Tribuna

Dialogando… con la paz

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1. Anticipando la aurora

A quienes nos gusta contemplar los amaneceres nos mueve una profunda convicción de vida y de fe: esperar el sol que está y sigue llegando. Pero a su vez, es una mirada impregnada de esperanza, porque quien pone el acento en lo venidero, deja que la “noche” sea algo del pasado. Y ese pretérito quede como tal, es decir, como un recuerdo, no como un momento o espacio al que se quiera volver…



El año civil comienza con una doble celebración. A nivel internacional con el día de la paz. En la fe cristiana con la solemnidad de María, Madre de Dios (theotokos).

Nuestro venerado y admirado Juan XXIII, fue uno de los obispos de Roma que insistió con esta perspectiva de tal manera que una de sus palabras claves de interpretación fue: aggiornamento, es decir, actualizar desde las fuentes (ad fontes). Y en un gesto profético comenzó, fue el primero, a escribir documentos del magisterio incluyendo “los hombres de buena voluntad”. Esta iniciativa se hizo con el documento “Pacen in terris”, es decir, “la paz en la tierra”. Invitando a vivir una paz basada en principios auténticamente humanos que son auténticamente cristianos: verdad, justicia, amor y libertad (Juan XXIII – PT, 1963). Eran tiempos de una iglesia que miraba hacia el futuro…

El otro papa del Concilio Vaticano II, Pablo VI, continuó (a su estilo) la iniciativa de esa asamblea y del Papa Bueno, de tal manera que en el año 1968 invitó a todas las personas, estados y organismos universales a celebrar la “jornada mundial de la paz” el 1º de enero de todos los años. Esta celebración fue una propuesta… para que la paz, reine y garantice la vida plena de la humanidad porque el ser humano en su convivencia es el artífice, sujeto, protagonista y a quien se le deben garantizar los derechos, principalmente, una paz que le brinde algunas condiciones para progresar (Juan XXIII – PT, 1963) (#9 – 26). Para ello, habría que, decía Giovanni Batista Montini, “defender la paz frente a los peligros que siempre la amenazan: el peligro de supervivencia de los egoísmos en las relaciones entre las naciones; el peligro de las violencias a que algunos pueblos pueden dejarse arrastrar por la desesperación, al no ver reconocido y respetado su derecho a la vida y a la dignidad humana; el peligro, hoy tremendamente acrecentado, del recurso a los terribles armamentos exterminadores de los que algunas Potencias disponen, empleando en ello enormes medios financieros, cuyo dispendio es motivo de penosa reflexión ante las graves necesidades que afligen el desarrollo de tantos otros pueblos; el peligro de creer que las controversias internacionales no se pueden resolver por los caminos de la razón, es decir de las negociaciones fundadas en el derecho, la justicia, la equidad, sino sólo por los de las fuerzas espantosas y mortíferas” (Pablo VI – JMP, 1968).

Eran tiempos de iglesias proféticas que miraban hacia el futuro…

La ONU estableció un día de jornada mundial de la paz en el año 1981… cada 21 de septiembre.

Cuando la iglesia se ubica como profeta, es porque ella no quiere volver a un pasado… ni restaurar ritos de antaño, ni gestos, ni ornamentos, ni frases, etc., porque todos y cada uno, vislumbramos “sobre las montañas los pies del mensajero de la paz” (Is. 52, 7), porque somos creyentes que miramos a otros, no nuestros propios ombligos. ¿quizás este sea un principio de la paz? Al decir de Juan XXIII y Pablo VI, si, porque hemos superado el peligro del egoísmo.

2. Paz sin ismos

Una de las características del s. XX fue el totalitarismo que gobernó e impregnó corazones, estructuras y gobiernos. Fueron de derecha (Hitler, Mussolini, Franco, Perón, Videla, etc.) como de izquierdas (Stalin, Castro, Chávez, etc.). Contra esos fundamentalismos, se crearon organismos universales para evitar que sucedan otra vez las calamidades que se registraron en la primera mitad de ese siglo.

En este primer cuarto del siglo XXI, parece que la historia no nos ha ensañado nada… nuevamente las mentalidades totalitarias parecieran regir los destinos de los pueblos, es decir, volvimos a los “ismos”.

Como iglesia no quedamos exentos, porque somos parte de esos pueblos que a veces eligen a esos totalitaristas modernos. Los ejemplos más notorios los podemos ver en EEUU que eligió dos veces a un líder que tiene esa cosmovisión y que hasta quiere apropiarse de otro territorio como Groenlandia. El otro ejemplo es Israel, que ha elegido 3 veces a un genocida que tiene condenas por delitos de lesa humanidad por el exterminio del pueblo palestino. Incluso en Rusia con Putin que fue reelegido 3 veces también y lleva adelante una masacre en Ucrania.

Mientras tanto… los estados, organismos internacionales, etc., solo hacen declamaciones… o se busca que un dictador se exilie en otro estado totalitario, quizás con intenciones buenas, pero no basados en la verdad y la justicia (Parolin, Pietro, 2026).

Una paz que tiene como eje un “ismo”, no es paz, sino más de lo mismo… Todo ismo, es la exaltación del vocablo que lo precede como único valor supremo. La vida, la historia y el evangelio, nos recuerdan que una paz así no es tal. La paz que propone la fe cristiana, es desde aquel que es la verdad, el camino y desea la paz, asumiendo nuestra naturaleza e invitándonos a construir un reino que rompe la lógica del mundo. Quizás, solo quizás, si alguna vez dejamos de pensar “políticamente correctos”, podremos proponer alternativas de una paz “desarmada y desarmante”.

Dialogando Con La Paz II

3. Paz desarmada

Una de las consecuencias de la mentalidad bélica es crear militantes, agentes, cuadros, cohortes, escuadrones, legiones, etc., con la única capacidad de “contrarrestar” a quienes consideran enemigos. Los miembros de estas estructuras, solo piensan en “¿Qué le digo a…? ¿Cómo me defiendo de…?

Una paz desarmada, implica ser creyentes que no tienen mentalidades, sino que están inspirados en el Mesías nacido en Palestina, que cuando se acerca a personas comienza escuchando sus vidas y realidades, contempla qué tienen para decir de esa experiencia que están viviendo (Lc. 24, 13 -31), que asume la vida de los demás como propia y luego dice algo bueno para sus vidas. El nazareno no tiene recetas para repetir, no tiene un corpus inmutable para que a todos se le diga lo mismo. Él es el príncipe de la paz, porque se anonada, se encarna, comparte la vida y se incultura, camina entre las personas, se ubica en el medio, reconoce al otro como tal, y a cada uno le propone una misión para que “vayan y sean mis discípulos” (Mt. 28, 19 – 20) … Lo más llamativo, es que a nadie le dice cómo, ni a Pedro, solo le dice “ama a mis ovejas” (Jn. 21, 15 – 17).

Una paz desarmada, es de una iglesia que mira hacia las personas, hacia el futuro… y no se estanca ella misma en volver a un pasado reciente o en retomar algo que se había dejado de lado porque ya no era significativo.

Quizás volviendo a la “anamnesis”, recordemos que tanto el Concilio Vaticano II, Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo I y hasta Francisco en varias oportunidades, nos invitaron a ser profetas del “lucero que no tiene ocaso” (CEA – MRC, 2011) y que se anticipa al mismo sol (Jn. 20, 1 – 10).

4. Paz desarmante

León XIV, desde que fue elegido como obispo de Roma, itera esta experiencia de una fe que no está armada, ni quiere estarlo. En el mensaje de la Jornada Mundial de la Paz de 2026, lo vuelve hacer con la memoria de Juan XXIII y en la búsqueda de un desarme integral.

Para ello, necesitamos volver al origen…

  • donde los organismos que fueron creados para evitar guerras, actúen como tales y no solo hablen.
  • donde la fe cristiana se caracterice por la fraternidad universal (Francisco – FT, 2020), y no por una mentalidad de ghetto (Perea, Joaquín & González Faus, José & Torres Queiruga, Andrés & Vitoria, Javier, 2012), para tal fin, los cristianos necesitamos vencer el peligro del yoísmo intimista y alienante del “yo para que yo”, del “me agrada” (León XIV – Saludo a influencers y evangelizadores digitales, 2025)… y vivir la conciliaridad/sinodalidad (Francisco – Documento final Sínodo, 2024) como estilo de vida (Curia, Christian, 2026), no como moda eclesiástica.

5. Plegaria

Bendita seas, Trinidad de la paz, te damos gracias por ser el origen, vigor y meta de la fe pacífica,

Te pedimos, “con incesantes súplicas esta paz que Cristo nos trajo, que él nos ayude o fortalezca a borrar todo cuanto pueda poner en peligro la paz y continuemos viviendo como testigos de la verdad, de la justicia y del amor fraterno.

Que él ilumine también con su luz la mente de los que gobiernan las naciones y de quienes los elegimos, para que todos aseguremos el don hermosísimo de la paz.

Que Cristo encienda las voluntades de todos para echar por tierra las barreras que dividen a los unos de los otros, para estrechar los vínculos de la mutua caridad, para fomentar la recíproca comprensión, para perdonar, en fin, a cuantos nos hayan injuriado, para que su auspicio y amparo, todos los pueblos se abracen como hermanos y florezca y reine siempre entre ellos la tan anhelada paz (Juan XXIII – PT, 1963) (#171).

Que María, Madre del Mesías nacido en Palestina y madre de la paz, nos sigan formando para ser a tu estilo que vivís y nos amas, por los siglos de los siglos. Amén.

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Trabajos citados

CEA – MRC. (2011). ‘Misal Romano Cotidiano’. CABA: Oficina del Libro.
Curia, Christian. (2026). ‘Algo nuevo llegará’ (ebook y tapa blanda ed.).
Francisco – Documento final Sínodo (2024).
Francisco – ‘Fratelli tutti’ (2020).
Juan XXIII – ‘Pacem in terris’ (1963).
León XIV – Saludo a influencers y evangelizadores digitales (29 de julio de 2025).
Parolin, Pietro – 17 de febrero de 2026 –
Perea , Joaquín & González Faus, José & Torres Queiruga, Andrés & Vitoria, Javier. (2012). ‘Clamor contra el gueto. Textos sobre la crisis en la Iglesia’. Madrid: Trotta.