Tribuna

Dialogando… con “el ramo”

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1. En la vida cotidiana

Es común ver gente agrupada aclamando o vitoreando a “sus referentes”, a aquellos que admiran o siguen con fervor porque hay algo que nos atrae, gusta, conmueve, inspira, en quien depositamos nuestra esperanza, etc. ¡Es tan humano, que se hace un gesto tan religioso!



2. En la fe cristiana

En el llamado Domingo de Ramos sucede algo similar. La escena es archiconocida y sumamente iterada año tras año en la liturgia cristiana. En esta oportunidad queremos centrar nuestra contemplación en un gesto: aclamar con los ramos.

  • a. Un Dios que da

Una primera imagen que se nos presenta ante la vista es que estamos aclamando a viva voz que creemos, celebramos y anunciamos a un Dios que da, que es dadivoso. Hay varios aspectos que la liturgia cristiana acentúa ese domingo, porque:

  • “Nos da lengua de discípulo” (Is. 50, 4). Es toda una expresión teológica pastoral. Es la capacidad intrínseca de comunicar la experiencia liberadora del Reino. ¡Ser discípulos es un don que proclama la voz de la Trinidad que se hace vocablo humano, locución de comunión, palabra que consuela para reconfortar a los demás, especialmente a quienes estamos fatigados o desalentados! ¡Ser discípulos no es un permiso eclesiástico y menos aún proclamar “prohibiciones”, cargas, culpas, etc.! Por eso mismo, el domingo de Ramos nos ubica en la dimensión de los discípulos que reciben el don para otros, no para uno mismo, sino para que juntos descubramos la donación del proyecto de Dios que no pide nada previo.
  • “Despabila nuestro oído” (Is. 50, 4). Hermosa imagen que se expresa en un simple ramo de hojas: creemos en el Dios que nos aviva, incentiva, motiva, dinamiza, etc. Ser discípulo es vivir esta experiencia de un misterio de amor que nos desborda, que nuestras palabras no expresan la totalidad de su ser. Muy a menudo, en otras diócesis, pensamos que ser seguidor es ir y predicar, que ser misioneros es “ir a un lugar” ya con todo armado… El ramo, ese que levantamos cada domingo que da inicio a la semana santa, expresa que somos discípulos que escuchamos a los demás, a quienes exclaman sus alegrías y tristezas, esperanzas y búsquedas, certezas e inquietudes, etc. ¡Ser discípulos es vivir una eclesialidad despierta y atenta a los signos de los tiempos, no una que repite frases y las deja en lindos documentos! Ser discípulos es dejarnos “espabilar” por el amor de Dios que siempre, siempre, siempre, nos sorprende.
  • Acompaña la existencia como viene(Francisco – JMJ, 2019). Y se pone “junto a nosotros” incluso cuando los golpes de la vida nos dejan sin fuerzas. Él está ahí compadeciéndose y viviendo nuestros dolores, nuestras angustias, etc. ¡Se pone junto a los que sufren! Nuestra rama de cada domingo de Ramos, expresa que somos iglesias que nos ubicamos al lado de los que están siendo masacrados por el genocidio que realiza Israel en Gaza y el Líbano, que nos ubicamos del lado de las familias de las niñas asesinadas por el bombardeo a una escuela en Irán, que nos ponemos del lado de los seres humanos no del lado del poder. Un ramo, solo un ramo, expresa que la iglesia no anhela el poder, que no quiere ser un territorio político que juega con los criterios de una diplomacia que beneficia a quienes mandan.
  • Sostiene en la esperanza: El sencillo ramo elaborado con las ramas del lugar (No tiene porque ser de olivo), expresa nuestra certeza que el Abba/Imma de Jesús es fiel, es certeza, es piedra angular, es quicio que orienta, es sol que nace de lo alto en medio de la oscuridad, es aquel que se deja invitar “Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba. El entró y se quedó con ellos” (Lc. 24, 29). Ese ramo de vegetación del lugar, indica que se construye con las esperanzas propias, no venidas de otro lado, que contiene cada esfuerzo para que ese árbol crezca, de frutos, sombra, para que los pájaros encuentren en él un lugar de descanso o hacer sus nidos. Es un ramo, pero indica que somos iglesias que asumen las esperanzas de las personas (Concilio Vaticano II – GS, 1965) (#1) no les llevamos los anhelos de otros. Es un ramo, pero indica que somos iglesias que quieren ser descanso para los agobiados, fatigados, etc. ¡Si eso no es así, nos equivocamos de eclesiología o entendemos por iglesia aquello que no es! Es un ramo y a la vez es nuestra vida orientada a la Trinidad con la firme certeza que ella “no defrauda” (Is. 50. 7).

Dialogando Con El Ramo II

  • b.  Un Dios que se da

“Tomen… coman y beban… esto soy yo” (Lc. 26, 26 – 27)

La liturgia como formadora de discípulos, nos presenta en la misma escena del Domingo de Ramos, la cena pascual en donde el Mesías nacido en Palestina, instituye la memoria de su amor y los ministerios al servicio de la humanidad.

En este inicio de Semana Santa, expresamos que creemos en un Dios que se da, se brinda, se dona… ¡no paga ninguna deuda!, ¡no lo hace por culpa de nadie, sino porque es amor condescendiente, poniéndose como servidor (Filip. 2, 1-11):

  • Se da como aquel que comparte todo: su propia vida. No lo hace como un “mi señor” que busca pleitesía.
  • Se regala como alimento a quienes tenemos hambre y sed de justicia.
  • Se dona como bebida para los sedientos de vida eterna.
  • Se brinda como Alianza… ¡Nos ubica a la par! ¡Se instala en lo cotidiano de la vida! ¡Es aquel que se ofrece gratuitamente! ¡No es el dios de los sacrificios, esfuerzos, conversión, ayunos, prohibiciones, de la moral como antecedente! ¡No es el dios de quienes se predican a sí mismos!
  • Cree en el ser humano y lo hace protagonista de su propuesta: ¡por eso hace alianza! En este mundo que vivimos impregnado de autoritarios que deciden por otros, la fe cristiana profesa, celebra y proclama que la Trinidad tiene en cuenta al ser humano, habla y dialoga como un amigo (GS. #2). ¡No es el Dios de todo armado, no es el que tiene un plan al que solo le tenemos que decir que si! ¡Es el Dios de la alianza, de los acuerdos, de la sinodalidad, de la vida en común con diversidad y libertad!
  • Se manifiesta en el gesto más grande del amor: darse incondicionalmente e invita a vivir en la libertad para construir nuestro propio camino y caminar con nuestros propios pies(De Vos, Frans, 1981).
  • Se le “pega nuestro acento” porque se comunica a nuestra manera de ser.
  • Nos invita a configurarnos con él(Concilio Vaticano II – LG, 1965), que se ofrece como fuente y cumbre de la vida eclesial (Concilio Vaticano II – SC, 1963) (#10) y a la vez la vida humana se hace principio y cima de la acción pastoral, porque “todo lo humano tiene lugar en la iglesia” (GS. #1).

3. En nuestra pastoral

Es el Dios que invita a la misma iglesia a una conversión permanente, porque:

El amor cristiano supera cualquier barrera, acerca a los lejanos, reúne a los extraños, familiariza a los enemigos, atraviesa abismos humanamente insuperables, penetra en los rincones más ocultos de la sociedad. Por su naturaleza, el amor cristiano es profético, hace milagros, no tiene límites: es para lo imposible. El amor es ante todo un modo de concebir la vida, un modo de vivirla. Pues bien, una Iglesia que no pone límites al amor, que no conoce enemigos a los que combatir, sino sólo hombres y mujeres a los que amar, es la Iglesia que el mundo necesita hoy (León XIV – DT, 2025)(120).

4. Plegaria comunitaria

Bendita seas, Trinidad del amor, es bello alabarte porque sos amor que se dona gratuitamente.
Gracias por ser el Dios que nos da dones y carismas de discípulos para auscultar tu presencia y tu voz entre nuestros hermanos los seres humanos, especialmente en quienes están tristes y agobiados, sedientos y cansados, abatidos y sin esperanzas.
Gracias porque tu cercanía manifiesta que eres un amor que se da, se brinda.
Gracias por ubicarte en nuestros caminos y dejarte aclamar con nuestros pequeños ramos.
Gracias por darte por completo en cada fiesta de la Eucaristía y en cada vida.
Gracias porque siempre estás, porque sos fiel, porque te haces visible en gestos concretos de amor y servicio.
Gracias porque nos propones vivir en libertad, no en temor ni en la culpa.
Gracias porque nos invitas a ser iglesias que te anunciamos, te brindamos, te comunicamos generando climas de alegría y no de miedo.
Gracias porque, en nuestras pequeñas manos, depositas tu confianza en que somos capaces de construir el Reino y de vivir en vos.
Te pedimos, que nuestra manera de ser iglesia anuncie esto que creemos, para que también a nosotros se nos note el acento de tu pedagogía, porque quiere decir que el amor nos está configurando

Felices hacia la pascua … que nos hace vivir al estilo de Jesús.

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Trabajos citados

Concilio Vaticano II – ‘Gaudium et spes’ (1965).
Concilio Vaticano II – ‘Lumen gentium’ (1965).
Concilio Vaticano II – ‘Sacrosanctum Concilium’ (1963).
De Vos, Frans. (1981). Venticinco años de sacerdote. ‘La Semilla – Boletín Catequístico Diocesano’ (80), 1-3. Recuperado el 2025
Francisco – JMJ 2019.
León XIV – ‘Dilexi te’ (2025).