a la que me voy a referir en este escrito. Pero además de sus poemas acabo de leer el primer artículo del referido libro que lleva por título ‘¿Está de moda la Virgen?’.
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En uno de sus párrafos escribe lo siguiente: “En el caso de la Virgen, es cierto que no está de moda en la televisión, en la movida de las gentes. Pero yo no conozco tema que atraiga más personas ni que conmueva más el corazón de auténticas multitudes silenciosas”.
Y es ese hecho el que quiero destacar referido a Don Benito y a su Patrona, la Virgen de las Cruces. Ella, en efecto, conmueve el corazón de este pueblo cuando viene desde su Ermita a la Ciudad para la novena que comenzamos el 3 de octubre y terminamos el 12, día de su Fiesta. Distancia de 7 kilómetros en los que viene y regresa acompañada por miles de fieles que la traen a hombros en unas bellas, pero muy pesadas andas, en todo el recorrido.
Pero aún más, quiero destacar la afluencia de fieles que asisten y llenan el templo cada día de la novena y lo que todavía es más digno de resaltar es que celebramos 5 novenas al día (a las 7:30, a las 8:30, a las 10:00, a las 18:00 y a las 20:00 horas) y que en todas se llena la iglesia, templo de la Parroquia de Santiago de enormes dimensiones, en el que caben unas 800 personas aproximadamente. Y el año de la Covid, para evitar el aglomeramiento, celebramos, de forma excepcional, 8 novenas diarias.
La primera, la de las siete y media, fue idea de D. Felipe Fernández García, cuyo primer destino pastoral fue el de coadjutor de esta parroquia, siendo posteriormente obispo de Ávila y Tenerife, y fue programada y así lo sigue siendo, como acogida e invitación a los jóvenes.
La última, la de las ocho de la tarde-noche, suele ser la más solemne, pues en ella participa cada día algún coro parroquial (hay 4 parroquias en Don Benito), o bien algún otro grupo musical de los muchos que existen en la ciudad como, por ejemplo, la Coral Dombenitense o el Grupo de Coros y Danzas “los Caramanchos”… y también algún otro Coro, por no tener cabida en la misa de las ocho de la noche, participa en alguna de las otras novenas.
Aparte de lo dicho, quiero añadir cómo cada día de la estancia de la imagen de la Virgen en el templo, pasan por él “infinidad” de personas a visitarla y multitud de grupos de escuelas, institutos, de centros de mayores, así como de guarderías de niños y de toda clase de centros (CAMF y CRMF) y otros centros de día.
Devoción y piedad popular
Es verdad, también, que todo lo dicho pertenece a lo que llamamos “la piedad popular” y no voy a ponerme ahora a expresar mi pensamiento u opinión al respecto. Pero sí me parece bien transcribir un par de citas importantes. Por una parte, para reafirmar su valor, y por otra, la necesidad de una puesta al día o necesidad permanente de reforma.
Comenzando por el papa Francisco, recordar cómo para él la devoción o piedad popular es un “lugar teológico” y una forma legítima de vivir la fe, no un conjunto de prácticas marginales. En su exhortación Evangelii Gaudium (122-126), la define como la “mística popular” que recoge las vibraciones del pueblo fiel de Dios, siendo una auténtica espiritualidad encarnada y una herramienta de evangelización.
Reina de millones de corazones
Por su parte, los obispos de Andalucía (ODISUR) se han referido al tema en varias ocasiones. Al respecto destaco el documento más reciente, la Carta Pastoral titulada ‘María, Estrella de la Evangelización. La fuerza evangelizadora de la Piedad Popular’, publicada en junio de 2023.
De dicho documento cito las siguientes palabras en las que nos recuerdan que “el compromiso nacido de la caridad es constitutivo de la vida cristiana y que la promoción de la justicia, la preocupación por los más necesitados o la defensa de la dignidad humana no son tareas opcionales para el seguidor de Jesucristo.
Así, una vida de fe que no se traduzca en obras concretas de caridad no es auténtica. La Piedad popular se presenta como escuela de compromiso cristiano”. Dicho todo lo cual quiero terminar con el último párrafo del artículo de José Luís Martín Descalzo, al que ya me he referido: “Por lo demás, los cristianos no estamos ahí para ser perdedores y tampoco para ser ganadores. Nos basta con ser salvadores o, cuando menos, ayudantes de los demás y de su salvación.
Como lo fue María. Y María, miren ustedes por donde, aquella muchachita que no estuvo ni en vida de moda, es dos mil años después la reina de millones y millones de corazones”.
