Tribuna

La educación ambiental universitaria desde la ecología integral

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Imaginemos a un profesor que entra en una clase con una bolsa de basura y vuelca sobre una mesa envases, cables, pilas, baterías y un móvil viejo. Esta escena en el aula no es una provocación gratuita, sino una forma de trasladar un problema concreto a los estudiantes: estamos produciendo residuos que dañan profundamente el planeta.



La educación ambiental no es la mera transmisión de conocimientos sobre el medioambiente, sino la toma de conciencia sobre la importancia de la relación de la sociedad con su entorno. El Libro Blanco de la Educación Ambiental señala el reto educativo de caminar hacia un desarrollo más justo y sostenible. El ámbito educativo no solo debe promocionar el conocimiento sobre el entorno que rodea al ser humano y las causas por las que se está deteriorando la Tierra, sino también ha de despertar la conciencia y las actitudes orientadas a la protección de los ecosistemas.

Varios estudiantes de 1º de la ESO participan en la recogida de basura que forma parte de un proyecto educativo, en San Sebastián de los Reyes (Madrid)

La acumulación de la basura, especialmente la no biodegradable y la tóxica, es uno de los signos más claros de una crisis que no solo se resuelve de manera técnica. La sociedad en su conjunto y, particularmente, el sector educativo, tiene un papel sustancial en la reflexión sobre cómo relacionarnos con el resto de los seres vivos. Este es el cometido de la ecología integral, que ofrece un marco para profundizar sobre las dimensiones antropológicas, sociales y espirituales del vínculo entre el ser humano y su entorno. Esta perspectiva ecológica ofrece respuestas integrales orientadas a erradicar la pobreza, restablecer la dignidad de las personas excluidas y proteger la Casa común de todos, como ya avisó el papa Francisco en su encíclica Laudato si’, n.º 137–162.

De Belgrado a Berlín

El Día Mundial de la Educación Ambiental tiene su origen en 1975, año en el que se celebró el Seminario Internacional de Educación Ambiental en Belgrado. Esta jornada no solo debe ser una cita para rellenar las agendas de las escuelas y universidades con actividades sobre el medioambiente, sino una oportunidad para dar pasos hacia un futuro más sostenible. De aquella convención surgió la Carta de Belgrado, encargada de definir objetivos para desarrollar una mayor conciencia y sensibilidad ante el medioambiente y sus problemas; adquirir nuevos conocimientos para generar responsabilidad crítica; fomentar actitudes y aptitudes que impulsen el interés y la implicación por el respeto de la naturaleza, y la capacidad de resolver problemas; aprender a evaluar programas y medidas de educación relacionados con los factores ecológicos, políticos, sociales, estéticos y educativos; y fortalecer una participación ciudadana que afronte acciones frente a los retos más urgentes.

Cumbre climática convocada por Naciones Unidas (COP30) celebrada en Belém, en plena Amazonía

La Declaración de Berlín sobre la Educación para el Desarrollo Sostenible de 2021 es una versión actualizada de aquella Carta, que subraya la necesidad de la Educación para el Desarrollo Sostenible (EDS), meta 4.7 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que aspira a que los estudiantes cultiven los conocimientos y competencias necesarias para impulsar el desarrollo sostenible, los derechos humanos, la igualdad de género, la promoción de una cultura de paz y no violencia, la ciudadanía y el reconocimiento de la diversidad cultural. Aparentemente, temas diversos, pero profundamente interconectados. Una perspectiva alineada con la cosmovisión holística de la ecología integral, que señala que “todo está conectado” y que “el todo es superior a la parte”, ya que “no hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socioambiental” (Laudato si’, n.º 138, 139, 141).

Conversión ecológica

Entre los grandes retos de nuestro tiempo destacan la transformación tecnológica y los diferentes desafíos sociales y ambientales. La institución universitaria, además de asumir un firme compromiso por la excelencia, la innovación, una formación integral, inclusiva, equitativa y plural, ha de articular la responsabilidad ecológica y social. En la educación superior, la ecología integral promueve una conversión ecológica fundamentada en un enfoque que integra el cuidado del planeta, el impulso de la justicia social, la defensa de toda forma de vida, la comprensión de la economía como parte de la sociedad y de la biosfera, la adopción de estilos de vida sobrios en relación con el uso de los recursos y la energía, la formación académica y extracurricular, el cultivo de una dimensión espiritual que busque el sentido de la vida en comunión con la naturaleza, y la protección del patrimonio natural, histórico y artístico.

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El compromiso ecológico de las instituciones universitarias ha de estar vertebrado en todas las áreas estratégicas de la enseñanza superior: la gobernanza, integrando la ecología integral en la planificación institucional y en la vida de los campus; la docencia, promoviendo una formación competencial e innovadora orientada al desarrollo personal, la transformación social y el cuidado de la casa común; la investigación, impulsando un enfoque transdisciplinar e interdisciplinar que responda a la crisis socioambiental; la transferencia de conocimiento e impacto social, fomentando la innovación y la colaboración con la sociedad para o resolver problemas concretos de la sociedad y el planeta; la actividad extracurricular, fomentando una formación integral que promueva estilos de vida coherentes con una ética ecológica; y el campus sostenible, aplicando medidas responsables en infraestructuras, energía, agua, residuos, compra verde y movilidad.

Muchas universidades españolas, se encuentran en este camino. Pero el reto es pasar de las iniciativas puntuales a una apuesta estructural por la ecología integral. Porque aquella mesa llena de residuos con la que empezaba la clase no es una anécdota trivial: es el aviso de que una parte decisiva del futuro se juega en las aulas.