Tribuna

Este no es el Dios de Jesucristo

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Hay un aspecto de la situación creada por el anaranjado que preside el país que en otro tiempo fue “la tierra de la libertad”, también llamado Estados Unidos de América, que hay que tener en cuenta. El peligro que encierra este tipo, mezcla en la misma proporción de creerse el emperador del mundo y el elegido de Dios, es de dimensiones inimaginables.



Es fácil ver que semejante tipo cumple con la mayoría de las características de los megalómanos: tiene un elevado concepto de sí mismo –que extiende a su familia-, tiene delirios de grandeza, es un arrogante narcisista de manual que desprecia todo y a todos aquellos que no le sirven. Su depravación moral también se está viendo en las imágenes en las que sale acompañando y compartiendo fiestas con Epstein en su isla, y con menores de edad por todas partes, como si se trataran de trofeos exhibidos.

En un año ha conseguido contaminar al mundo –parte de la Iglesia incluida- con su teología de la prosperidad. Esa rancia visión del evangelio de la riqueza que presenta la relación con Dios como un contrato: Si tienes fe, Dios te dará todas las riquezas, la seguridad, y la prosperidad que deseas en la vida. Si no, atente a las consecuencias. Ese es el dios (me niego a ponerlo con mayúscula), del presidente anaranjado. Esto es a lo que me refería cuando he dicho que había algo que tener en cuenta. Se ha creado un dios a su imagen.

También es el dios de los que palmean a su alrededor porque al líder hay que jalearlo y tenerlo contento: su ‘converso’ vicepresidente, su rubia portavoz, su secretario de guerra, el presidente de la cámara de representantes del país. Una vez más me niego a utilizar las mayúsculas para cargos e instituciones que, en este momento están muy lejos del respeto que merecen. Y, por último, la cohorte de telepredicadores que imploran la bendición de su dios de guerra, odio y petróleo, para su elegido. Tampoco a hay que olvidar a la otra cohorte, la de los activistas que proclaman la supremacía de la raza blanca.

El Dios de la misericordia

El Dios de Jesucristo y de la mayoría de los cristianos que hay en el mundo, es otro. Es el Dios de la misericordia, del amor, de la compasión de la comunión. Ese Dios que, ya desde el Antiguo Testamento (Lev 19, 18), la única orden que da es: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

El Dios de Jesucristo nos llama a la vida, no a la muerte. Es ese Dios que dice en el Libro del Deuteronomio (30,19): “Pongo delante de ti la vida y la muerte… Elige la vida”. Y, en el evangelio de Juan (10,10): “He venido para que tengan vida y vida en abundancia”.

Ese Dios que nos regala su Reino en cada parábola que nos cuenta su Hijo: “El Reino de Dios se parece a…”. Y nuestra imaginación se abre y nuestro corazón respira, porque Dios defiende la vida y nos enseña a cuestionar y a señalar las constantes agresiones y violaciones a la dignidad humana, que se cometen en nombre de un dios que unos cuantos quieren imponer para su propia satisfacción.

Presidente Donald Trump

Donald Trump

Dentro de pocos días, recordaremos a Jesucristo, Hijo de Dios, entrando en Jerusalén montando un humilde burro para celebrar la Pascua. Casi al mismo tiempo, y como acudían muchos peregrinos y había riesgo de altercados y algún intento de rebelión, Pilato, entraba protagonizando un paseo militar desplegando todo el poder del ejército romano. Era una forma de advertir que el ejército estaba preparado y que él tenía el poder.

Hoy, el norteamericano anaranjado, desplegando su poder militar es la réplica de Pilato con una pequeña diferencia. Pilato tenía una mujer inteligente que se atrevía a hablarle y decirle incluso lo que no quería oír. El anaranjado no tiene ni eso a su favor. Es tan desgraciado, que hasta se ha editado su propia biblia. Un corta y pegas a capricho donde ha hecho desaparecer todo aquello que le molesta o que distorsiona la imagen de su idolillo.

El Dios de Jesucristo seguirá sufriendo con quienes sufren. Yo me quedo con este. Aunque viaje en burro.