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Tribuna

Dialogando… con la adhesión

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1. Adhesión en comunión y diversidad

“Así que desde entonces cabalgaron felices, contando historias o cantando canciones durante toda la jornada” (Tolkien, J. R. R., 2017, pág. 41)



En toda la obra de este autor, podemos encontrar algunas imágenes que son un punto de constante referencia para vivenciar nuestro ser iglesia desde el bautismo. Por un lado, un señor oscuro que quiere dominar la tierra (Sauron) y que tiene un súbdito (Saruman) que engendra para él fuerzas de choque: todos iguales, todos con el mismo fin, todo lo realizan de la misma manera, haciendo diferencias de grados al “servicio al amo” con la esperanza de recibir algo a cambio.

Por otro lado, un grupo muy dispar, con historias variadas, talantes diferentes (mago, elfo, enano, hobbits, hombres) … Y, sin embargo, cabalgan juntos, porque tienen un proyecto común que realizar, llegado el momento se distancian y comienzan a transitar sus propios caminos con la finalidad de lograr el objetivo común y liberar a la Tierra Media del mal.

Celebrar al bautismo de Jesús, nos recuerda nuestra adhesión libre, diversa y en comunión al reino anunciado por el Nazareno. ¡Creer en el Mesías nacido en Palestina, nos ubica en el segundo grupo mencionado de la obra de Tolkien y nos plantea un desafío pastoral de identidad y misión!

2. Adhesión pascual

El núcleo de la fe cristiana se hace visible en la obra pascual de Jesús: su pasión, muerte y resurrección orienta la vida y que provoca una cosmovisión existencial. Creemos y somos iglesia de la pascua: “de la comunión, de la misión y de la esperanza” (Pironio, Eduardo Francisco, 1976, pág. 116). ¿Cómo se hace visible esta profunda adhesión?

La primera que menciona es la Comunión: “es la iglesia que se siente totalmente unida en el Cristo muerto y resucitado, que vive la comunión del Padre, el Hijo y Espíritu Santo” (Pironio, Eduardo Francisco, 1976, págs. 116 – 117). ¡Esta es la fe de la iglesia que nos gloriamos de profesar en Jesús! La comunión es en y desde la Trinidad, es decir, donde hay diversidad y respeto a la configuración de cada cristiano, sin buscar uniformidad, ni cayendo en idolatrías de todo tipo pensando que uno es más importante que el todo. La Lumen Gentium lo deja bien en claro, uno es importante porque es parte del todo, un miembro es parte de un colegio de hermanos que profesan la fe en Jesús. Una autoridad eclesiástica es valiosa y anima, porque es parte de la iglesia no porque esté como “por encima de los demás”, porque concebirla de esa manera evidencia que estaríamos más en una eclesiología a fin a Saruman o Sauron. Vivir una eclesiología que no esté inspirada en la Trinidad, nos llevará reiteradamente a esos momentos de “decadencia” (algunos llaman crisis) en donde “cada uno cree tener la clave infalible para la solución de todos los problemas” (Pironio, Eduardo Francisco, 1985, pág. 39). La comunión nos configura a vivir conciliar y sinodalmente creando corazones, espacios y estructuras que asuman este estilo para “sacar el polvo imperial que había en la Iglesia desde Constantino hasta nuestros días” (Casiello, Beatriz, 1986, pág. 15).

La segunda es la Misión como corolario de la comunión. Ser iglesia en salida (Francisco – EG, 2013) (#20 – 50) es consecuencia de haber sido evangelizada por el mismo evangelio que anuncia (Pablo VI – EN, 1975). Invertir el orden, podría llevarnos a una “concupiscencia activista de la pastoral” en donde hay una tendencia a hacer cosas sin saber por qué, generando cuadros o agentes sin formación, en crear una vasta cantidad de personas sacramentalizadas pero poca cantidad en adhesión (CELAM – DA, 2007) (#12, 168, 288, 293, 549). La misión de antaño era llevar la fe “a donde no estaba”; la actual es ir al encuentro del ser humano para descubrir que “el señor camina construyendo la historia” (Pironio, Eduardo Francisco, 1976, pág. 118).

La tercera que destacamos es la Esperanza en la diversidad, porque se está construyendo el reino al estilo de Jesús, con los dones y carismas propios. La esperanza cristiana no es confianza que lo que hacemos es lo mejor, sino en creer que la Trinidad está actuando antes que nosotros lleguemos a un lugar o a la vida de una persona. Esperar es contemplar la iniciativa de Dios en este tiempo, hora, día, mes, año, siglo, milenio, etc.; es disfrutar de la existencia porque es la “fruición anticipada de los futuro” (Pironio, Eduardo Francisco, 1985, pág. 45), es descubrir en este mundo plagado de dificultades que la Trinidad acompaña, suscita, recrea, vive entre las personas mientras peregrinamos. Y a veces, ese gozo proviene allende de las estructuras eclesiásticas, porque estas están pensando en ropajes, escudos de armas, si se hace lo que se venía haciendo, en reinstalar lo que había sido dejado de lado, en iterar actos de piedad sin pensar si estos dicen algo al mundo de hoy, etc. ¡Tiempos nuevos, requiere hacer nuevas todas las cosas y cosas nuevas!, porque la esperanza creyente de un Dios que está nos impulsa a ser creativos. La rutina, el hastío, el desaliento, el derrotismo que piensa que el mundo atenta contra la fe proviene de corazones desesperanzados porque han puesto su objetivo en los medios y no en los fines, en el “mandato” y no en la adhesión. La esperanza es un regalo que proviene del mismo misterio trinitario, y es anticipo para pregustar la plenitud que anhelamos (de Aquino, Tomás, 1980) (Libro I, Cap. 2, punto 3).

3. Adhesión pedagógica

Creer es una acción divina – humana, es decir, teándrica, es garantía de la salvación ya realizada por Jesús y, a la vez, es respuesta libre que se nutre y fortalece en la fraternidad, la caridad, en todo gesto humanizador, en la oración, etc. Creer es un proceso pedagógico que hace resonar la experiencia pascual y que ella nos invita a “desaprender” aquello que no favorece la comunión y la plenitud humana. Una expresión religiosa sabe que la práctica de piedad, ritos, organizaciones, etc., son recursos. Por lo tanto, pueden dejarse de lado por nuevos o ser modificados porque lo importante no es el recurso en sí, sino que estos favorezcan comprender “con todos los santos, cuál es la anchura y la longitud, la altura y la profundidad, en una palabra, ustedes podrán conocer el amor de Cristo, que supera todo conocimiento, para ser colmados por la plenitud de Dios” (Ef. 3, 18 – 19). La fe, al provenir de la Trinidad genera iniciativa, búsqueda, intuiciones para continuar el aprendizaje y el seguimiento. Sin embargo, muchas veces nos aferramos a ´tradiciones´ con una postura ideológica, manifestando la decadencia del paradigma que no se quiere dejar de lado, negando lo nuevo que surge. Esa situación, revela fanáticos que hacen mucho daño al depósito de la fe heredado por la Iglesia a lo largo de los tiempos.

Dialogando II

4. Adhesión solo a Dios

Los cristianos somos seres humanos que hemos dado una respuesta de fe para seguir aprehendiendo del Pastor Bello (Jn. 10), por eso, con la comunidad de fe, adherimos, celebramos y anunciamos el inquebrantable amor del Abba/Imma. Reconocemos y valoramos a las personas porque son amadas por el Creador, y que ellas son valiosas en sí mismas, que poseen múltiples capacidades y carismas. Juntos escuchamos la voz del misterio de Dios y discernimos los vestigios de ese contenido en la realidad. Abrazamos con todo nuestro ser el Proyecto del Pan de Vida, porque con los demás, construimos el reino, ya presente en “los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren” (Concilio Vaticano II – GS, 1965) (#1).

La fe de la Comunidad cristiana cree únicamente en Dios, que es Trinidad y, por lo tanto, no cree en todo lo demás. La Iglesia no cree en María, santos… ¡los venera! La iglesia no cree en ritos, sino que los valora porque son signos, medios de la gracia de Dios. La Iglesia no cree en los clérigos o los laicos (religiosos o no), sino que todos ellos son ministros al servicio del Reino.

La Ekklesia asiente únicamente en y a la Trinidad, por eso “no cesa de confesar su fe en un solo Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo (CEC, 1997)(#152). Es muy importante que nuestro testimonio haga distinción de estas dos notas significativas en nuestra religiosidad: latría (solo a Dios) y dulía (santos) (de Aquino, Tomás – STh I, 1988)(q 103, a 3). Si confundimos esto, habrá que pensar ¿en qué hemos puesto nuestra fe?

5. Adhesión testimoniada

Ser bautizados en la fe eclesial es creer en la Trinidad que nos configura vivir a su estilo, es decir, ser comunidades:

  • Acompañantes, caminando y estando con las personas en sus diferentes itinerarios (Lc. 24, 13 – 34).
  • Aggiornadas desde las fuentes que renuevan las estructuras caducas y provocan la revolución del Evangelio (Apoc.21, 5).
  • Aprendices de la Trinidad y de las realidades humanas, sociales y política.
  • Audaces, porque vivimos desinstalados de toda ideología, viviendo con parresia.
  • Contemplativas del Misterio presente en la realidad (Parábolas del Reino).
  • Despojadas de prebendas y privilegios (Jn. 13, 4 – 5).
  • Dialogales en defensa de la dignidad humana(Concilio Vaticano II – DV, 1965) (#2).
  • Humanas, porque “nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón”(Concilio Vaticano II – GS, 1965) (#1).
  • Liberadoras, porque “la fe se convierte en fermento de lucha contra la injusticia, en alimento de una espiritualidad liberadora” contra la expulsión, pesquisa y marginación, porque son capaces de “dejar atrás una tradición y comenzaron un camino nuevo realmente evangélico y profético, lleno de riesgos y desafíos”(Codina, Víctor, 2015, pág. 35. 37).
  • Mayéuticas que, favoreciendo la libertad y la autonomía, “hace que el interlocutor descubra, engendre o de a luz la verdad que lleva en sí mismo”(Torres Queiruga, Andrés, 2008, pág. 131).
  • Periféricas (EG. 20. 30. 46. 288): que, centradas en el Misterio Trinitario y en la Redención Pascual, salen al encuentro del otro, no para llevarles algo, sino para ayudar en el desarrollo de su propia plenitud.
  • Presentes: a veces, en silencio, y otras pronunciando palabras en defensa de las personas y de sus derechos, especialmente de los explotados y marginados. Pero siempre sin unirse a un partido político.
  • Tiendas de campaña: que consuelan y construyen puentes armonizando la vida (Francisco – Entrevista, 2013).

6. Plegaria

Bendita seas, Trinidad de la Esperanza,
te damos gracias por el sacramento del bautismo,
porque por medio de él nos configuramos en sacerdotes, profetas y pastores al estilo de Jesús, el Buen Pastor.
Te pedimos que juntos sigamos construyendo el Reino
como iglesia pascual, evangelizada y evangelizadora, que vive en comunión y diversidad,
con estilo conciliar y sinodal, para que, en nuestra manera de compartir el Evangelio,
otras personas encuentren motivos para seguir esperando.

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Trabajos citados

Casiello, Beatriz. (1986). ‘Metodología Catequística’. CABA: Guadalupe.
Catecismo de la Iglesia Católica (1997).
CELAM – DA (2007). ‘Documento de Aparecida’. CABA: Oficina del Libro.
Codina, Víctor. (2015). ‘El Espíritu obra desde abajo’. Madrid: Sal Terrae.
Concilio Vaticano II – ‘Dei verbum’ (1965).
Concilio Vaticano II – ‘Gaudium et spes’ (1965).
de Aquino, Tomás – STh I. (1988). ‘Suma Teológica’. CABA: BAC.
de Aquino, Tomás. (1980). ‘Compendio de Teología’. Madrid: RIALP SA.
Francisco – ‘Evangelii gaudium’ (2013).
Francisco – Entrevista de Antonio Spadaro al papa Francisco (21 de Septiembre de 2013).
Pablo VI – ‘Evangelii nuntiandi’ (1975).
Pironio, Eduardo Francisco. (1976). ‘Alegría Cristiana. Escritos Marplatenses IV’. CABA: Patria Grande.
Pironio, Eduardo Francisco. (1985). ‘Meditaciones para tiempos difíciles’. CABA: Patria Grande.
Tolkien, J. R. R. (2017). ‘El Hobbit’. CABA: Minotauro.
Torres Queiruga, Andrés. (2008). ‘Repensar la revelación. La revelación divina en la realización humana’. Madrid: Trotta.