Fidèle Podga: “Mi padre murió cuando tenía seis años y éramos nueve hermanos. Soy quien soy porque el mundo me ha ayudado”

  • El coordinador de Estudios y Documentación de Manos Unidas ha moderado hoy una mesa redonda en la II Mesa del Hambre de la entidad eclesial
  • En conversación con Vida Nueva, reivindica que “necesitamos una sociedad civil crítica que sepa hacer valer sus derechos y la dignidad del ser humano”

Fidèle Podga, Manos Unidas
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Este 13 de octubre, la Fundación Botín, en Madrid, ha acogido la II Mesa del Hambre de Manos Unidas, organizada con motivo del Día Mundial de la Alimentación, que se celebra el viernes 16.



El primero de los coloquios ha estado moderado por Fidèle Podga, coordinador de Estudios y Documentación de Manos Unidas. Al concluir su mesa redonda, ‘Vida Nueva’ ha podido conversar con él.

¿Cómo concienciar al ciudadano?

PREGUNTA.- ¿Cómo se puede concienciar al ciudadano para que declare la guerra al hambre y a los ciclos de violencia sin fin que devastan países enteros?

RESPUESTA.- Lo primero de todo es informarse y enterarse de lo que ocurre en cada conflicto. Estos son dramáticos para millones de personas y, para asumir esa responsabilidad, urge el conocimiento.

Estamos ante conflictos olvidados. Cuando acaban las balas se suele evaporar la atención de los medios, que se centran en otra guerra. Por eso, es fundamental la educación para el desarrollo e indagar en las causas profundas de las situaciones.

Y, ahí, el ser humano está en el centro de todo. Al acercarnos a un conflicto, no debemos dejarnos llevar por ideología o por los prejuicios, sino que se trata de conocer por qué se sufre esa secuencia letal. Entonces empieza el compromiso personal y se asume la responsabilidad socio-política.

Como decimos, esta conlleva el conocimiento de las causas de los conflictos, para después llegar a la conciencia de que podemos aportar al cambio con otros estilos de vida y consumo.

Porque toda guerra tiene una justificación económica. En lo que ocurre en República Democrática del Congo, la extracción del coltán es clave. Así, si cambio de ordenador cada año, le mando un mensaje al mercado. Y lo mismo podemos decir con lo que hay detrás del petróleo o el gas. O cuando tiro el pan y trato de ignorar que acaparar tierras genera hambre y muerte.

II Mesa del Hambre de Manos Unidas. Foto: Manos Unidas

II Mesa del Hambre de Manos Unidas. Foto: Manos Unidas

Si vemos las guerras con una perspectiva política, comprobamos que los ciudadanos sufren las consecuencias de algo que no decidieron. En las democracias, la clase política de cada nación es la que representa a su sociedad. Entonces, el reto es discernir a quién elegimos para que nos gobierne y que le exijamos responsabilidades.

Cuando hay elecciones, como ahora en España, me duele comprobar que no se pregunta a los políticos por la cooperación internacional, por las causas de la migración, por sus propuestas para poner fin a las 65 guerras que hay hoy en el mundo…

Nada de esto aparece en ningún programa electoral. El cambio climático o el desarrollo no están presentes, y ahí hay mucho que decir. También es clave el apoyo a organizaciones dedicadas a la cooperación internacional y que trabajan para que la gente que lo necesita pueda sobrevivir.

Luego, claro, hay que pedirle compromisos a la comunidad internacional. Se la deben exigir responsabilidades. Kofi Annan, que fue secretario general de la ONU entre 1997 y 2006, hablaba de la ‘paz preventiva’, basada en el ‘derecho a intervenir para no sacrificar a seres humanos’. Y ahí estamos hoy… Para lo cual necesitamos conciencia crítica.

Motivos para la esperanza

P.- Desde que está en Manos Unidas, mientras ve cómo se perpetúan estructuras injustas, ¿cuál considera que es la evolución de la situación? ¿Hay más motivos para la esperanza o para la falta de fe?

R.- Llegué a España hace casi 40 años desde mi Camerún natal. He sido profesor en la Universidad Pontifica Comillas y en el Instituto Ciencias Morales, uniendo mi pasión por el derecho y la enseñanza. Entré a Manos Unidas hace 20 años y, desde entonces, veo más motivos para ser positivos.

Como sociedad, hemos ido a mejor en cuanto a sensibilización y educación. Antes eran temas incipientes y no había tanta conciencia sobre ellos. Se hablaba de ‘Educación para el Desarrollo’, pero ahora también le hemos añadido un elemento clave: ‘Educación para el Desarrollo y la Transformación Social’.

Hablamos de soberanía alimentaria, del derecho a la alimentación… Eso es importante. Tanto como que se fomenta una producción digna y autónoma. Eso lo vi claro cuando durante dos años fui coordinador de un convenio de la AECID en Senegal, en una zona de guerra no declarada. Nos dimos cuenta de que el desarrollo es crucial, aunque sea incipiente, para luchar por la propia dignidad.

También creo que ahora es más difícil engañar a la gente y valoramos que el desarrollo es clave para paz. No hemos llegado a lo óptimo, claro, pero hay que seguir en esa línea.

P.- Y eso que lo ponen muy difícil los populismos, tan en auge en diferentes contextos…

R.- Sí, pero los populismos nunca han cambiado la vida de la gente. Consiguen muchos votos, pero luego hay que sentarse con las comunidades. No debemos caer en su discurso fácil, que solo busca enfrentar a los vulnerables entre sí. Necesitamos una sociedad civil crítica que sepa hacer valer sus derechos y la dignidad del ser humano.

II Mesa del Hambre de Manos Unidas

II Mesa del Hambre de Manos Unidas. Foto: Manos Unidas

Esa es la vía para los creyentes, que tienen el Evangelio como referencia, o para los no creyentes, que pueden mirarse en la Agenda 2030. Lo importante es que ese compromiso se traduzca en su vida.

La fe alimenta su vocación cívica

P.- Usted es creyente. ¿En qué modo ha fortalecido la fe ese compromiso vital por los más desfavorecidos?

R.- Mi padre murió cuando tenía seis años y en casa éramos nueve hermanos. Soy quien soy porque el mundo me ha ayudado. Por eso siento que el compromiso por ayudar a otros pasa por mis manos, en lo sencillo de la vida.

Mi corazón está marcado por tres referencias sagradas del Evangelio: la viuda, el huérfano y el forastero. Esas tres referencias las encarno en Manos Unidas. Con mis dificultades, pero aquí siento que tengo ese espacio para hacer valer aquello en lo que creo.

La esperanza se asienta en la caridad y el amor. Tras el dogma está ese que murió como murió y que lo hizo por una opción de vida. Eso es lo que me mueve. Jesús nos llamó para que seamos mejores.

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