Tribuna

Dialogando… con la vitalidad

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1. En la vida cotidiana

Es muy cotidiano encontrarnos en situaciones donde nuestra vitalidad se ve potenciada dando lo mejor y entregamos “alma, corazón y vida”. También experimentamos esos momentos en donde el brío parece estar en el subsuelo de la existencia y nada nos motiva a hacer algo y siempre encontramos algún motivo para justificarnos: calor, humedad, cansancio, frío, desgano, falta de tiempo, etc. A veces porque hemos experimentado situaciones que nos hacen vivir de alguna de estas dos opciones.



A su vez, descubrimos que hay personas que nos rompen la rutina y nos hacen pensar, vivir, sentir de otra manera con esa energía que todo lo renuevan: amanecen con alegría, adornan el ambiente con alguna flor del jardín, ponen alguna melodía que nos inspira, etc. Y cuántas veces nosotros somos así para otros.

Pareciera que, en lo cotidiano, la vitalidad está enriquecida y transformada por la alteridad.

2. En las religiones

Una de las características esenciales de una expresión religiosa, es cuando esta asume la vida y busca que se plenifique. El mayor peligro es cuando la religión se pone por encima de la vida y termina asfixiándola.

3. Vitalidad creyente

La fe cuando surge como don y a su vez, como vocación, asume la vida y se expresa en ella de tal manera que una expresión creyente es vitalizadora porque se configura con aquel principio medular a ese Dios que da vida.

La expresión cristiana, no el cristianismo (todos los ismos son peligrosos porque suelen exaltar el vocablo que precede como única y absoluta realidad), es vitalizada porque tiene como fuente, lugar y meta el vivir el estilo de la Trinidad. Ella es vida, crea vida, se hace palabra que engendra vitalidad y configura de tal manear que quien se identifica con el seguimiento de Jesús, vive con pasión y con parresia todos sus ministerios para que, la acción evangelizadora sea vivida como algo viviente y que favorece que las personas encuentren sentido a su vida (CEA – JEP, 1988).

Los cristianos, de ayer, de hoy y de mañana, seremos siempre esa expresión peregrina de comunidades vivas que siguen al Viviente, sin atarnos a un modelo social, político, militar, etc.

En nuestra identidad, la Trinidad es vitalizadora donde engendra vida, de tal manera que aquello que no la tiene se convierte por su presencia y acción en un ser viviente (Gn.2,7). Nuestro modelo de evangelización es la Palabra hecha carne y por quien todo fue creado (Jn. 1), que es el camino, la verdad y la vida (Jn. 14, 6), en quien vivimos, nos movemos y existimos (Hchs. 17, 28). El dinamizador de la acción evangelizadora es considerado “Señor y dador de vida” (Juan Pablo II – DoetVi, 1986).

Por tal motivo, la acción evangelizadora eclesial, de la que somos protagonistas e interlocutores, no sujetos (sujetados) es aquella que se vive desde la identidad de ser inspirada por el Espíritu Santo que nos hace comunidad, que anima y fortalece todo (CELAM – DA, 2007) (#149 – 153).

Una vitalidad creyente es tal porque el Paráclito es quien enseña y recuerda todo lo que ha dicho Jesús (Jn. 14, 26), quien regala sus dones de” Sabiduría y de inteligencia, de consejo y fortaleza, de ciencia y de temor de Dios” (Is. 11, 1 – 2), es la garantía y promesa que Jesucristo hizo para no dejarnos huérfanos (Jn. 14, 16 – 18). Por eso, lo llamamos y lo invocamos: “Ven Espíritu Divino, Padre amoroso del Pobre, don de tus dones espléndido” (CEA – LdH II, 1981, pág. 947). Una fe cristiana es aquella que es vivificada por la Vida y a su vez, vivifica todo, respetando la autonomía de las cosas creadas (Concilio Vaticano II – GS, 1965) y la libertad de las personas en sus proceso de crecimiento y maduración.

Dialogando Vitalidad II

4. Vitalidad donada

Los cristianos nos transformamos, por seguir a Jesús, en semillas, en levadura… ¡No en masa! Cuando nos hemos creído que todo el mundo tiene que ser como nosotros queremos que sean, fuimos más una ideología que en una expresión religiosa. Por tal motivo, muchas personas a lo largo de la historia nos han recordado que la espiritualidad cristiana es la vida según este Espíritu, porque somos dóciles a sus orientaciones y estamos atentos a los signos de los tiempos (GS), a las señales que la Trinidad va suscitando (Curia, Christian, 2018).

La Iglesia desde el comienzo de su vida pública, manifestó al mundo su convicción profunda sobre el Espíritu Santo como” Señor y Dador de Vida” (Ibañez, Xavier – Mendoza, F., 1978., pág. 503). Esta certeza está fundada en la experiencia que los cristianos tenemos de Él. En Pentecostés se manifiesta al mundo la fe en el Resucitado, haciendo de los Apóstoles personas valientes, convencidos y convincentes, que hablan de las maravillas de Dios (Hchs. 2, 1 – 11).

El Espíritu es el que continúa realizando la obra de la Buena Noticia, a través de personas que elige (Juan Pablo II – DoetVi, 1986) (# 3). Por tal motivo, mantendrá a la comunidad de fe, en comunión, para que la verdad que escuchamos del Maestro perdure. Nos manifiesta la intimidad del Padre, porque se hace don para los demás (Curia, Christian, 2008):

“Puede decirse que en el Espíritu Santo la vida íntima de Dios, Uno y Trino se hace enteramente don, intercambio recíproco entre las personas divinas y que, por el Espíritu Santo, Dios existe como Dios. El Espíritu es pues la expresión personal de esta donación, de este ser – amor. Es persona – amor. Es persona don” (DoetVi 10).

Si por algún motivo, nuestras comunidades se ven como “de cuerpo presente”, es porque hemos priorizado lo que ata a lo que libera.

5. Plegaria

Bendita seas Trinidad vitalizadora, te damos gracias porque en Vos “Don, es tomado en sentido personal, es el nombre propio del Espíritu Santo Don es propiamente entrega sin deber de devolución, esto es que no se da con intención de recibir algo a cambio; esto implica donación gratuita” (de Aquino, Tomás – STh I, 1988) (q. 38. a. 2. ad).

Te pedimos que tu vida, acción y acompañamiento en la historia, nos sigan impulsando a ser creyentes vitalizadores desde el don que nos transforma y que no nos pedís nada a cambio para dejar caer todo aquello que ya no comunica que vives y amas, por los siglos de los siglos.

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Trabajos citados

CEA – JEP. (1988). ‘Juntos para una evangelización permanente’. CABA: Oficina del Libro.
CEA – LdH II. (1981). ‘Liturgia de las horas’ – T. II. Barcelona: Regina.
CELAM – DA. (2007). ‘Documento de Aparecida’. CABA: Oficina del Libro.
Concilio Vaticano II – ‘Gaudium et spes’ (1965).
Curia, Christian. (2008). ‘Un poco de aire fresco. Bases para la espiritualidad del Catequista’. CABA: Claretiana.
Curia, Christian. (2018). ‘La #vida nos da #señales’. CABA: PPC.
de Aquino, Tomás – STh I. (1988). ‘Suma Teológica’. CABA: BAC.
Ibañez, Xavier – Mendoza, F. (1978.). ‘La fe divina y católica de la Iglesia’. Salamanca: Magisterio Español.
Juan Pablo II – ‘Dominum et vivificantem’ (1986).