“Es mejor comer pan duro donde reina la paz,
que vivir en una casa llena de banquetes
donde hay peleas”
(Pr 17, 1).
El pueblo de Israel entendía que la verdadera paz no se logra solo con acuerdos humanos, o ausencia de conflictos, o ausencia de guerra, o ausencia de problemas; sino porque es la verdadera alianza de Dios con su pueblo, como un acuerdo que Dios promete dar como don y tarea, esto es el don como regalo de Dios para su pueblo y la tarea de cada uno para ser forjadores de paz.
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La paz es un regalo de Dios, es necesaria para poder experimentar la estabilidad emocional y el equilibrio en nuestras decisiones diarias. El hombre sin paz, vive sin tranquilidad, no puede dormir (no solo porque no pueda por alguna causa física o mental, sino porque algo le quita o le roba la paz).
¿El Shalom?
La palabra Shalom, es traducida como “paz”, es quizá la palabra más conocida de la lengua hebrea y tiene varios significados en las Escrituras. “Éxito”, “prosperidad”, “plenitud”, “integridad” y “bienestar” son sólo algunos de sus usos. Es la seguridad de que Dios cuida a su pueblo en los momentos difíciles. En fin, es la paz que existe en mi corazón, es la misma paz que deseo en tu corazón, esa paz no se queda en el aire, se desea, porque si tengo paz, deseo la paz en el corazón del “otro” y así mismo retorna a mi vida.
La paz, siempre está unida a la justicia (porque es para quienes obedecen su ley y confían en Él). No puede haber shalom si hay pobreza, robo o maltrato a los débiles. La justicia y el derecho, en el Antiguo Testamento, la paz camina siempre al lado de la justicia (sedeq).
Danos lo justo y necesario de cada día
“Solo dos cosas te pido, Dios; no me las niegues antes de que muera: Aleja de mí la falsedad y la mentira; no me des pobreza ni riquezas, sino solo el pan de cada día. Porque, teniendo mucho, podría desconocerte y decir: “¿Y quién es el Señor?”. Y, teniendo poco, podría llegar a robar y deshonrar así el nombre de mi Dios”(Pr 30, 7-9). El autor pide lo justo para vivir día a día.
Agur reconoce su debilidad y su dependencia de Dios para superar la tentación.. Teme que tener demasiado lo haga sentir autosuficiente, orgulloso o prepotente y se olvide de Dios. Al mismo tiempo teme que la pobreza lo lleve a tomar malas decisiones, a entrar en desespero, robar o incluso deshonrar a Dios.
¿Por qué nos olvidamos de Dios?
El autor, es muy consciente de su tendencia humana a olvidarse de Dios cuando la vida es demasiado cómoda y está bendecida por la abundancia, o a alejarse de Dios y deshonrarlo cuando la vida está llena de dificultades. Estos dos extremos no recuerda la dependencia de la vida en Dios, no necesitamos nada mas, ni nada menos. ¿Tenemos lo justo para vivir a diario?
La promesa del Mesías
Los profetas anunciaron que un rey futuro (el Mesías) traería una paz que nunca terminará. Para Israel, la paz final es una promesa de un mundo nuevo donde nadie volverá a aprender la guerra. A diferencia de la paz que ofrece el mundo -la cual es temporal, frágil y depende del dinero, el éxito o la ausencia de problemas-, la paz de Jesús es un estado sobrenatural que protege la mente y las emociones.
¿Cuál es el momento en que tu paz o tranquilidad está amenazada?
Razones externas
Existen muchas razones, que nos roban la paz, nos quitan la tranquilidad, una situación de la naturaleza: llámese terremoto o amenaza de tsunami; una situación de estabilidad: una pérdida arrepentida de trabajo, un conflicto en una relación, una tensión financiera, o incluso tu reputación estuvo en entredicho.
Razones internas
Tal vez actualmente estés experimentando ansiedad, nerviosismo, miedo al futuro o turbulencia interna por las circunstancias de tu vida. La falta de paz puede sentirse intrusiva. Patrones de pensamientos rumiantes, latidos cardíacos acelerados, sentimientos intensos de incertidumbre, preocupación, depresión, esa pesadez que simplemente se sienta en tu pecho como una tonelada de ladrillos.
¿Jesús en el Getsemaní, sintió angustia, tristeza, dolor?
El huerto de Getsemaní, un lugar cuyo nombre significa literalmente “prensa de aceite”, está situado en una ladera del monte de los Olivos, cruzando el valle de Cedrón desde Jerusalén. Su alma estaba “…muy triste, hasta la muerte”(Mt 26, 38 y Mc 14, 34). La intensa angustia y tristeza que Jesús sintió fue ciertamente comprensible, pero no perdió la paz. Siendo Dios, Cristo sabía “todas las cosas que le habían de sobrevenir”(Jn 18, 4).
Es interesante, este momento de angustia, como se ha sido representado en música, libros y películas a lo largo de los siglos. Desde el siglo XVI, cuando Bach escribió dos magníficos oratorios basados en los relatos de los evangelios de Mateo y de Juan, hasta el día de hoy como en la pelicula la “pasión de Cristo” lo ilustra con un momento de angustia y dolor. Ahora la serie “The Chosen” (los elegidos) en su nueva temporada (Temporada 6, Capítulo 1) lo ilustra un poco más.
¿Por qué Jesús siente tristeza, dolor, angustia?
Porque es el momento más decisivo de su vida, porque su sufrimiento era necesario, tanto a nivel emocional: “Todos los discípulos, dejándole, huyeron”(Mt 26, 56), como el sufrimiento espiritual: ”Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él”(2 Cor, 5, 21). Jesús tuvo que sufrir porque el sufrimiento es parte del sacrificio, y Jesús era “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”(Jn 1, 29). Este sufrimiento era necesario para salvarnos del pecado.
La noche de su arresto, mientras Jesús oraba en Getsemaní, lo entregó todo a la causa: “Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”(Lc 22, 42). Jesús era plenamente consciente del trauma físico que estaba a punto de sufrir, no lo evita, lo asume, Jesús se sometió a la voluntad del Padre. Es el momento de la agonía, proviene del griego agón (lucha o combate), reflejando la idea de que el organismo lucha por mantenerse con vida hasta el final. En últimas Jesús sufre porque da el todo por el todo hasta el final, sabe que la victoria está cerca, pero debe ser fuerte en el sufrimiento. Podemos profundizar sobre la agonía de Jesús, la agonía espiritual o el acompañamiento en momentos de dolor y en los mismos procesos del manejo del duelo. Pero en últimas Jesús nunca perdió su paz.
¿Cuál es la verdadera paz?
Solamente, Jesús nos da ese verdadero consuelo y paz, ese gozo en el corazón, todos experimentamos momentos así, pero debemos pedir al Señor que nos llene el corazón de paz. En el diario vivir, oro por las personas que han perdido la paz o la tranquilidad, cuando recuperan su paz, agradecen con alegría. He orado por personas que pasan por situaciones de perdidas, procesos de duelos, relaciones rotas o situaciones económicas fuertes y encuentro siempre en el Señor ese consuelo que nada ni nadie nos puede dar.
Un testimonio
Una persona me busco, porque tenia una deuda de 660 millones de pesos, para muchos una gran deuda, para otros una pequeña deuda, muchas de las deudas, tienen su raíz o su causa en el orden de la vida (mente, corazón y voluntad). Porque la mayoría de decisiones que tomamos tienen que ver con el orden de la vida, con el equilibrio y la manera de afrontar esos problemas. Esa persona oro con fe y luego de unos meses le rebajaron el 90% de la deuda, Dios obro, porque tuvo fe, ordeno su vida y llego al equilibrio entre ingresos y egresos; creo que todo está en la motivación, perspectiva de vida y la manera como le damos el orden a Dios para que sane nuestra economía.
Sé que el camino no es fácil, pero debemos sabernos situarnos, enfocarnos en las cosas que no nos ayudan y mejorar la calidad de vida. A veces, “es mejor comer pan duro donde reina la paz, que vivir en una casa llena de banquetes donde hay peleas” (Pr 17, 1).
Por Wilson Javier Sossa López. Sacerdote eudista del Minuto de Dios
