Tribuna

Con los pobres, contra la pobreza

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Vivimos en un mundo complejo y hostil. Siempre lo ha sido, pero hoy especialmente nos rodea el individualismo, la superficialidad, el ruido, la indiferencia, lo que nos obliga a reivindicar la búsqueda de sentido, la necesidad del discernimiento, el valor de la utopía.



La cuestión de desigualdad 

Venimos siendo testigos de cómo saltan por los aires criterios, instituciones, normas y realidades que muchos considerábamos definitivamente adquiridas y estables. La persona se subordina al negocio, la vida al interés, la política a la economía, la paz a la guerra.

Estos tiempos donde se desprecia el derecho internacional, se ningunea a las Naciones Unidas y se inician guerras radicalmente injustas (Ucrania, Palestina, Irán, Líbano), que no solo acaban con la vida de seres humanos, sino que también ponen en peligro el abastecimiento de recursos indispensables y amenazan con extender la precariedad económica por todo el planeta.

Una de las grandes cuestiones de este tiempo sigue siendo la desigualdad. La Humanidad ha conseguido acumular una enorme cantidad de recursos materiales y tecnológicos, pero no acabar con la pobreza que sigue azotando o acecha a buena parte de la población mundial.

La pobreza es un mal, es injusta, perjudica la vida material y espiritual de quien la padece. Pero el afán por la riqueza, por poseer, es un peligro y también deshumaniza.

El ideal de a cada uno según su necesidad, de cada cuál según su capacidad, compartido por tradiciones distintas, desde la evangélica hasta la marxista, nunca lo hemos tomado suficientemente en serio. Hemos optado por un sistema económico basado en la explotación, la ambición, la obsesión por poseer y en la acumulación desmedida de bienes por unos pocos.

Franciscanas Misioneras Ucrania Cocina

Franciscanas Misioneras cocinando en Ucrania. Foto: Archivo Vida Nueva

Al lado de los pobres

Acceder a los bienes necesarios para llevar una vida digna se vuelve cuestión de suerte, de dónde —en qué lugar, en qué familia— se nace, o de puro arbitrio, del lugar que se ocupa en la estructura económica. Algo del todo contrario al ideal de la fraternidad que figura tanto en los evangelios como en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Como cristianos, creemos que en el núcleo del mensaje evangélico se halla la opción por los más pobres, vulnerables o excluidos. Queremos estar del lado de los pobres, compartiendo su condición y su causa, luchando contra la pobreza y la injusticia, buscando un reparto más justo del trabajo y de los bienes.

Sin embargo, con frecuencia, los cristianos, individualmente y como Iglesia (como institución debiera promover una austeridad y generosidad que no siempre practica), provocamos un gran escándalo por la imagen de poca coherencia que damos y por caer en la tentación del poder, del éxito y de la riqueza.

Los seres humanos somos muy imperfectos, tenemos contradicciones y el ideal nos suele quedar muy lejos de la realidad. Es difícil ser coherente y poner en peligro el propio bienestar para ser pobres y estar con los pobres.

Pero creemos necesario seguir luchando por la utopía de, con sentido autocrítico y humildad, mantener el compromiso de tratar de ser mejores —mejores seres humanos y mejores cristianos— y de hacer una sociedad mejor. Una sociedad basada en el respeto a la dignidad intrínseca de todas las personas, en la paz y en la justicia para todos.

Pobreza en Cuba

Imagen de pobreza en Cuba. Foto: EFE


*Forman parte de Solasbide actualmente: Jesús Ariño, Pilar Beorlegui, Mertxe Berasategui, Jesús Bodegas, Camino Bueno, Guillermo Mújica, Isidoro Parra, Miguel Izu, Fco. Javier Lasheras. Vicente Madoz, Ignacio Sánchez de la Yncera, Josep Mª Valls, Lucio Zorrilla.